Hola papá;

Me gustaría escribirte estas líneas porque últimamente he observado, en nuestras conversaciones, que 2019 te está resultando difícil de entender. No te preocupes. Es algo normal. Todos los cambios asustan y, sobre todo, cuando los cambios te afectan a ti personalmente.

Dices, no sin razón, que las cosas no son como antes. Que antes eran más fáciles. E, insisto, voy a empezar dándote la razón. Desde hace muchos años las cosas son diferentes y van cambiando a un ritmo vertiginoso para ti y muy lentamente para mucha otra gente. No te preocupes. Yo, a veces, también me siento desubicado. Entiendo que tú, cuando estás llegando a tu merecida jubilación, te encuentres algo más fuera de lugar. Los tiempos han cambiado. Y cambian continuamente. Pero eso no es malo. O, al menos, así es como lo creo yo.

Te he oído afirmar que ahora no sabes qué hacer con las mujeres. Que todo les molesta. Pero eso no es cierto. Lo que pasa es que ahora pueden decir lo que les molestaba antes. Que no es lo mismo. “Es que no se le puede decir un piropo a una mujer”, te he oído comentar tomando café. Y no creo que sea cierto. Poder, puedes. Pero una mujer tiene el mismo derecho a mostrarte su descontento que tú tienes de lanzarle un piropo. Es decir, que no es que no puedas, es que te van a contestar. Y te van a contestar «¿a ti qué te importa?» o «¿te he pedido yo opinión?». O puede que te manden a la mierda. Y, sí, será una bordería. Pero habrás empezado tú.

Lo mismo te he oído comentar acerca de respuestas a comentarios sobre el peso, el color del pelo o la apariencia de una mujer. «sólo estoy dando mi opinión, tampoco es para ponerse así» has dicho, cuando alguna te ha respondido diciéndote que no es asunto tuyo. Y, bueno, no te han dado una contestación ajena a la verdad. El aspecto de una mujer depende sólo de ella y sólo ella es quien debe juzgarlo. O quien ella considere que tiene ese derecho. Nadie más.

Como ya te he dicho antes, el mundo avanza a una velocidad increíble. Los tatuajes, los pelos de colores, los vestidos cortos, o largos, los escotes pronunciados, las faldas -o los tacones- para hombre, las camisas para mujer… La moda, como la sociedad, cambia y evoluciona año a año y lo que antes era «atrevido» ahora es habitual. Nadie dice que tú tienes que hacer uso de esas modas. Pero están ahí y otros pueden tomarlas.

Más o menos la situación, ahora, es la siguiente: la gente puede hacer lo que quiera, mientras no agreda a otros. Cada uno es libre de vestir como quiera, andar como quiera y, por supuesto, andar con quién quiera. Y, mientras a ti no te obliguen a hacer lo mismo, no están agrediéndote. Esto vale para mujeres, gays, transexuales, inmigrantes, gente rica, pobre o de clase media.

Así que, si me lo permites, te quiero dar un consejo: Cuando quieras decirle algo a otra persona, piensa en la regla de los 10 segundos. Si alguien no puede cambiar lo que vas a decir en menos de 10 segundos, no lo digas. A mí me ha cambiado la vida. Y las relaciones sociales.

Comprendo que, para ti, que siempre has sido el niño mimado de la sociedad -hombre, blanco, heterosexual, empresario, con dinero y buenos contactos-, esto es difícil de entender. Te diría que hasta entiendo que te sientas atacado. Atacado porque siempre has estado arriba de la escalera social y ahora, los que estaban debajo y a los que tú siempre has respetado, no se conforman con tu respeto, quieren tu posición.

Pero es ahí donde te equivocas. Los que estamos debajo empujamos hacia arriba. Pero no para quitaros a vosotros. Queremos estar en el mismo sitio que vosotros. Queremos que desaparezca la escalera. Así que tranquilo, no queremos quitarte tu puesto. Sólo queremos que desaparezcan los órdenes.

Por encima de cualquier tema, todos somos personas. Y no podemos consentir que haya personas de primera y personas de segunda. Y, por eso, seguimos dejando claro que estamos, todos, en el mismo sitio. Que todos somos iguales.

Afortunadamente para todos y desafortunadamente para algunos, el mundo va a seguir avanzando. Y no quiero que te quedes detrás. Por eso quería escribirte estas líneas, para que vieras que no es que el mundo fuera mejor antes, es que ahora el mundo es más diverso. Que no es que la gente esté contra ti, es que estamos en igualdad de derechos. O eso queremos. Y eso intentamos.

Y por eso quiero invitarte a que te unas a esta revolución. Si todos somos iguales, siendo diferentes, el mundo será más rico. Y más diverso. Nos lo pasaremos mejor. Y, sobre todos, aprenderemos a combinar mejor los colores.

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