La hegemonía del mundo radica en la composición de un Sistema que dé validez a la autoridad de los mercados, como contraposición a la inutilidad prevista desde hace ya quizá, eso me temo, demasiados años adecuada a una elaboración donde el Capital quede reducido a las previsiones que se magnifican sin ningún control y desde la emancipación de los pueblos. Se presenta como urgente un Universo Global donde la financiación y el liberalismo -hoy, por fin, ya lo hemos reconvertido en ultraliberalismo: ay, qué gozo espiritual-, en tanto en cuanto que a una rueda de concurso común y única permita la acción de la comunicación total a través de este gran descubrimiento que es un conjunto de redes de comunicación interconectadas con esos protocolos TCP/IP que -ah, el progreso y su bestialismo armónico- parieron -dicen que en 1969- aquella primera conexión de computadoras conocida como ARPANET -qué risa, qué palabrilla más, qué neologismo, de ARPA y NET, esto es, los incultos hispanos dirían que este vocablo se podría confundir con un Arca de Noé-. ¡Qué ilusos éramos entonces¡, ¿Acaso no éramos conscientes que la WWW o World Wide Web nos daría los fórceps para eyacular esta gran riqueza que hoy poseemos algunos, porque no siempre el dinero, el “money”, ha de estar en todas las manos, amigos que esto leéis y a los que os amo más que al saurio ése japonés Gorzila? Ah, qué ingenuo siempre creí que fue Thomas Fuller cuando dijo aquello de: “Los hombres tienen la piedra de toque para probar el oro; pero el oro es la piedra de toque par probar a los hombres”, o el imbécil del chaquetero de J. W. Goethe, el muy clásico soltó: “La mayor riqueza del hombre consiste en tener un ánimo suficientemente grande para no desear la riqueza”. Gilipolleces. O, si no, el cretino de Máximo Gorki: “Si despojas a los ricos, consigues empobrecerles; pero no consigues enriquecer a los pobres”. I Shit on God¡¡¡ ¡Pero si Internet lo fundaron nuestros investigadores, científicos, profesores, estudiantes  y su padre fundador, Leonard Kleinrock, en 1961, quien convenció a Lawrence Roberts para que éste conectara aquella computadora TX2 en Massachusetts con un Q-32 en California a través de una línea telefónica conmutada de baja velocidad, dando así -Fucking Hell¡¡¡- el nacimiento de la primera Red de Computadoras jamás construida. ¡¡¡América First¡¡¡, como aprendí yo mismo en los dibujitos de nuestro Walt Disney. Bollocks¡¡¡ con nuestro gran Walt Disney, nuestro héroe de Illinois e inventor del Pato Donald y sobre todo de Mickey Mouse.

Pero, ya advertida nuestra pasión, prosigamos con a lo íbamos: esto es, el afianzamiento del Ultraliberalismo. 

Queridos lectores, ahora que nuestros amos son los japos de Nikkei junto a Pearson PLC, creemos que sería obediente a nuestra línea editorial confirmar lo siguiente: que las diferentes naciones repunten ya, y con gran defensa del “businees-to-businees”, la compulsividad de todos los negocios, incluso -por qué no- incluidos los especulativos, que son los más sabrosones. Para ello debe trazarse todo Bolchevismo como forma y explosión de una extraordinaria Unión interplanetaria que permita obtener el privilegio de la rentabilidad de los ciudadanos. Quede claro, pues, que no hacemos ascos al nuevo restregamiento del Nacional-Bolchevismo-Alemán, sobre todo al que trajo aquella idea de Fritz Wolffheim junto a la de Heinrich Laufenberg y su “Consejo de Obreros y Soldados de Hamburgo” como lucha final contra la Liga Espartaquista y las fuerzas del orden de aquella onerosa República de Weimar. En efecto, desde este FT japo y Pearson PLC, validamos el eje “Esparta-Postdam-Moscú” -ahí estuvo nuestro gran gurú, Ernst Jünger- como forma inequívoca de acabar como acabaron aquellos mentores, es decir, en el fuego épico, idílico alrededor del anillo de los Nibelungos de Adolf Hitler. Constatamos que estamos contra la nueva posibilidad de un IV Reich. He dicho.

Para que ello sea no sólo una forma más del Idealismo, sino del Eyector de nuestra Razón como argumento irrefutable, consideramos imprescindible que sigamos creyendo que la única posibilidad de fomentar el empleo y la coordinación de las distintas instituciones monetarias es aquel Tótem que ya nos concedió la Edad Media. Hagamos un repasillo por la Historia. To hell with sod the Govermment¡¡¡ 

Nuestros lectores del Financial Times conocen muy bien que la palabra “Tótem” proviene de la lengua ojibwa, hablada por los indígenas de nuestra América del Norte, y que se traducía en este caso en un monumento erigido hacia lo más alto de los Cielos a través de la madera del Cedro, donde residía el jefe o lo que es hoy nuestro Presidente de los EEUU, aunque también, en algunas noches de luna llena, se elevan como símbolos totémicos espirituales, tras la sustracción de su origen de aquellas otras tribus indígenas de esta Gran Colina que es la América de las Alturas, nada más y nada menos que el Oso, el Halcón, el Pez, el Bisonte, el Búfalo o el Tejón. ¡Ah, el tejón, qué delicia de supervivencia para el bien de todos los Intocables de Eliot Ness¡ ¡Estamos regresando al cine negro y al thriller político¡ Pero yo, personalmente, sigo enamoriscado de Bonnie Parker. Ahí van aquellos versillos que escribió la mujer más bella de las ladronas y fugitivas de Estados Unidos antes de la muerte de su amado Clyde Barrow: “Así como las flores son endulzadas / por el sol y el rocío, / este viejo mundo es más brillante / por las vidas de gente como tú”. 

Por ello, para abastecer este vacío que irrumpe en el crecimiento total como consecuencia de la duda persistente en este laboratorio en donde toda promesa se convierta en realidad, nosotros, los economistas alpinos y empinados y fálicos, esparcimos la Idea neoplatónica para que verdaderamente se ejerzan todos los valores democráticos con el objetivo final de perseverar en un mundo más justo y solidario. Esta Solidaridad que, claro está, debe ser siempre proveniente desde las dinámicas de la Economía de Estado, pero con la velocidad de las Transacciones Financieras sin restricción ni Tasa alguna -¿pero, quién era eso loco que apellidaba Tobin con premio Nobel y todo?-. Por lo cual y, sin posible voto popular ni mucho menos esa contraeconomía populista que ahora tanto éxito alcanza entre la plebe, para alcanzar este gesto solidario es absolutamente imprescindible derivar, como metáfora de lo sexual, a la economía de mercado a ultranza. Por tanto, no permitiremos un “coitus interruptus” en toda coyunda, pues consideramos que ya para los milenios haya acceso a la fertilidad del Neocapitalismo, nuestro capital neo que surge y surgirá como un interestelar mecanismo de alianzas y amores heterosexuales que no nos retrotraiga a un pasado que siempre fue cruel, equivocado, onírico e insolidario.  

El Mercado Común es lo único que facilita un mensaje de prosperidad, donde todo hombre que trabaje para una economía real dispondrá de sus atribuciones, aumentadas desde los colores vivos de cada bandera de este mundo si administra -sólo el hombre- su colaboración con la vida que nos proponemos. Una vida que solamente consista en ejercer la fuerza de las culturas macroeconómicas a través de la deliberación de las directivas que exaltan la inversión, la exportación, las conquistas de las transnacionales como método para intentar de una vez por todas transformar este mundo.  

Les recuerdo, lectores de este diario considerado por la revista Forbes como el más especializado e influyente en los últimos siglos, que fue Karl Marx quien teorizó de qué manera la pobreza debería habitar en cada casa, de qué manera el obrero debería reprimirse a la hora de alcanzar su competitividad y escalar hacia la interpretación de su verdadera identidad, una identidad que comienza por las fases optimistas de la consistencia de la superación, de la motivación, de encontrar en los canales adecuados todo el material que le conduzca hasta lo más alto. 

Llevamos demostrado, los que, como yo, creemos en que los Estados deben aspirar a una mayor distribución de la riqueza, que es el flujo del Capital anexionado al itinerario de la conducta humana, el fermoso y Amore Caro adalid para hallar ese Método que permita superar todas las dificultades y, cuando decimos todos, son Todas. El único inconveniente que detiene este Tiempo Moderno es la memoria de aquellos que se propusieron igualar todo avance de la era industrial, de las nuevas tecnologías, de la justicia global hacia un mundo que estaba deshumanizado. Toda humanización proseguirá la modificación de los siglos en que se quiso enterrar la evolución hasta los confines de los astros. La astrología, como derivado de una época en que debe ser recomenzada, atisba los planes que presuponen los programas políticos de toda sociedad. La sociedad avanza si el dinero y su competitividad se remueven desde el fango que algunos teóricos del marxismo o del socialismo utópico quisieron imponer no sin violencia. 

Como ejemplo de este tiempo moderno, proponemos la obligación de que exista en todos los hogares del entero mundo un “cine de barrio” en donde se pueda cada mañana al despertarse cada quisque visionar la película “Tiempos modernos”, Charles Chaplin, 1936. Resumiré el objetivo de este maravillo film de un hombre que era cómico en la ficción, pero un gran humanista en la realidad. Digamos que la película es una reflexión sobre el cine, sobre la era dorada del cine. Esa Era Dorada coincidió con el auge de la industria y la automatización. El personaje, Charlie, es, como siempre, un picaruelo, un vagamundos, por lo que en su condición de tal, su itinerario es confuso y exuberante de senderos de polvo y hojarascas y olvido. Pero, la persona real, esto es, Charles Chaplin, adopta un punto de vista opuesto y anda que te anda saldrá hacia delante, si bien, no conseguirá triunfar en la Sociedad. Charlot sigue siendo un descastado, un… lo que ustedes, amigos lectores, quieran poner. Conclusión: ni el capitalismo ni el comunismo de la época habían servido ni para sonarse la nariz en los grandes símbolos, sobre todo banderas, del mundo civilizado. Charlot es una clara parábola que descifra lo siguiente: el mundo industrial pase lo que pase seguirá esclavizando al individuo con la simiesca impostura con tal de hacerlo productivo. Pero Ch., que está entre Superman y Superlópez, dice no: para él, un suponer, beber leche significa ordeñarla directamente de una vaca que paste en las dehesas de la naturaleza en su origen y multiplicidad. ¿Cómo conseguirlo? Muy fácil: se trata de bailar, patinar, pasear, reír, soñar tocando el suelo, en definitiva, aproximarse a ese gran océano que es la vida misma y en sí misma. Sentencias: “Robar para comer forma parte de la naturaleza humana”. “Un ladrón que entra en un hipermercado para robar tres naranjas y una botella de agua Vichí Catalán no debe acabar en prisión”. “Nuestro El Lute, por sisar una gallinácea, fue el hombre más buscado por la policía franquista”. “Mientras tanto, un político corrupto en el Mundo Global adquiere trato de favor gracias a esos tres poderes que emanan del pueblo, según Montesquieu en su libro ‘El espíritu de las leyes’, y que son el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial”. The End: El poder de la ficción de Chaplin es el de mostrarnos la violencia que subyace en la sociedad; la violencia de la vida; la violencia real; la que seguimos encontrándonos en este día 8 de enero de 2019 entre la Gente.   

Continúo, pues, con este artículo mío en el Financial Times: nosotros, los que pensamos en el recorrido racionalista que se debe constatar con los planes de reelaboración de nuevas estrategias económicas, seguimos insistiendo en que no hay nada mejor para plantear un Sistema donde todos podamos asistir al aumento de los niveles de prosperidad y multiculturalismo, pero siempre desde la firme creencia en el modelo financiero que asiste a todas las políticas monetarias restrictivas, las cuales facilitan el aumento de tasas de interés o reducen la oferta del dinero. De este modo, deberíamos ser conscientes a la hora de combatir “conditio sine qua non” la inflación o la devaluación del Capital. En este sentido, no nos queda otra que la necesidad de inhibir el crecimiento económico con tal de no volver a caer en esta nueva -digámoslo claro y sin complejos- defenestrante ocasionalidad que no nos conduce a otro lugar más horripilante sino al nunca jamás, esto es, la urgencia de disminuir el flujo de exportaciones, etc, etc. ¿Por qué, como analista económico y jefe de redacción de este periódico siempre tan excelso en intereses comunes, digo lo que pienso, aunque -sinceramente- nunca piense lo que digo? Creo que es tanta la claridad de mi idea que no hay sombra ni niebla que la pueda taponar. He ahí nuestra receta:  

Se ha de evitar a toda costa que se perpetúe la deuda interna de cada Estado. Por consiguiente, y con la severa oración escrita en mi frente, que es en la que únicamente creo, quiero decir, en mis dos dedos de frente, se ha de designar, cueste lo que cueste, la evitación de los ciclos del mercado. El mercado debe ser una constancia permanente, de arriba hacia abajo, de norte a sur, de izquierda a derecha y del centro de la Tierra hasta el último planeta tan cercano al Sol fotografiado recientemente por la NASA. No era otra la fastuosa tarea de aquel inglés tan polifacético nacido en 1883 y muerto un aciago 21 de abril de 1946 cuyo nombre todos recordamos: John Maynard Keynes. Ah, aquel infarto a causa de tanta presión y tanto trabajo que aquel economista británico tuvo que soportar a la hora de solucionar tantísimos problemas financieros tras la infausta Segunda Guerra Mundial. Que Dios lo tenga en su gloria, o, mejor dicho, que la gloria de su dios lo tenga en… y qué coño sé yo de filosofía, teología, matemáticas o simple literatura como Keynes sabía y leía y aplicaba no para su bien, sino para el bien global. Lo único real y verdadero es que este dicharachero y revolucionario inglés pasó a mejor vida en el número 46 de Gordon Square, en Londres, su residencia desde 1916 hasta que la palmó. Aunque, si vamos a lo que vamos, lo que no podemos poner en duda es que, en ésa su habilidad un tanto extraña y con mucho pajarito de colores, descubrió un término que hoy todavía nos hiela el corazón: Mon Dieu¡ Oh, là, là, Merde¡ Pouah¡ Que el palabrón es éste: Macroeconomía.  

Keynes, no lo olvidemos, queridos colegas, y su escuela, produjeron el sopor de la verdadera libertad de los procesos entonces y todavía hoy en marcha sobre la imprescindible liberalización de todo lo que se va generando mientras se va construyendo, vamos, como los altos rascacielos de aquel tiempo, de éste y del que vendrá, esto es, los de la gran ciudad de New York. En ese sentido, son recomendables, como defensa de un acertado ejercicio de equilibrio y sostenibilidad, para que un Estado sea dinámico y responsable, las políticas fiscales restrictivas, como los impuestos sobre el consumo, mientras que, como contrapartida, se aminoren las exigencias a la producción y a la renta. No es necesario, pues, un gasto público exagerado, en todo caso, el imprescindible, con el convencimiento de que, si se sanean las finanzas públicas, se fortalecerá la real demostración de la efectividad de los pueblos.  

Y yo quiero aquí alzar mi voz hacia la columna vertebral que debe erigirse ante la liberación del comercio con la imaginativa creencia de que ello distribuirá la riqueza en todos los ejes de este planeta, pues es el comercio, y todo lo que conlleva esta aventura inteligente, el que amplía los agentes en el mercado, la mayor productividad, la generación de economías de escala, el aprovechamiento de ventajas competitivas relativas. No obstante, somos conscientes que no hay mal que por bien no venga, por lo que debe permanecer este recordatorio -y no me queda más remedio que urdir un insulto muy hispánico, el cual es éste: “que se jodan”-: será posible retornar a la colonización, esto es, hacer uso de la mano de obra barata o de potentes infraestructuras y un buen ojo en cada lado de los mares que nos acogen. La Macroeconomía no debe repetir el desencanto de una Edad Media en que el trueque y la avaricia desestabilizaron los órdenes previstos. Toda la Historia de la Memoria hasta hoy se fundó en la aleación del medievalismo, por eso debe cumplir con su papel para patentar la figura de todo hombre moderno. Sin Economía no hay Modernidad. Los Estados deben frecuentar los sistemas financieros para su propia salvación como herramientas que sólo opten por lo público, como aquella estalinización de antaño en que la mecánica de la industria sólo repercutía como vanagloria de sus vándalos.     

De modo que, eso pienso, por algo me merezco una firma en este periódico, la Globalización Económica, Social, Cultural y Humana, que no es otra cosa que la evolución necesaria y ajustada del nacimiento de la industrialización inglesa producida entre la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX, está obteniendo formidables resultados en la nueva genética socioeconómica que está llevando a la moderna fusión de los mundos. Y es que los Mundos, no lo olvidemos nunca, son uno, desde que se traspasó la sociedad agraria a la sociedad mercantil, la habitabilidad rural al proceso imperenne de la urbanidad, de la manufactura a la maquifactura, del uso de la mano –la mano sólo es una parte del cuerpo- al uso de capitales. Todo desarrollo planetario conviene a los países en que están laminados por la pobreza. La Aldea Global conlleva la regulación de la ascensión de la humanidad hasta parámetros todavía incalculables, como bien entendieron los pensadores de la Escuela de Chicago, con ideólogos como Friedman, Bullanan y Tollison.  

Amigos que me amáis mientras esto leéis: os diré que yo estudié siempre el comportamiento que se estaba ejerciendo desde el Poder para intentar mantener el idilio cósmico que representa dejar en manos de la política el difícil engranaje de la paridad, la distribución y ese caudal que es tesoro para nuestra Reserva Federal, el cual no es otro que el de los bienes públicos. No hay mayor error en ello, pues sólo desde el humanismo de la productividad y la externalización de la riqueza, entendida como un uso común de todo proceso global, se comprenderán de qué manera Hayek y Von Misses, desde la Escuela de Austria, fueron capaces de convencer al mundo, junto con los minimalistas Nozick y los libertarios Rothbard o David Friedman, de que era una justa decisión desmantelar a los Estados, porque todo Estado no es sino una cruel, simpática, narcisista y simonía -véase Simón el Mago- renovación de todo totalitarismo. 

Y he aquí mi última pregunta para quién quiera lanzar sus comentarios en este periódico digital:

¿Qué es para usted en estos momentos, principio de año 2019, el significado de TOTALITARISMO?

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