Estos días atrás la muerte ha estado presente en la actualidad con más fuerza de lo normal a través del gesto de Ángel, un hombre de 62 años, con su mujer María José, enferma desde hace más de 30 años de esclerosis múltiple. Un gesto, el ayudarle a quitarse la vida, que contaba no solo con su consentimiento, sino que se había convertido en un ruego constante que Ángel, con la entereza que da el amor de verdad, llevó a cabo como quien da un primer beso. En lugar de entregar su vida a la persona que quiere le entregó su muerte. En ambos casos hay que tener agallas para dar el paso por muy claro que lo tengas, pero mientras en uno de ellos empiezas a despertar todos los días con esa persona clavada en lo más hondo del cerebro, pero también con su mano sobre la tuya, con su boca en tu cuello, con los pies entrelazados… en el otro se queda uno sin nada más que la conciencia tranquila de haber cumplido los deseos de quien más quieres. Algo que quizá no se valora tanto cuando todo parece estar bien. 

“Estos días atrás la muerte ha estado presente en la actualidad con más fuerza de lo normal a través del gesto de Ángel, un hombre de 62 años, con su mujer María José, enferma desde hace más de 30 años de esclerosis múltiple”

Por desgracia la muerte me ha rondado también por casa estos días. El padre de la pareja de mi madre los últimos diez años también se ha ido, en este caso de otra forma diferente, igualmente rodeado de amor y dedicación. Los mismos con la que cuidó él de su mujer cuando empezó a olvidar. No le conocí nunca pero siempre me pareció un hombre bueno.  

Hay una canción de Iván Ferreiro que escuché por primera vez antes de terminar el colegio, con diecisiete años; se llama ‘Canción de amor y muerte’. No sé cómo me pudo tocar algo así tan dentro cuando todavía no le había dicho adiós a nadie. Recuerdo que mi amiga Macarena se hartó de llorar cuando se la puse en un descanso entre clases. Cuesta creer que hayan pasado siete años. Cuesta creer que las personas podamos perder la empatía con el dolor ajeno así de fácil.

“Y es que el caso de Ángel y Maria José ha sacudido a la sociedad como la sacuden todos los casos de muerte y amor que tienen protagonistas con nombre y apellidos”

Y es que el caso de Ángel y Maria José ha sacudido a la sociedad como la sacuden todos los casos de muerte y amor que tienen protagonistas con nombre y apellidos. La muerte está en cada noticia -o lo estaba antes de que sólo se viera a políticos hablando de ella; y no es igual hablar de algo que verlo o vivirlo- con rostros de otra etnia matándose por un trozo de tierra donde criar patatas, con maridos que matan a sus parejas por no se sabe qué odio, por no se sabe qué vergüenza, con pilotos de combate dejando caer bombas sobre sociedad civil aquí y allí. Con personas muriendo de hambre. Casos con nombre y apellido que no conocemos; un número que sube pero que muchas veces se queda en un cambio de sílaba: tres, seis, diez.

Igual que la eutanasia que le ha practicado legítima e ilegalmente Ángel a su mujer ha sido considerada como un gesto de amor definitivo. Un amor que nos cuesta ver cuando vamos en el metro o bailamos en la pista de cualquier discoteca, pero también admirarlo cuando no es a nosotros a quien toca. Al final, y sabe Dios que puede llegar en cualquier momento, solo tenemos la certeza del amor y la muerte. Y en cierta manera es bonito -lo triste se sobrentiende- que sean dos cosas así, absolutas, las que tienen peso de verdad cuando miramos atrás.

“El valiente solo muere una vez, el cobarde muere mil veces”; y es que no solo se empieza a morir cuando nos falla el cuerpo o la mente empieza a apagarse, también morirnos cuando no nos atrevemos a amar de verdad, cuando nos da no se sabe qué tipo de miedo a hacer lo que está bien, lo que sentimos como bien, pero ¿más miedo que la muerte?, ¿en serio?.

Ángel murió solo una vez cuando se atrevió a matar a la mujer de su vida inyectándole arsénico y María José solo una vez cuando convenció a su marido de que no había otra salida. Nadie puede reprocharles su valentía. Nadie puede no llorar ante su canción de amor y muerte.

En memoria de J.M.M

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