En el cortometraje ‘Una lección de cine’, de Nacho Vigalondo, el cineasta español, en apenas tres minutos nos enseña qué es el suspense. Vigalondo lee las instrucciones de un juguete infantil -la Batbola- que es una pelota con alas de murciélago, y que dice ser divertidísimo y terrorífico.

Vigalondo nos promete, tras explicarnos como funciona, que lanzará la Batbola contra una vaca que pace tranquilamente en un prado. Tras acercarse a ella, espera unos instantes que se hacen eternos y, vuelve a cámara a contarnos, sin lanzar la Batbola, que esos segundos aburridísimos que hemos esperado con la promesa de algo grande se nos han hecho interesantes por el suspense que él ha generado.

Los resultados de las elecciones de este 26 de mayo (autonómicas, municipales y europeas) nos han dejado a todos un poco igual.

Llevamos en un periodo electoral constante desde que el 2 de diciembre se celebraron las elecciones andaluzas, donde los tres partidos de la derecha se unieron para echar de la Junta al PSOE y a Susana Díaz. Envalentonados por el éxito, los partidos del Pacto de Sevilla y los medios afines se lanzaron de cabeza a una campaña de presión al gobierno salido tras la moción de censura que lideraba Pedro Sánchez. En ese contexto, y con el problema catalán de hilo musical, el deseo se concedió y Sánchez convocó elecciones generales el 28 de Abril, abriendo así un mes (hasta este pasado domingo) en el que se decidiría el futuro político del país para los próximos cuatro años.

La derecha ganó el primer asalto. Sánchez se llevó el segundo (barriendo a Podemos, dejando al desconcertado PP de Casado en números rojos históricos (en el Congreso y en sus arcas) y a Ciudadanos contento oliendo la sangre del Partido Popular. Lo de Vox se quedó en un mal susto y ERC y PNV afianzaron su poder en sus feudos. El clima de alarma menguó y todo el mundo se echó a dormir.

¿Todos? No. Ni en lo que una vez se llamó Podemos ni en Génova han podido estar tranquilos este mes. Ambas formaciones (si es que las incontables escisiones de los una vez capitaneados por Iglesias siguen manteniendo algún tipo de unión) sabían que se jugaban el tipo en las autonómicas y municipales. El tipo y, muchos, el puesto.

Madrid es mucho Madrid

La capital de España ha sido la niña mimada de la izquierda española durante los últimos cuatro años, y la Comunidad se convirtió en la arena del circo donde leonas y gladiadores populares se han despedazado durante la gestión primero de Cifuentes y después de Garrido. En Madrid se iba a decidir cómo estaban las cosas de verdad después del 28A: el PP podía salvarse si daba lo mejor de sí en uno de sus lugares fetiche y la izquierda podría celebrar su hegemonía si se afianzaba en la capital.

Después de una noche electoral en la que, como siempre, reinó la expectación, y en la que, como siempre, la izquierda se desplomó en los últimos momentos del recuento, en Madrid se ha parado el tiempo. Como en el corto de Vigalondo.

En el Ayuntamiento, Carmena ha vuelto a ser la fuerza más votada pero no logra sumar con el PSOE de Pepu para revalidar la alcaldía. Almeida ha logrado 350.000 votos que le pueden permitir ser alcalde con el apoyo de Ciudadanos y Vox, con unas condiciones bastante diferentes a las del pacto andaluz.

En la Comunidad también suman las derechas, pero lo que ha sucedido con Podemos, Más Madrid e Izquierda Unida “llamadme Ismael” es para terminar de dejar de creer en según que políticos que vinieron a cambiar el país hace apenas cinco años. Los líderes de los un día conocidos como Podemos -los que quedan, claro- parecen tan cansados de la política y de sí mismos que son capaces de apretar el botón de demolición de su proyecto político consigo dentro. Si alguien ha tirado a la basura un trabajo de cuatro años por conseguir ganar la Comunidad y repetir en la alcaldía han sido ellos y nadie más. No se le va a olvidar a muchos votantes.

Sin embargo nadie, excepto los teóricos ganadores, que tienen que dar sensación de victoria para que el resto del mundo nos la creamos, sabe con certeza qué va a pasar en la capital.

El escenario previsible -el del tripartito de derechas en la ciudad y la Comunidad liderado por el PP- puede verse afectado por un actor político que lleva unos meses jugando a ser Mr. Hyde pero que puede volver a ser Jekyll, ahora sí, cuando quiera: Ciudadanos.

El partido que preside Albert Rivera puede mostrar una imagen de europeísmo y respetabilidad ante la UE negándose a pactar con Vox en la capital del país. Valls, el ex primer ministro francés que ha quedado cuarto en la lucha por la alcaldía de Barcelona, ha sido el encargado de transmitir públicamente el mensaje: “Cuidado con pactar con Vox, Europa está mirando”.

Villacís y Aguado, candidatos de Ciudadanos a Cibeles y a la Asamblea respectivamente, con el PSOE de Sánchez, podrían romper la baraja y apoyarse mutuamente en las dos batallas que se libraran, Batbola en mano, en Madrid. Dándoles la alcaldía a los naranjas a cambio de la Comunidad al PSOE, en una jugada en la que tendrían mucho que ganar y que perder pero que, con cuatro años por delante, puede ser muy apetecible para ambos. Y lo más importante, que ya se comenta entre los que saben de verdad.

“En el cine, muchas veces, es más importante la expectación que creas en torno al contenido que el contenido en sí. Vosotros queríais ver la Batbola, y eso que tiene una pinta de fraude que no puede con ella.” termina diciendo Nacho Vigalondo en su “Lección de cine”. En la vida política también.

Ciudadanos y PSOE han estado haciendo encaje de bolillos en los últimos meses. Muchos de sus votantes han podido creer en unas promesas ilógicas, con una pinta de fraude que no podían con ella. Fuera de la lucha a muerte Sánchez-Rivera, porque los partidos pueden ser, y deben ser (que se lo digan a Podemos), más que sus líderes, el suspense está servido en Madrid. Y tiene toda la pinta de que van a tardar mucho en resolverlo. ¿Podremos nosotros, ya meros espectadores, con él?

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