Tras la publicación de mi entrevista “Odiar a alguien es demasiado fácil” comencé a interiorizar de manera más profunda sobre cómo he conseguido ignorar o tratar de que no me afecte demasiado los comentarios hirientes. Creo que nunca se consigue.

Al principio cuesta un montón porque no sabes muy bien qué está pasando, ni por qué esa persona que no te conoce de nada te está ofendiendo. Dicen que para sobrevivir en el mundo de los blogs, Instagram o Youtube, hay que buscar ‘ser auténtico’, pero francamente no creo que la autenticidad sea algo que se busque. Si lo haces, lo más probable es que acabes pareciéndote a otra persona. Para mí, ser auténtico es ser uno mismo. Alguien me dijo una vez que las opiniones son como los culos, todo el mundo tiene una; no puedo estar más de acuerdo. Es curioso porque al mismo tiempo también recibo mensajes de muchos chicos y chicas que me dan las gracias y que me dicen que soy un modelo a seguir. Lo agradezco, y la verdad es que me hace mucha ilusión, muchísima, pero no creo que nadie tenga que dar las gracias a otro por ser uno mismo. Vivimos en un mundo en el que no puedes decir que te quieres o en el que no puedes reconocer públicamente las cosas que haces bien, solo las cosas que haces mal; y no te pases porque te conviertes en una victimista. Parece ser que infravalorarte es lo normal. Si no lo haces, eres una creída a la vista de muchos. Es algo que no tiene sentido. Solo hago lo que me gusta. No entiendo por qué no todo el mundo hace lo mismo”; declaré.

“que Italia trajera a España la tertulia y tengamos canales especializados en ella, los cuales ocupan una de las franjas televisivas más importantes y con mayor éxito del todo el territorio nacional, deja una clara pista de ello”

Los comentarios despectivos, las burlas, los insultos o los comentarios hirientes han existido toda la vida. En la Edad Media la Condesa Y ya hablaba de la Marquesa X a las espaldas de la misma, y que Italia trajera a España la tertulia y tengamos canales especializados en ella, los cuales ocupan una de las franjas televisivas más importantes y con mayor éxito del todo el territorio nacional, deja una clara pista de ello.

Hoy en día y gracias (o no) a la masificación de Internet las redes sociales, en especial Twitter, se han convertido en espacios de profundo desencuentro donde el odio y los haters son los reyes del lugar. ¿Hater se nace o se hace? Esta es una de las preguntas que con mayor frecuencia realizamos, y no se conoce la respuesta, pero muchas celebridades de la talla de Dulceida o Javier Ambrossi han abandonado esta red por la falta de respeto y/o educación que existe.

La Fundéu recomienda que utilicemos la palabra odiador en vez de hater, pero parece ser que ya hemos afianzado el anglicismo a nuestro vocabulario, y si expertos declaran que esta es la era de los haters, no digo nada de los anglicismos. Cada cuatro palabras, dos son anglicismos, pero este tema mejor lo dejamos para otro día.

“tu libertad de expresión acaba donde empieza la mía”

El odio es un sentimiento cobarde. “Odiar a alguien es demasiado fácil”. Cuando no comprendes algo o cuando una persona se sale de lo que una comunidad considera normal, solemos soltar comentarios tipo “¿Y ésta dónde va?; ¿Quién se ha creído que es?”, todo ello sin pararnos a pensar las razones que llevan a esa persona a actuar, vestir, decir o hacer lo que quiera actuar, vestir, decir o hacer. Hablamos de que la libertad de expresión es un derecho primordial, ¿pero dónde empieza, y lo que es más importante, dónde acaba esa libertad de expresión? La respuesta es muy sencilla, tu libertad de expresión acaba donde empieza la mía.Todos tenemos opiniones y esta diversidad de criterios es lo que nos diferencia, lo que nos encanta; pero todas son discutibles, y aunque sean válidas, la base es el respeto, y últimamente escasea.

Los haters acaban con la libertad de expresión y censuran. Como si ya no hubiera bastante censura en España, por Madonna. Dicen que el mayor contraataque es la ignorancia, pero no siempre es fácil. Luego dicen que le das igual, pero no es así. Los haters funcionan como las relaciones tóxicas. Ni comen, ni dejan comer.

Los haters Funcionan como las relaciones tóxicas. Ni comen, ni dejan comer.

Aburrimiento, incomprensión o incluso ignorancia es lo que hace que llenes el correo de alguien con comentarios innecesarios y que no vienen a cuento. Pero los haters son necesarios. Si alguien se toma la molestia de saber de ti y de malgastar algo tan valioso como es el tiempo en decirte tres adjetivos que probablemente no sepa ni que significan, es que algo estarás haciendo bien. ‘Odiar a alguien’ es demasiado fácil. Odiamos y manifestamos nuestro odio con tanta facilidad que incluso a veces asusta. Sin embargo, nos cuesta horrores decir ‘te quiero’. Es triste, ¿no te parece?

En vez de malgastar nuestro tiempo en herir a alguien, que en muchas ocasiones ni siquiera conocemos, deberíamos comenzar a tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran a nosotros. Parece una tontería o un proverbio de abuela, pero luego nos llevamos las manos a la cabeza cuando una persona se suicida por acoso o ciberbullying. Nos gastamos miles y miles de euros en campañas de tolerancia, respeto y humildad que esperamos que causen efecto e impacto. Es decepcionante saber que la mayoría no sirven para nada. Mucho de boca para fuera, pero luego la cara que se muestra tras nuestros dispositivos electrónicos es otra historia. No somos conscientes, o no nos interesa serlo, de que las palabras son armas de doble filo, son maravillosas, pero también peligrosas. Son cuchillos y hacen daño.

Así que, querido hater, aplícate el cuento y punto en boca, porque ya sabes lo que dicen: si no tienes nada bueno que decir, mejor no digas nada.

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