A veces es mejor equivocarse en los halagos que en las críticas. Con los halagos muchas veces queda uno como un iluminado que ve más que los demás, con las críticas de lo que queda es de gilipollas.

A una semana de las nuevas elecciones los debates están empezando a sucederse. Sin el bombo que tuvo la campaña de las nacionales (afortunadamente) los comentarios y las espadas ya están en el aire. En la izquierda están todos que no saben si comerse la boca o mandarse a la mierda, como en el segundo año de una relación. En la derecha no saben si comerse la boca ya o esperar una semana, como dos (tres) adolescentes el día antes de las vacaciones de Semana Santa. Se parecen tanto entre sí como yo pretendía parecerme a mi primer amor (risas): yo hacía que veía El Internado para hablar con ella al día siguiente y Rivera se ha comprado la bandera de España de Vox y al expresidente de la Comunidad de Madrid del PP. Que no nos falte de na’.

Uno de las cosas con las que no tengo miedo a equivocarme criticándolas es lo del escrache a Begoña Villacís. Se empieza intentando romper con los valores tradicionales “negativos y que tanto mal han hecho” y se acaba perdiendo el respeto y las formas con una mujer embarazada, que estaba a un par de días de dar a luz cuando sucedió el lamentable incidente. Le hacéis la campaña a un rival político y encima quedáis como auténticos degenerados. De nuevo, nadie al volante.

Y es que los políticos no terminan de comportarse como adultos, ni terminan de tratarnos a nosotros como adultos que somos. En cada debate, en cada mitin, en cada entrevista televisiva se acusa a los rivales de ser tal y cual, hache o be. Al final uno acaba queriendo que le dejen en paz y libre, y no conozco muchas formas de tener libertad si metes la mano en el bolsillo y no te encuentras una moneda o un billete.

Así que lo que le pido a los políticos que se presentan a estas elecciones es que dejen de hacer el ridículo en moto, intentando limpiar un grafiti con un cepillo de uñas, siendo Díaz Ayuso o tirando por la borda las aspiraciones de la izquierda dividiéndose a más no poder. Podrían, por una vez, dejar todo como está; que después de mucho tiempo parece que nos va un poquito bien y sería una lástima mandarlo todo a la mierda por hacer el tonto.

Porque cualquiera que haya sido un poco malo sabe lo complicado y lo cansado que es mentir. Ya lo dijo Bob Dylan porque lo decía Lincoln: puedes engañar a algunos todo el tiempo o a todos algún tiempo, no a todos todo el tiempo. Y con tanto esfuerzo invertido mentirnos y volvernos a los unos contra los otros dudo que les quede mucho tiempo para lo importante, que es velar porque no se joda todo otra vez.

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