Sr. Santiago A.:

En primer lugar, quiero comenzar esta carta con un retazo de un poema de Don Miguel de Unamuno, que, para mi poca sapiencia como lector, roza la más estúpida de las razones que por lo que veo y le escucho usted está empeñado a trancas y barrancas en ejercer como vidente de una España que no es su España, en todo caso, la que quieran tantos ciudadanos como españoles hispánicos hay, que son los que viven en sus casas no como autómatas, sino en sus respectivas comunidades no sé si autónomas, regionales, provinciales, municipales, cabildos, cuevas o en plazas de toros como Vistalegre, mesón de la masonería. Decía así don Miguel: “Adiós, mi Dios, el de mi España / Adiós mi España, la de mi Dios, / se me ha arrancado de viva entraña / la fe que os hizo cuna a los dos”. Cierto es que Unamuno creo que dijo aquello de “Venceréis, pero no convenceréis”. A lo que un general sin un ojo y manco respondió con Vox de purili: “Muera la intelectualidad” -no es exacta la cita, lo sé-. Millán Astray, inconcebiblemente, luego va y resulta que el tío se da de morros con un avioncillo que es que a lo mejor iba sólo con agua. Me cachis, ¿es que en la época que usted tanto desea recuperar no había hidrógeno?, ¿o quién sabe si se trató de Paca la Culona, harta ya de que el borrachín de Queipo de Llano le tocara el único testículo que tenía? El Caudillo era monórquido, como Quevedo y como José María Pemán. ¿Acaso desconoce este dato?

Pero vayamos a mis peticiones, que sólo quieren ser un acto de diálogo y no de exasperar más la situación en que las diversidades históricas, lingüísticas y culturales que se recogen en la Constitución del 78 -que estos días celebramos- por culpa de la defensa de las fes están ya hasta el sarampión de tanta duda que usted en su loable oratoria, más alta que la de Fray Luis de Granada, quien sin dientes daba conferencias en aquellos Reinos de las Españas que usted supongo que debe conocer, crea en el ambiente, o mejor, ante la banda sonora con esa musiquilla que sus galeotes le ponen a sus mítines mitineros de la matinada.

1.- Le ruego ante el altar de la Almudena que no inscriba la siguiente inscripción encriptada que ahora mismo se me viene a la cabeza -es que mi cabeza es de toro manso o, por decirlo con una exégesis, de mancebo de la mancebía-: “El fuego divino ha ardido originariamente en el hogar de las religiones”. Yo no sé si el Dios cristiano existe o no, pues mi razón o mi agnosticismo me hace imposible dictaminar con seguridad entera la existencia de theos. Borges, que no es de mi devoción, pero como era ciego cual Homero -que bien pudo ser mujer, según los últimos estudios de los nuevos estructuralistas- también dijo: “Dios es el respetuoso caos de los superlativos no imaginables”. Collons, le aseguro que no tengo ni idea de lo que el que está enterrado en Ginebra quiso decir, pero me da a lo monago que tiene algo que ver con una hamburguesa de sucursal norteamericana.

2.- Le conmino a que se lea algunos de los textos exegéticos -los más sofocantes, no es necesario que se los trague todos-, los cuales, usted, que es culto, cultivo y Colón conocerá, nos intentan explicar todas las frases de la Escritura Sagrada desmenuzándola hasta el punto de revelarla en toda su letra estética, con sus metáforas, sus anécdotas, su barroquismo locuaz, sus alegorías, en definitiva, su extensa como aquella España en que nunca se ponía el sol, proliferación imaginativa. A lo mejor se lleva el susto que se llevó el anciano Serapión cuando en el año 339 Teófilo, patriarca de Alejandría, condenó el error de los antropomorfistas, los cuales afirmaban que Dios tenía cuerpo humano. Y va el tío, digo Teófilo, y expande la carta pastoral por todas las comunidades de los anacoretas desperdigadas por el desierto -lo mismo que muchos españoles de bien y que visten de blanco- El anciano Serapión va entonces y se arroja al suelo llorando como lloran los puros machos de pelo en pecho exclamando de dolor aquestas palabras: “¡Ay, miserable de mí¡ ¡Me han quitado a mi Dios y no tengo a quien allegarme, ni sé a quien adorar o dirigirme¡”. Pobre monje, ¿no cree usted?, con la de mortificaciones y espantos que había sufrido -lo he leído en Santo Tomás de Aquino- no pudo soportar la noticia de que Dios era un ser espiritual. Pero no se aterré, que los talibanes también destruyeron las imágenes de Buda. Es que todo es lo mismo, ¿no cree? No hay manera. Y es que Crear siempre obedece a un Cambio. Ahí es nada, de pasar de ser todopoderoso a tener en frente a él, un señor con uñas, pelos como la nutria, un costado, una costalera, una melena rubia capaz de conjuntar los deseos de mujeres, hombres y demás razas de animales. La fuerza de la belleza hace llorar, como el dolor. Lo dijo Thomas Mann.

3.- Le expreso mi deseo que relea, porque sé que ya lo ha hecho, la “España Invertebrada” de Ortega y Gasset. Sí, aquel filósofo que empezó siendo neokantiano para luego tener un sistema filosófico propio -aunque vitalista: “Si esto es la vida, que vuelva otra vez la vida”, escribió -robándoselo a Nietzsche, todo hay que decirlo-, por mucho que acudiera a Husserl y su fenomenología. Ortega guardó silencio como el gran hombre que fue en aquellos tiempos difíciles de preguerra. Así lo constata su “Rectificación de la República”. Julián Marías, el padre del hijo, y discípulo o no sé si más filósofo que el mismo Ortega dijo aquello de “Tú eres tú y tus circunstancias”-Por cierto, Julián el padre, me parece, según he visto por ahí en esas redes sociales que ustedes tan bien utilizan, fue el maestro de la magistratura de ese soldado de las letras entre mágicas y patrias en que hace yo qué sé cuándo se ha reconvertido Fernando Sánchez Dragó, ¿este hombre que nunca se leyó el “Ulises” de Joyce acaso es el intelectual de su mancebía, sólo es una curiosidad? Acabaré con este dragón de San Jorge que es Sánchez Dragó y lo que quiere hacer con su personal biblioteca de Alejandría.

4.- Quiero recordarle con la amabilidad que le profeso que una de las peculiaridades psicológicas de las creencias religiosas es que pueden permanecer indefinidamente en un estado crepuscular: ni se creen ni se dejan de creer. Un chistoso suceso lo demuestra. Durante la celebración de una misa, un sacerdote dice: “Para que Dios acabe con el hambre en Somalia… cosa que Él no hará, roguemos al Señor”. Mi análisis en tono de broma que imagino que usted aceptará es que esta homilía es una frase tan contradictoria que daría para todo un tratado de todas y digo todas las religiones. Sébastien Faure, un anarquista francés, publicó un opúsculo titulado: “Doce pruebas que demuestran la no existencia de Dios”. Queda claro, amigo Abascal, que este tipo era un deísta convencido, eso creo, y por ello insiste en que su ataque no va dirigido contra el Dios de la filosofía, contra el desconocido fundamento de la realidad. Imagino -imaginar es soñar- que se trata de un antipascaliano: “Es el dios de las religiones, el de la historia religiosa de cada pueblo el que yo niego y voy a discutir”, escribe el muy camelancias. Se trata, pues, de un extraordinaria y extravagante contradicción. Detengámonos en las pruebas: a) La acción de crear es inadmisible. Aunque Faure no la menciona. Me recuerda -recordar es olvido- el tratamiento de los jansenistas sobre este asunto hace ya un porrón de siglos. Sus filósofos se burlaban de los que pensaban lo contrario. “La creación”, decían, “no podría darse sin un deseo de crear”. Pero ¿cómo podría ser que un Dios no creador, así de sopetón, se volviera creativo? Estaríamos, supongo, ante un deseo, no me cabe la menor duda. Pero todo deseo de crear implica inexorablemente una volición, una actividad egoico-emotiva, es decir, una imperfección. Un dios creador es pura contradicción, porque desea y es perfecto a la vez. No obstante, sólo puede ser perfecto si cumple lo creado en toda su completud, lo que no necesita, ni anhela, ni desea, ni siquiera echa en falta, pues este diosecillo es que un poquete despistado, ¿no cree?

El Espíritu puro -el que usted parece querer representar- no puede determinar el Universo, pues Materia y Espíritu son como las cien patas abiertas o cerradas -eso da lo mismo-, completamente irreconciliables. Lo perfecto es tremenda imperfección. Todo Ser eterno, en su actividad y movimiento, es una necedad, algo innecesario. Los griegos -no pongo en duda que usted y ustedes están duchos en los antiguos griegos- decían que su forma de actuar era únicamente un pensarse a sí mismos, mientras que la teología católica reincide casi como un atraco en amarse a sí mismo. El dios religioso se ha quedado solo, dado que le es imposible abarcar tantas eternidades. “Se anonadó”, dijo San Pablo. Dios hubiera debería haber tenido algún motivo, pero es que yo -disculpe- no encuentro motivo alguno para su aparición en escena. Rapoport puso un ejemplillo muy gracioso en relación a la dificultad de armonizar el deseo con la dignidad. No sé si ustedes saben que para los hawaianos y los polinesios los grandes jefes -no intento indicar con esto que usted, noble caballero, sea un jefe- estaban siempre libres de deseo, igual que todos los diosecillos -ah, pobrecillos dioses-. Apoyo esta idea en que la pereza para cualquier chef o jefe es un deber, nunca un vicio. Diría que entronaría su absoluta plenitud. Y nadie puede disponer de tan loable autocontrol. El Dios que gobierna es negación del dios que crea. Es como un relojero y sus chapuzas. ¿Kant era un chapucero? Luego lo veremos. ¿No creen ustedes que ningún dios es infinitamente bueno, pues de otro modo jamás habría permitido el infierno, cualquier infierno, todos los infiernos, incluso el de Dante y su paseíllo con el gran Virgilio en “La Divina Comedia”? En este sentido, Dios siempre viola las reglas fundamentales de la equidad. Hace que las personas de buen corazón, la gente de bien, los que se dejan las manos en el arado y en la mina, de aquí o del Senegal, que eso da lo mismo, sean diferentes a otros que usted imagino que sabe a quiénes me refiero. De esta forma, no es de recibo que permita -seguramente sin querer- el nacimiento de niños con deformes o con enfermedades que tanto pueden anular para siempre a la madre o al mismo cigoto que felizmente goza del agua calentita de la placenta gracias al sistema inmunológico y potentísimo que se desprende de la biología de toda mujer. No me extraña que hace ya algunos años Hans Jonas, un filósofo-teólogo, se preguntara cómo se puede pensar a Dios después de Auschwitz.

5.- Permítame que le diga con toda mi buena voluntad y sin ánimo de ofender a nadie que, si no existiera la palabra “Dios”, con sus fúnebres ramos, ¿no creen ustedes que tendríamos la necesidad de inventarla? Busquemos la palabra adecuada. No nos equivoquemos. El lenguaje es más importante de los que algunos políticos creen. Desde los inicios del mundo -¿hubo un inicio del mundo?: chi lo sa- preguntar es connatural a la eterna duda del ser humano. Unamuno fue el gran preguntante de la literatura y filosofía del siglo XX -incluso antes-. ¿Qué soy? ¿Por qué esto es así? ¿Para qué vivimos? ¿Cómo puedo vivir sin miedo? A estas preguntitas absurdas e infantiles pronto acudieron los mitos para resolverlas. Muerta o no la mitología, va la tía y aparece la Ciencia. Ya la hemos jodido, pordiós. Y es que Kant tenía razón. No, no era un relojero chapucero. Pero ahora mismo, en esta segunda década del siglo en ciernes, nos rebana la mente otro preguntón. Jolines con las preguntitas y los preguntones. “¿Hay algo más allá de la ciencia?” Tenemos o teníamos la astronomía, la materia viva, los organismos complejos, los fenómenos psicológicos, etc., y, para joder la marrana, va y se pone como autoridad sin posibilidad de censura la física, la química, la biología, la fisiología, la neurociencia, la nanotecnología, los nuevos modelos de psicoanálisis -a la mierda con Jung, que para mí fue el que unió magia con mente, pero esto se lo dejamos a Woody Allen, experto en esta materia, aunque no sea argentino-, y ahora la robótica, la inteligencia artificial en fase primera -¿ha visto usted la peli de Kubrick y ese aparatillo llamado Hans?, ay que risitas, qué cómico es todo-. A mí me da que, si seguimos así, todos toditos y tudescos vamos a entender el libro “De la angustia al éxtasis” del psiquiatra Pierre Janet: Lea cuál fue su videncia al describir un caso de posesión daimónica:

“El demonio estaba en la habitación, rodeado de una muchedumbre de pequeños diablos, cornudos y gesticulantes; además, el demonio estaba dentro de él mismo, y le forzaba a pronunciar blasfemias horribles”. ¡Vive Cristo Rey¡, que esto es la película de “El Exorcista”. Y así van las cosas.

6.- Por último, y como despedida, permítame dejar aquí huella de un Poema de Parménides, el cual debo resetearle que fue todo un éxito comercial en la posterior tradición europea. Lástima que en aquellos tiempos no hubiera Youtube, ostras, es que siempre llegamos tarde a todo. Parménides hace una introducción que recuerda algo así como a un ascensor místico, cosa nada extraña dada la inventiva de su descubrimiento:

“Los caballos que me arrastran,
tan lejos como mi ánimo deseaba,
me han acompañado,
cuando me condujeron guiándome al famoso camino de la diosa,
que lleva al mortal vidente a través de todas las ciudades”.

 

Quien habla es, pues, un vidente, que marcha desde la morada de la Noche hacia la Luz. La diosa va a mostrarle la verdad perfecta, rotunda, redonda, apabullante.

Sólo hay dos caminos.

El del Ser, que es practicable, se puede pensar.

El del No-ser, que es impracticable, no se puede pensar.

Conclusión: sólo un discurso como vía queda: ES. 

Deseándole lo mejor, me despido atentamente,

Suerte y ánimo en todo lo que Vox se proponga.

POSDATA: Acudiré al entierro del señor Fernando Sánchez Dragó cuando una vez construida su Gran Pirámide, más grande, según su verborrea, que la de Keobs, con toda esa nueva Biblioteca de Alejandría que dice disponer después de tantos años de rutas oníricas, lisérgicas y de extremado orden paternal. Dice vuestro intelectual que quiere ser adorado como los faraones del Antiguo Egipto. No dudo que en las tierras de Numancia eso pueda suceder, pues estoy absolutamente seguro -y aquí no me cabe la menor duda- que el dragón de San Jorge será abducido y aclamado para las eternidades de lo eterno y lo eternal por el extraterrestre que siempre supe que fue Viriato.

Salud y Fuerza

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