Ay, ay, ay, Donald, Donald Trump. Habría tantas cosas que decir de este señor que me niego a realizar aquí el típico artículo o reportaje de investigación que ya tantísimos medios de comunicación, desde los del Ártico hasta los de Colombia o hasta estos medios de comunicación españoles los cuales algunos contrastan o no las noticias. Por tanto, seguiré mi propia senda para dar puntada con esta aguja mía que tengo por ver si con mis datos y mis personales o impersonales opiniones consigo que el hilo de esta historieta cosa algo, y digo algo o a alguien o a alguno contra mí mismo. Si bien podría también quedarme quieto y no dar ninguna “puntada”. ¡Qué putada¡, María Moliner en este caso da el siguiente significado al vocablo “puntada”: “No hacer nada, no dar ningún paso o no adelantar nada en algún asunto”. ¡Voto a Dios¡, que María Moliner se pasó la vida dando puntadas a calcetines hasta el mismo día de su muerte.

Pero -lo siento por mí- éste es mi puntazo o cornada con los que intento causar herida leve con la puntita de mi cuerno, que no es otro que el de mi palabra. Empecemos por los orígenes de Donald Trump:

Nació el 14 de junio de 1946 en Queens, barrio neoyorquino. Hijo de Mary Anne Macleod y de Fred Trump, los cuales casaron en 1936. Mary Anne fue una inmigrante escocesa nacida en la isla de Lewis, en el norte de las Hébridas Exteriores, y sus abuelos paternos fueron inmigrantes alemanes. Dicen las crónicas wikipedienses que el abuelo de su madre, Frederick Trump -que, en verdad, nombraba como Friedrich Drumpf- llegó de Germania a EEUU en 1885, por lo que pronto adquirió la nacionalidad yanqui en 1892. ¡Vaya¡, aquí tenemos el año en cuestión:1892. Realicemos un análisis de este año que es década, siglo o milenio.

1892: (MDCCCXCII) fue año bisiesto que comenzó en viernes según el calendario gregoriano. Pero no en todo el mundo hay un único calendario. Cojamos sólo algunos poquillos más, por ejemplo, el chino: 4588-4589; el hebreo: 5652-5653; el hindú: 1947-1948, que es el más común, pero, dentro del hinduismo, hay otras fechas -me quedo con el Kali Yuga: 4993-4994-, y, por no ser más cansino, el que a mí en estos momentos me parece el más relevante: “El Calendario Musulmán”: 1310-1311.

En relación a los acontecimientos más importantes sucedidos en 1892, me sostengo en el día 3 de enero en que nace J. R. R. Tolkien en Bloemfontein, Sudáfrica; el del 17 de enero en que, en Irán, el rey Naseredín Sha Qayar cancela la concesión sobre el monopolio del tabaco al británico Talbot ante las protestas generalizas y…

4 acontecimientos más, please, please me, como cantaron The Beatles: el 2 de febrero, en la Universidad de Madrid, S. R. y Cajal es nombrado catedrático de Histología y Anatomía Patológica; el 10 de abril un grupo de independentistas cubanos en el exilio, liderados por el poeta José Martí, Antonio Maceo y Máximo Gómez fundan el Partido Revolucionario Cubano; el 1 de noviembre en EEUU, el demócrata Grover Cleveland recupera la presidencia al ganar al presidente republicano Benjamin Harrison por un margen de 247 votos electorales frente a los 197 del republicano Harrison. Y, finalmente, el 1 de diciembre en México, el general Porfirio Díaz ocupa la presidencia por 5ª vez para su mandato -1892-1896-. Y hasta aquí las fechas y los acontecimientos…

Perdón, me olvidaba el más importante, leches, el cual reluce como un sol universal en este concurso eterno de “Cifras y Letras”: en ese año Paul Gauguin termina el que a mí personalmente me parece el cuadro más íntimo por su sensibilidad y mensaje: “¿Cuándo te casas?”. Y el último, déjenme, ay, please, please me, que es que mi pica, me pica, me pica el picapica:

En cine se estrena la maravillosa y encandilante película “Pauvre Pierrot¡”, de mi admirado Émile Reynaud.

Estaba en que Donald Trumpf es un señor gordito que ha generado un imperio con sus Torres de Oro y su musculatura de Minotauro, ese músculo de los mitos griegos de la Centauromaquia. Vayamos, pues, con los mitos o sobre los héroes y sus tumbas.

“Sobre héroes y tumbas” a mi parecer no es la mejor novela de Ernesto Sábato, ese argentino nacido en Rojas en 1911 y fallecido en Santos Lugares en 2011, sino su posterior y última novela “Abaddón el Exterminador”. El gran Sábato nos narra en Abaddón algo que tantos y tantas de los que nos dedicamos a la escritura seguimos constantemente repitiendo, esto es, la mezcolanza de la autobiografía -que mi amigo Manu Gálvez nombra como “autoficción”, cosa que viene de la escuela del umbralismo- con lo fantástico o ficcional. El tema de Sábato no era otra cosa sino recrear, desde la lucidez de su pensar y su mágico vocabulario del español de América, la bromatología de lo apocalíptico, navegando entre sucesos tan reales como la Historia Argentina de los 70, la Segunda Guerra Mundial, Hiroshima, la Guerra de Vietman y otras lindezas de nuestro “Amado Siglo XX” -último libro de memorias de Paco Umbral editado en 2007 ya cuando el infarto le otorgó su infanzonazgo-.

He aquí una perla de Sábato: “El motor de la historia es el resentimiento, que -en el caso argentino- se acumula desde el indio, el gaucho, el gringo, el inmigrante y el trabajador moderno, hasta conformar el germen del peronista, el principal resentido y olvidado”. Ah, pero si Evita Perón viviera y volviera Franco a enseñarle España. Mientras, en ese recorrido por la España profunda, Carmen Polo, la madame de aldea, ponía risitas que eran celos y envidia agolpados contra esa fémina de lustre, esa mujer que vestía como reina, pero que era más princesa del pueblo, sobre todo del argentino, dado que estaba dotada de ese remake, con esa gran intuición aprendida en su dura infancia, de actriz que llevaba dentro y que reprodujo sin fingir el grandioso carisma que fue Evita y cuyo mito todavía no está del todo esclarecido.

Tengo por seguro que muchas mujeres españolas -gallegas, murcianas, de Girona o de esas que ostentan el título nobiliario de condesa consorte de Bornos como una Grande de España: coño, que me refiero a Esperanza Aguirre y ya está- mantendrían lo que el mismo Ernesto Sábato escribió sobre la escritura: “Escribir al menos para eternizar algo: un amor, un acto de heroísmo… Acceder a lo absoluto. O quizá necesario para gente incapaz de esos actos absolutos de la pasión y el heroísmo (…) ¿No tendrían razón los jóvenes que ahora repudiaban la Literatura? No lo sabía, todo era muy complejo, porque si no habría que repudiar la música y casi toda la poesía, ya que tampoco ayudaban a la revolución que esos jóvenes ansiaban. Además, ningún personaje verdadero era un simulacro levantado con palabras: estaban construidos con sangre, con ilusiones y esperanzas y ansiedades verdaderas, y de una oscura manera parecían servir para que todos, en medio de esta vida confusa, pudiésemos encontrar un sentido a la existencia, o por lo menos su remota vislumbre…”

Y aquí paro porque creo que Donald Trump debería leerse la literatura y el arte en general no sólo de Latinoamérica, sino de lo que él considera que es su Mundo, su personal Mundo escrito en ese microrrelato que es Twitter.

Donald Drumpf debería entender que su tozuda ideología política no tiene nada en común con la que tuitea como influencia o defensa de escudo presidencial. Yo creo que Donald Trump tiene la pilila pequeña cuya miniatura se debe al genoma mezclado entre la raza negra y la raza aria, más el añadido del gen principal y universal, el del dinosaurio: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, escribió recientemente el pato Donald bajo el heterónimo de Augusto Monterroso. Pues de otro modo no se entiende su hibridez, su herbicida, su desyerbar, su hierba de bálsamo, que dicen en Álava cuando se refieren al ombligo de Venus; en definitiva, su hidrólisis, su hidroquinona y ante todo su hidrocefalia. Donald Trump no es consciente de que la libertad individual, lo mío es lo mío, o esta típica frase tan española y universal: “esto lo hago yo con un par de cojones” no son más que formas de accionar la ira, la violencia, la confusión y la duda de la duda dentro de toda duda posible.

Regresando con Sábato en sus últimos años nos lo dejó clarito: “Es desde una actitud anarcocristiana que habremos de encaminar la vida (…) ¡Yo soy un anarquista¡, un anarquista en el sentido mejor de la palabra. La gente cree que anarquista es el que pone bombas, pero anarquistas han sido los grandes espíritus como, por ejemplo, León Tolstoi (…) Y, aunque fui un comunista activista, el anarquismo siempre me ha parecido una vía de conseguir justicia social con libertad plena. Y valoro el cristianismo del Evangelio. Este siglo es atroz y va a terminar atrozmente. Lo único que puede salvarlo es volver al pensamiento poético, a ese anarquismo social, y al arte”.

Claro, Donald Trump es incapaz de comprender en estos precisos momentos lo que Sábato vaticinó, pues su Evangelio y su idea del cristianismo mixturado con lo políticamente incorrecto no va, no hace moco, no consuela, no convence. Esa ideación trumpiana -que es neoplatónica- de existir en un mundo arcádico y fronterizo nada tiene que ver con la libertad como asociación, como cooperativismo -sobre todo en estos precisos instantes en que un siglo ya ha empezado- en la sanidad, en la educación, en la investigación, en la ciencia y en la economía, y, sobre todo y, ante todo, en la descentralización política.

En fin, lo que algunos pensamos que podría crear aproximaciones en esta Aldea Global no es otra cosa sino un socialismo descentralizado que devore, como Saturno a sus hijos, los pavorosos males del Superestado, de la policía secreta y de los nuevos campos de concentración.

Por esto mismo, deseo mío sería que Donald Drumpf leyera, en su cama del Air Fource One, lo que para mí es lo mejor escrito por Ernesto Sábato: “Nunca más, informe final de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas”, libro que recoge aquel informe emitido por la CONADEP respecto a las desapariciones ocurridas en la Argentina durante el Proceso de Reorganización Nacional -1976-1983-.

Este “Nunca más” es ya tan cansino que no hay lugar en el mundo en que no se grite, se manifieste, se diga, se radie, se televise, llene de arengas y soflamas las redes sociales y el mal uso de las nuevas tecnologías -entre el que me incluyo, digo en el mal uso-. A lo mejor sería interesante conocer que el “Nunca Más” al que se refirió Sábato fue propuesto por Marshall Meyer, más que nada por no ser confundido con el utilizado originalmente por los sobrevivientes del Gueto de Varsovia con el único objetivo de que nunca más se volvieran a repetir las herencias derivadas de las atrocidades colaboracionistas entre tanta gente que me callo del nazismo, nacional-socialismo, nacional-catolicismo, etc. etc.

Para acabar yo quiero mandar un mensaje de optimismo haciendo uso de mi habilidad a la hora de ir por la calle vestido de Cantinflas. En efecto, llevo ya diez años viendo en mi cine club de barrio de aquí de esta isla de la calma que es Mallorca no sólo las películas, sino escuchando esta nueva filosofía tan necesaria hoy que nos dejó ahí, para que la absorbiéramos como ser absorben las ostras de fin de año, Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes. La película que más veo es “La Vuelta al Mundo en 80 Días”, producida en EEUU por Michael Todd en 1956 y dirigida por Michael Anderson. Lo grandioso de esta vuelta al mundo basada en la novela de Verne es que, con mucho esfuerzo, se logró que en ella colaboraran en pequeñas apariciones -lo que hoy conocemos como cameo– famosas actrices y actores, desde Marlene Dietrich, Buster Keaton, Frank Sinatra, Trevor Howard, Charles Boyer, Cesar Romero, Fernandel, el padrinazgo anónimo de Charles Chaplin, y hasta nuestro torero Luis Miguel Dominguín, quien también la diñó de un infarto en 1996 en su chalé El Arcón en la urbe lujosa de Sotogrande, en San Roque, pueblo de Cádiz, allá donde nació. Ah, los amores diurnos, crepusculares y nocturnos de L. M. Dominguín y tanta especulación creada por culpa de estas revistillas del corazón y del orto en este realitty show que es nuestra España todavía.

Y con esto me despido, haciendo uso de vocablos que la RAE ya incorporó desde hace tiempo, con entradas en el diccionario, como cantinflear, cantinflas, cantinflada, cantinflesco, cantinflero, acantinflado o cantinfleo.

Ahí va su filosófica charla en la sala oval de la Casa Blanca en Washintong D. C. Todos sabemos que es ahí donde firma o no firma Donald Trump todo lo que tiene que ver con el mundo y la vida en general:

“Si no fuéramos tan ciegos, tan obcecados, tan orgullosos, si tan sólo rigiéramos nuestras vidas por las sublimes palabras que hace dos mil años dijo aquel humilde carpintero de Galilea, sencillo, descalzo, sin frac ni condecoraciones: ‘Amaos… amaos los unos a los otros’, pero desgraciadamente ustedes entendieron mal, confundieron los términos, ¿y qué es lo que han hecho?, ¿qué es lo que hacen?: ‘Armaros los unos contras los otros’. He dicho.”

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