“Aprobaré el Estatut que salga del Parlament de Catalunya”. Esta frase pronunciada por J.L. Rodríguez Zapatero en 2003 marca el punto de partida de una de las mayores crisis del Estado de los últimos 40 años.

Bajo esta promesa, en 2004, el Parlament  se pone manos a la obra en la redacción de un nuevo Estatut que responda a las necesidades de la Catalunya  del siglo XXI. Tras un año de trabajo y negociaciones, el nuevo Estatut se envía al Congreso ratificado por el  80% del  Parlament. Todas las formaciones políticas catalanas a excepción del PP. Un año de trabajo en el que los catalanes, asistimos, absolutamente estupefactos,  a llamadas al boicot a nuestros productos mientras se nos tilda de egoístas e insolidarios en el resto de España.

“Tras un año de trabajo y negociaciones, el nuevo Estatut se envía al Congreso ratificado por el  80% del  Parlament. Todas las formaciones políticas catalanas a excepción del PP.”

Entre 2005 y 2006, en el Congreso, el Estatut se recorta primero (“Nos hemos cepillado el Estatut”. Alfonso Guerra, 2006, entre risas) y se aprueba, volviendo a Catalunya para su ratificación en referéndum.

El 18 de junio de 2006 los catalanes acudimos a las urnas y lo aprobamos con un 70% de los votos. Un “sí” más producto del hastío (50% de abstención) que de la satisfacción real. Han sido dos años de boicots, humillaciones  y faltas de respeto para un Estatut que es una sombra de lo que necesitábamos.

“El 18 de junio de 2006 los catalanes acudimos a las urnas y lo aprobamos con un 70% de los votos. Un “sí” más producto del hastío (50% de abstención) que de la satisfacción real.”

Los catalanes somos un pueblo práctico. Las crisis y conflictos nos molestan profundamente porque no son buenas compañeras de viaje para el desarrollo. Así que votamos SÍ, y  dimos el tema por cerrado.

Y aquí es cuando entra en escena un PP que, aprovechando el tirón de la anti catalanidad, intenta ganar votos a costa de poner en peligro a todo el Estado. Un PP que  se dedica a recoger firmas a lo largo y ancho de España contra un Estatut ya aprobado.

  • ¿Una firma contra el Estatut?
  • ¿Eso qué es?
  • Contra los catalanes
  • Ah vale

Sí. “Contra los catalanes”. Eso tuvimos que ver por las televisiones. No en TV3. En  todas. Y la gente firmaba, oye. No uno ni dos. 4 millones de firmas recogieron. 4 millones. 4 millones  de firmas que presentaron al Tribunal Constitucional en 2008.

Y aquí lo más kafkiano de la historia. Durante esos años otras comunidades reformaron y refrendaron nuevos Estatutos para su comunidad con cero protestas y/o repercusión. Cero. Hasta 30 artículos que El Tribunal Constitucional declaró inconstitucionales del Estatut catalán están exactamente igual en el Estatuto Andaluz. Artículos que Andalucía tiene vigentes y Catalunya anulados. ¿Por qué? Porque atacar a Catalunya no sólo es gratis, sino que electoramente, da votos. Que no queremos ser ciudadanos de primera, ni más que nadie. Pero tampoco menos.

“Durante esos años otras comunidades reformaron y refrendaron nuevos Estatutos para su comunidad con cero protestas y/o repercusión. Cero. Hasta 30 artículos que El Tribunal Constitucional declaró inconstitucionales del Estatut catalán están exactamente igual en el Estatuto Andaluz.”

El 9 julio de 2010 el Tribunal Constitucional hace pública la sentencia en la que anula artículos de un Estatut aprobado por Parlament, Congreso y en referéndum, haciendo saltar por los aires el Pacto Constitucional entre España y Catalunya. “El TC rompió el pacto constitucional al desautorizar el pacto entre parlamentos e ignorar el referéndum. La Constitución territorial se fundamenta en el pacto entre los dos parlamentos y el referéndum. Y nada más.” (Javier Pérez Royo, Catedrático de derecho Constitucional)

El 10 de julio de 2010, un día después de la sentencia del TC, en la primera gran manifestación por la independencia, miles de catalanes con raíces españolas y que siempre nos habíamos sentido españoles, gritamos “Independencia” por primera vez.

Por los boicots, por la humillación, por el ninguneo, porque estaba claro que siempre seríamos moneda de cambio, y que en esta España, no podríamos ser. No me cansaré de repetir que yo había colgado la bandera española durante los Juegos del 92. Y que jamás se me había pasado por la cabeza separarme de España.

El independentismo era un tigre dormido, y el PP y el TC le habían pisado la cola hasta despertarle.

“No me cansaré de repetir que yo había colgado la bandera española durante los Juegos del 92. Y que jamás se me había pasado por la cabeza separarme de España.”

Pero ya he dicho antes que el catalán es un pueblo práctico, así que por mucho que se gritase independencia, primero se intentó negociar. Hasta 18 veces fuimos a Madrid reclamando diálogo. Y las primeras ni siquiera pedíamos referéndum o independencia.

La primera vez que Artur Mas fue a Madrid llevó una lista de 26 puntos entre los cuales había temas tan diversos como el incumplimiento de la ley de Dependencia, el recorte en las becas universitarias o el respeto a la lengua y a la cultura. Cero. Ni uno. Nada. Ni un punto se quiso el PP sentar al negociar. Ni por imagen. Ni por calmar a una Catalunya ya muy enfadada. El portazo directo. “Aixó no ha anat bé” dijo Artur Mas al llegar a Barcelona (“Esto no ha ido bien”)

No. El independentismo no fue una estrategia política de CIU para tapar la corrupción. CIU se tuvo que subir a la ola del independentismo porque si no, le pasaba por encima. Después de una época de recortes, o atendía a lo que la mayoría de su electorado le pedía o se hundía.

No. Tampoco fue por nacionalismo. ¿Qué nacionalismo? El independentismo pasó de tener 3 diputados a 72 porque muchos de los que nos sentíamos españoles supimos que no habría un futuro mejor para nuestros hijos formando parte de esta España.

Y no. No fue por dinero. Llevamos años siendo solidarios. Podía parecernos mejor o peor ser el 20% del PIB, el 19% de población y recibir sólo el 16% de inversión, pero no te levantas por dinero. Te levantas cuando te tocan la dignidad.

En 2015, hartos de picar a la puerta de Gobierno, del silencio de la izquierda española y con la catalanofobia campando a sus anchas, se convocan elecciones con carácter plebiscitario. Tres partidos independentistas cuya hoja de ruta marca como final de la legislatura la declaración de independencia obtienen mayoría absoluta.

De los últimos dos años poco puedo explicar que no se haya dicho ya. El pulso entre un Parlament que sigue el mandato surgido de las urnas y un gobierno con cero sentido de Estado.

“En 2015, hartos de picar a la puerta de Gobierno, del silencio de la izquierda española y con la catalanofobia campando a sus anchas, se convocan elecciones con carácter plebiscitario.”

Y en eso estamos. Y a cada paso que da el Estado para frenar lo que él mismo provocó, empeora la situación. Porque el 1-O, el 155, el encarcelamiento de nuestros políticos, consigue un efecto boomerang. Sin prisa pero sin pausa, cada vez que se nos llama a las urnas el número de personas que votan a partidos independentistas aumenta.

  • 9 de noviembre de 2014: 897.274
  • 27 de septiembre de 2015: 1.966.508
  • 1 de octubre de 2017: 2.044.038
  • 21 de diciembre de 2017: 2.047.390

A partir de ahora ya podrán votar los chavales que nacieron en el 2000. Chavales que han pasado de la infancia a la madurez viviendo el conflicto. Que han visto como se pegaba a sus padres y abuelos por querer votar. O como sus políticos se iban a la cárcel. Y con el empuje y las ganas de la juventud. Chavales que sienten España como algo ajeno, burocrático y que ni siquiera entienden por qué formamos parte de ella. Irrecuperables como españoles.

“A partir de ahora ya podrán votar los chavales que nacieron en el 2000. Chavales que han pasado de la infancia a la madurez viviendo el conflicto.”

Cuentan que en la sede del PP de Génova se dice que “Por cada catalán que enterramos con la Senyera, nacen tres con la Estelada”. Es así. Si alguien cree que esto se va a arreglar con más represión o más derecha, le diría que viniese a pasar unos días a Catalunya y se pasease por sus pueblos. Porque son muchos los que viven ya conforme a la República y al margen de una España de la que sólo se acuerdan en la campaña de la renta.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here