Dos de los sondeos publicados los últimos días sirven para expresar a la perfección el dilema que enfrenta C’s con el vuelco operado en la política española tras la moción de censura y el acceso repentino al poder del PSOE de Pedro Sánchez. Las dos encuestas, divergentes en sus resultados en cuestiones clave son, en concreto, la elaborada por el gabinete demoscópico JM&A para Público, aparecida el pasado día 15, y la realizada por GESOP para El Periódico, que vio la luz sólo un día más tarde. La primera pronostica una victoria de C’s, con 99 escaños, en el supuesto de unas elecciones generales celebradas hoy, y el hundimiento sin paliativos del PP hasta sólo 65 diputados. En el campo de la izquierda, un PSOE con 91 diputados y Unidos Podemos con 66. El trabajo del GESOP, al contrario, pronostica el triunfo claro para el nuevo partido en el Gobierno, con una horquilla entre 116-120 diputados, y 47-50 para UP. El espacio de centro-derecha queda así: PP con 79-83 y C’s con 75-80. En lo sustancial, la coincidencia entre ambos sondeos se halla en el gran incremento del peso de la izquierda tras el episodio de la moción: según la estimación de JM&A, el PSOE y UP habrían sumado 1.300.000 votos en tan sólo dos días, mientras que la pérdida del PP y C’s se calcula en 900.000 sufragios. Los resultados del GESOP, si los comparamos con su propia estimación de abril dan, para el bloque de izquierdas, una subida de una horquilla desde 130-138 hasta 163-170 diputados. Para la suma de PP y C’s, un retroceso desde la mayoría absoluta, 189-196, hasta 154-163 asientos. Este último resultado conjunto para el centro-derecha, según GESOP, es coincidente con lo previsto por el sondeo de JM&A: 164 escaños. Sin embargo, para este centro demoscópico, el vuelco hacia la izquierda aún no es suficiente para conseguir la hegemonía: los 164 asientos de centro-derecha, según JM&A, se oponen a sólo 157 de izquierda. Para GESOP, al contrario, PSOE+UP suman, en el peor de los casos 163 escaños, y en la previsión optimista, 170, lo que consumaría un sorpasso al centro-derecha. En cualquier caso, según ambas previsiones, tanto si hoy ganara la izquierda como el centro-derecha, lo haría sin mayoría absoluta.

“Pero lo interesante es observar que cada uno de los sondeos dibuja un momento post-moción al que se ha llegado con trasvases de voto bien distintos”

Pero lo interesante es observar que cada uno de los sondeos dibuja un momento post-moción al que se ha llegado con trasvases de voto bien distintos. Tales transferencias, y ésta es la clave, podrían leerse como pista fundamental para diseñar la ruta de actuación de C’s en adelante. Todo es extremadamente sutil en este momento tan reñido, y la demoscopia irá sugiriendo una decantación de preferencias hacia el dibujo que sugiere JM&A, hacia el de GESOP, o quizá hacia nuevos desarrollos intermedios. La paradoja es que muy probablemente C’s, opte por lo que opte, volverá a situarse con el tiempo en una posición favorable, tal como disfrutó en meses anteriores a la moción, y ello porque el retroceso –uno de los sondeos ni siquiera lo contempla- no tiene visos de ser definitivo, ni de gran profundidad: también por lo ventajoso de su posición intermedia entre los otros dos partidos relevantes, toda vez que UP, al bajar claramente de estimaciones de alrededor del 20% de intención de voto, pierde peso para hipotéticas combinaciones parlamentarias. Sin embargo, aunque en un tiempo la tendencia de C’s pueda ser de nuevo ascendente, la decantación, en este momento, hacia un tipo u otro de elector sí que puede condicionar de modo evidente tanto la percepción general del partido como el margen de acción para futuras alianzas o acuerdos de gobierno.

“el sondeo de JM&A niega un refuerzo eventual del bipartidismo a consecuencia de la moción de censura”

Bajando al detalle: el sondeo de JM&A niega un refuerzo eventual del bipartidismo a consecuencia de la moción de censura; el de GESOP, lo afirma con rotundidad. Ésta es una primera variable a considerar y confirmar. La primera opción –recordemos, C’s vencedora con 99 escaños- muestra un espacio de centro-derecha ya dominado por la fuerza naranja, en detrimento del PP: si el barómetro de julio del CIS confirma esa evolución, el trabajo prioritario de C’s será la defensa de ese espacio conquistado. A la vez, el sistema partidista español podrá estar dando pasos hacia algo que ha venido cristalizando en Cataluña durante los últimos años: la fusión de los dos ejes de confrontación, el ideológico y el territorial, en uno sólo. Hacia la percepción mayoritaria de que el binomio derecha-españolismo es evidente por sí mismo, mientras que por el otro lado del espectro ideológico, la opción natural es la que une a la izquierda con propuestas territoriales que relativizan o cuestionan la idea de soberanía del conjunto de la ciudadanía. Este fenómeno ha hecho que en Cataluña se interiorice, como verdadero automatismo, que una opción españolista –en contra de la secesión- presuponga que su defensor sea, sin más discusión, de derechas. Es importante tener en cuenta como las maniobras con los ojos puestos en la demoscopia pueden contribuir a modificar elementos capitales de la cultura política de un país. Según el CIS, la percepción de C’s en los últimos tiempos se ha deslizado a la derecha -6,77 en la escala ideológica de 1 a 10, que tiene el 5,5 como punto central: es muy plausible que la lucha prioritaria por el espacio electoral compartido con el PP, y la necesidad de lanzar propuestas en el eje territorial, básicamente de oposición a los nacionalismos periféricos, para retener al ex votante del PP, contribuya a derechizar más la imagen de C’s, y ello a pesar del esfuerzo del partido por proponer opciones de modernización económica en clave liberal, y de sus iniciativas sociales progresistas, con la vista puesta en la mejora de las condiciones generales de la clase media y trabajadora. En definitiva, en el supuesto sugerido por JM&A, de liquidación del bipartidismo por la derecha, se iría hacia el encapsulamiento de ese mismo espacio, a la aparente desconexión del centro-izquierda. La fluidez de un elector fronterizo entre PSOE y C’s, o entre PSOE, C’s y abstención, se secaría, y el PSOE sería, para el futuro, el oponente irreconciliable, el rival a batir. En un contexto de supuesta percepción de derechización de C’s en la sociedad, disminuirían notablemente las posibilidades de un nuevo intento de acuerdo de gobierno poselectoral entre ambas fuerzas. Sin duda, una de las labores simultáneas del PSOE será, sea cual sea el escenario demoscópico que vaya cristalizando, empujar a C’s hacia la derecha en su percepción pública, y tratar de asegurar así su dominio del espacio de frontera entre los dos partidos. ¿Dejara C’s que fijen su imagen de ese modo o, al contrario, tratará de evitarlo?

” ¿Dejara C’s que fijen su imagen de ese modo o, al contrario, tratará de evitarlo?”

Esto último ocurrirá si la demoscopia confirma en adelante el segundo sondeo, el del GESOP, con su momentáneo refuerzo del bipartidismo. Si el PP resiste dentro del espacio compartido y aguanta sin hundirse, si discute la hegemonía a C’s, el partido naranja deberá volcar más energía hacia la izquierda, hacia su otra frontera. Las cifras del GESOP sugieren una enérgica capitalización por parte del PSOE de ese territorio de votantes –desde C’s y desde la abstención- tras su llegada al poder: 116-120 escaños que implican una modificación de las preferencias, imputable, sobre todo, a la ecléctica composición del Gabinete de Sánchez. En este momento, cada toma de posición del Gobierno, cada propuesta de C’s, dibujan flujos de volátiles lealtades, en un sentido y el otro, de un elector que supone un porcentaje muy estimable del conjunto de votantes.

“La fusión de los ejes de confrontación ideológico y territorial en uno solo, la novedad de la supremacía del último para toda España hacen que todo lo relativo a las propuestas territoriales y a la respuesta a los nacionalismos periféricos sea crucial para fijar en la opinión pública, la imagen de derechas o de izquierdas”

La citada fusión de los ejes de confrontación ideológico y territorial en uno solo, la novedad de la supremacía del último para toda España como consecuencia de la crisis catalana, hacen que todo lo relativo a las propuestas territoriales y a la respuesta a los nacionalismos periféricos sea crucial para fijar, por tanto, en la opinión pública, la imagen de derechas o de izquierdas. El elector que opta por el PSOE si cree que el partido retoma sus señas de identidad anteriores a Zapatero, que ha sido de momento convencido por la propuesta de Sánchez, es un votante algo distinto, en su adscripción en los dos ejes, al retrato del seguidor más convencido de C’s, que tan bien caracteriza Jaime Miquel en el artículo de Público donde se muestra el citado sondeo de JM&A: neoliberal, que quiere pocos impuestos, cualificado y constitucionalista-uninacional. El votante que puede hoy haber vuelto al PSOE se mantendrá allí o no, en primer lugar, en función de la gestión gubernamental de la cuestión catalana: coincide con el perfil ciudadanos en ese constitucionalismo uninacional, pero puede sentir malestar tanto hacia las concesiones excesivas al nacionalismo periférico como hacia lo que puede interpretar como un resurgimiento nacionalista español, en caso de que C’s no trasmita adecuadamente la noción de patriotismo constitucional que quiere recuperar. También por una retórica excesivamente beligerante y coercitiva hacia los nacionalismos catalán o vasco. En este sentido, y a ojos de tal perfil, no es en absoluto lo mismo incidir en la necesidad de asegurar las libertades y derechos menoscabados de los ciudadanos catalanes no nacionalistas, que sugerir una barrera de entrada del 3% al Congreso, específica para castigar al nacionalismo por su falta de implicación con el proyecto común. En esta dialéctica tan sutil se jugará la hegemonía sobre el flanco izquierdo de C’s, que este partido no podrá descuidar si quiere mantener sus opciones en el supuesto de resistencia del PP sobre el espacio compartido por ambas fuerzas. Si esto último ocurre, es muy verosímil que la forma más inteligente para C’s de maximizar sus posibilidades –asentar su posición compartida con el PP en el eje de centro-derecha y, a la vez, atraer al votante infiel de centro-izquierda- no sea otra que percutir en un mensaje de reivindicación en positivo de la igualdad política, en un discurso dirigido a mostrar la preocupación por las personas concretas, con la mirada puesta sobre todo en Cataluña. Una acción de guardián de los derechos de una mayoría ciudadana que no debería en ningún caso convertirse en la perdedora neta de la lenta salida al conflicto que trabajosamente empieza a explorarse ya.

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