El revuelo tras la muerte de la perra Sota, por disparo de un guardia urbano el pasado martes 18 en Barcelona, es un ejemplo nítido de las dinámicas que conforman la opinión pública en las redes sociales. La  paradoja es que, aunque estos procesos son muy estudiados, a veces se nos escapa lo mássignificativo. En este caso concreto vemos que, como en cualquier polémica, los hechos no son fáciles de determinar y hay dos versiones contradictorias. El atestado policial justifica la actuación del agente: se advierte al dueño tras detectarse al perro, potencialmente peligroso, sin bozal ni correa. Pero Tauri Ruusalu, un sin techo de 26 años, ciudadano estonio, se muestra agresivo desde el principio. El perro se contagia de su nerviosismo y muerde al agente en el brazo.Tras esta primera crisis, se sigue conminando al joven a atar al animal que, sin embargo, es azuzado contra los policías. Tras unos minutosse da el segundo ataque, calificado como peligroso por darse cerca de zonas vitales del agente. Éste dispara en defensa propia yabate al animal. Ruusalu, a continuación, reacciona con violencia y golpea en la cara al policía con su monopatín. El agente, en consecuencia, está hoy de baja y sufre contusión en la frente y rotura dental. La versión que se propagó de inmediato por las redes es bien distinta: el joven fue reprendido, de entrada, con un tortazo. El perro nunca mordió al agente. El guardia urbano, ante los ladridos del animal, lo inmovilizó poniéndole la rodilla encima y le descerrajó en la cabeza el tiro que acabó con su vida tras unos minutos de agonía.

No podemos aún afirmar qué es lo que realmente ocurrió. No existen, parece serimágenes de la secuencia que conduce a la muerte de Sota. Sólo vemos al animal moribundo en la acera, en la panorámica grabada por un móvil que muestra en el otro extremo de su recorrido a una melé de guardias urbanos que logra inmovilizar a su dueño. No obstante, la impactante velocidad con que la rabia dominó las redes, la indiferencia con que una vez más se dejó de lado toda prevención en la asunción de los hechos, nos revela que el foco en la dicotomía verdad-falsedad –activado, en buena lógica, por los intentos serios de explicación periodística- es una tentativa poco eficaz para entender lo que entra en juego, políticamentehablando, en una situación como ésta. Se trata, una vez que salta la noticia, del conflicto entre dos relatos en oposición, entrenarrativas que pugnan por su hegemonía –repitamos- más allá de su correspondencia con los hechos. En esa pugna, uno de los dos relatos se va a mostrar, por tener cartas ganadoras, muy superior al otro en su capacidad de arrastre: pronto se producen movilizaciones, no sólo en Barcelona sino también en otras ciudades, que culminan en la concentración final en Plaza Sant Jaume, frente al ayuntamiento, en la que unas 3.500 personas exigen depuraciones a la alcaldesa Colau.

“Se trata, una vez que salta la noticia, del conflicto entre dos relatos en oposición. En esa pugna, uno de los dos relatos se va a mostrar, por tener cartas ganadoras, muy superior al otro en su capacidad de arrastre”

Ante los relatos en conflicto, los sesgos automáticos del lector pueden entrar en juego. Aceptar, de partida, una de las dos versiones exige presuponer: si se acepta la narrativa policial, damos por verosímil la hostilidad previa de un indigente; si se asume el relato ensamblado con rapidez por los animalistas de PACMA, hay una violencia policial gratuita y cruel. Tomemos este último: si se decide apostar sin dudas por la brutalidad policial hay que sesgar los indicios de un modo muy consistente. Hay que negar de entrada una versión oficial y rechazar la presunción de inocencia. Hay que dar por buenos testimonios que son débiles: a falta de imágenes inequívocas, se aduce la declaración de alguien que no contempló los hechos, pero dice conocerlos de boca de un ciudadano que los presenció de primera mano, pero del cual ignoramos su identidad. La petición de testigos por parte del ayuntamiento se ha saldado, de momento, sin resultados. También se debe soslayar otro dato que arrojaría dudasrazonables sobre la hipótesis de la violenciapolicial gratuita: la revelación de que Ruusaluhabía sido denunciado el pasado verano por agresión y que en la denuncia se detalla que la víctima sufrió fractura de una muñeca y la mordedura de Sota en el dedo de una mano. En el mismo sentido, la información de que el animal y su dueño estaban siendo evaluados desde hacía meses por una ONG para ser incluidos en un programa de ayuda, se aprovecha de igual modo a favor de la tesis deseada: en las redes no plantea dudas el hecho de que no se hubiera convencido a Ruusalu para que Sota pudiera ser vacunada, sino que se pone en el cielo un grito de repulsa unánime por la muerte del perro, justo ahora que participaba en un programa social.

En la misma dirección, y junto a otrasjustificaciones -la agresión al policía por parte del joven es explicada por su desesperación ante la injusticia vivida-, aparecen ingredientes más sutiles que están en una versión y no en la otra, y que muestran cómo, de inmediato, en la efervescencia de las redes, las narrativas triunfadoras tienden a cerrarse sobre sí mismas, de modo hermético, para cuadrar a la perfección con el ethos al que deben satisfacer. En nuestro caso, es interesante ver cómo la versión policial nos habla de un encuentro fortuito en la calle entre los guardias y el vagabundo, mientras que la versión hegemónica en redes asegura que la policía acudió tras ser avisada desde un hotel, ya que se buscaba expulsar del aparcamiento del establecimiento al joven y a su perra: así, a la injusticia cometida contra un animal indefenso y su compañero humano por la violencia policial se añade, en un mecanismo de cierre perfecto, el aroma de la injusticia social de un capitalismo desalmado y sin escrúpulos.

“La clave del problema está en entender que no todas las narrativas se acomodan con igual eficacia a la naturaleza de Twitter o de Facebook, escenarios fundamentales hoy en la configuración y transmisión de la opinión pública”

Un espectacular ejercicio de sesgo. En realidad, de autoafirmación. La clave del problema está en entender que no todas las narrativas se acomodan con igual eficacia a la naturaleza de Twitter o de Facebook, escenarios fundamentales hoy en la configuración y transmisión de la opinión pública. Cuando las redes de verdad se incendian y propagan el vertiginoso fuego de la indignación política es en aquellos casos en que el combustible que encuentran es de naturaleza genuinamente identitaria, el equivalente político a la hojarasca seca,siempre presta a arder con una rotundidad que solo ese material puede aportar. A su vez, el abanico cada vez más amplio de loidentitario nacionalismo, género, xenofobia, homofobia, animalismo-, en su recepción y propagación en las redes, se ve reforzado por el citado mecanismo de cierre, por el cual las distintas comunidades logran reivindicarse a sí mismas, y ven reforzados sus idearios y narrativas. De modo tendencial, las diversasidentidades anti establishment confluyenera común en Twitter la defensa de justicia para Sota desde posiciones independentistas-, y aparecen perfiles que abrazan un packcompleto y predecible de reivindicaciones. Las actitudes parecen también ser favorecidas por la dinámica de la interacción en redes, y aparece una moneda común con dos caras complementarias: una emotividad que se celebra a sí mismavéanse los rostros bañados en lágrimas en la concentración por Sota en la plaza Sant Jaume-, y unasimultánea intransigencia hacia el enemigo, comprobable en los comentarios dedicados en la última semana al guardia urbano que abatió a Sota.

Por último, parece claro que la eficacia de las narrativas identitarias depende de su purezapata negra –que, como vemos, se decanta en buena medida en la interacción generada en las redes-: no deberían incluir elementos disonantes con ese pack hacia la confluencia de las distintas identidades a la contra. Así se explica la poca repercusión en redes del caso de Eduard Colmena, barcelonés de 42 años asesinado en Barcelona el pasado día 22. Aunque parece que su asesinato se relaciona con su defensa de unas mujeres maltratadasen público, la identidad gitana de los maltratadores –presuntos asesinos de Colmena- es un elemento que inhibe la generación de un relato capaz de aglutinar actitudes y acciones con la rotundidad del caso de Sota. Si las redes son campo abonadopara lo identitario, también son el foro dondela izquierda posmaterialista exhibe sus contradicciones sin darse cuenta, o quizá sin que le importe lo más mínimo.

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Fran Jurado
Politólogo y periodista. Escribo y dirijo documentales desde la disidencia. Los cien mejores planos ya se han filmado, las cien mejores canciones ya se han compuesto. A veces releo Viaje al fin de la noche para no olvidar lo que somos.

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