1º El miércoles 16 de Enero, poco antes de las 5 de la tarde, mes y medio después de la celebración de las elecciones andaluzas, Juan Manuel Moreno Bonilla fue investido como Presidente de la Junta de Andalucía, con el apoyo de los 21 diputados de Ciudadanos y los 12 de Vox, amén -nunca mejor dicho- de los 27 representantes que el Partido Popular consiguió en las elecciones celebradas el 2 de Diciembre.

La izquierda parlamentaria, por primera vez en su totalidad en la oposición, parece un niño pidiéndole a su madre cinco minutos más el primer día de clase después de las vacaciones. El niño, claro, sabe que tiene que ir, aunque apenas se acuerde de cómo era eso de no hacer casi todo lo que le venía en gana después de tres meses de sentirse el rey del mundo. Y quien dice 3 meses dice 37 años.

“La izquierda parlamentaria, por primera vez en su totalidad en la oposición, parece un niño pidiéndole a su madre cinco minutos más el primer día de clase después de las vacaciones”

La derecha, por su parte, vive en un momento agridulce: Ciudadanos está viviendo con Vox lo mismo que vivió el PP con ellos, el PP se abraza a la que quizá sea su última ocasión para liderar la que ha sido su mitad del espectro político durante 40 años, y Vox… bueno, algo me dice que en Vox van a darse cuenta muy pronto de lo que hacen (¿hacemos?) los medios y la sociedad civil en España después de aupar a los nuevos a posiciones de poder. Empezamos con Irán. Veremos. Sin embargo, el poder, como las vacaciones, lo cura todo. Cuando Juan Marín y Moreno Bonilla lleguen a casa, se quiten los zapatos, se dejen caer en el sofá, miren el WhatsApp y vean los novecientos mensajes felicitándoles y pidiendo favores van a sonreír algo más que Susana Díaz, a la que se le gastó el poder de tanto usarlo.

 

2º En las jornadas previas a las elecciones, el que escribe estuvo en Andalucía para ver qué estaba pasando antes de unos comicios que se preveían -al menos desde los medios de Madrid- mucho más continuistas de lo que lo han sido. Digo esto porque la sensación que había en el Puerto de Santa María, Sevilla, Jaén o Arcos de la Frontera en los bares, las calles y las instituciones era muy diferente. El hartazgo, aburrimiento o desapego con la gestión de los socialistas era evidente. Mercedes, gaditana en los cincuenta y pico, comentaba: “No pienso ir a votar. Yo en toda mi vida solo he votado al PSOE, y después de todo lo que ha pasado, que ya no me creo nada, que se olviden de mi voto”.

Mientras, en un bar de Arcos de la Frontera, Isidro, el dueño, que se había fotografiado con Pablo Casado en su tour por las provincias andaluzas, bromeaba con la clientela -joven, en su mayoría- con el susto que se iba a llevar Susana Díaz en las elecciones. Se quedó corto. La ya expresidenta de la Junta de Andalucía no ha cambiado el rictus desde entonces. La juventud, habitual sustentadora de la izquierda, se podía dividir en dos grupos. El primero los presumibles votantes de centro derecha que si bien no sabían todos detalles concretos de los programas de los partidos sabían bien quién defendía lo que ellos: tradición, negocios y echar al PSOE. El segundo grupo, el de los más afines a la izquierda, reflejaba a la perfección lo que las encuestas no supieron ver: desafección por la política, apoyo preferente a Adelante Andalucía por sus propuestas sociales pero principalmente como alternativa al PSOE. Manuel, 29 años, votante reconocido de Adelante Andalucía, lo tenía claro: “Andalucía necesita un cambio después de los cuarenta años de PSOE. La política del PSOE-A hará que cambie el voto. Se ha ido a la derecha. Y yo, siendo de izquierdas, no les voy a volver a votar”.

Vox aparecía en las conversaciones de la calle como cuando se habla de la nueva pareja de tu ex en una fiesta. Con interés y miedo a partes iguales. Esta vez sucedió como en las comedias de enredo: Vox llegó y dejó a todo el mundo con la charla a medias.

“El centro-derecha y la derecha estaban impacientes por echar al PSOE. La izquierda de Adelante Andalucía también quería un cambio, aunque se supiera imposible vencedor de las elecciones y condenada a la oposición; y el centro izquierda ni estuvo ni se le esperó”

En resumen. El centro-derecha y la derecha estaban impacientes por echar al PSOE. La izquierda de Adelante Andalucía también quería un cambio, aunque se supiera imposible vencedor de las elecciones y por lo tanto, condenada a la oposición; y el centro izquierda ni estuvo ni se le esperó. Se quedó clavado en las instituciones.

 

Íñigo Errejón, cofundador de Podemos, abandona el cada día más maltrecho proyecto de Pablo Iglesias para sumarse a Más Madrid, el proyecto de Manuela Carmena, para ganar Ayuntamiento y Comunidad de Madrid. Carmena se va de rositas porque después de conseguir ganar hace cuatro años y después, también, de tantas batallas, tiene músculo electoral suficiente y un organigrama propio lo suficientemente fuerte como para salir a ganar las elecciones municipales; Errejón, sin embargo, no ha tenido tanta suerte. Iglesias ya ha entonado el Et tu, Brute? para, limpiándose las lágrimas segundos después, como el Ángel Caído de Cabanel, declarar: “Con todo el respeto, Íñigo no es Manuela”, Echenique le ha invitado a que abandone el Congreso de los Diputados, aunque “de algún modo tiene que vivir hasta mayo” e Irene Montero ha dicho que está harta de que se les pregunte por los procesos internos del partido.

El motivo de todo este caos es el terremoto político andaluz. Para los escépticos un botón:

“A veces los partidos caen en un cierto ensimismamiento y siguen una cierta inercia, como al trantrán, a pesar de los toques de atención que nos da la realidad. Y Andalucía nos ha dado un toque de atención muy serio. Andalucía nos ha dicho que hay que reaccionar, que hace falta un revulsivo.”

Esto decía Íñigo Errejón ayer mismo con Angels Barceló en Hora25 de la Cadena SER. Y el nuevo candidato de Más Madrid para la Comunidad -al que se le pueden criticar según que elección de tiempos, pero no su pragmatismo y su visión política- parece que no quiere ver como a la izquierda abstencionista andaluza le sale una melliza en Madrid: si la derecha ha ganado dividiéndose, incluyendo hasta a tres partidos que representan a una parte muy extensa del electorado, ellos podrán hacer lo mismo.

“Si la derecha ha ganado dividiéndose, incluyendo hasta a tres partidos que representan a una parte muy extensa del electorado, ellos podrán hacer lo mismo”

 

4º Los efectos del cambio político andaluz no están haciéndose de rogar, y todavía no ha entrado el nuevo gobierno en San Telmo; tampoco ha empezado la inminente precampaña de las triples elecciones de primavera.

Ojalá igual que en el documental de León Siminiani ‘Apuntes para una película de atracos’ el Flako, protagonista, experto butronero, nos muestra años después los entresijos de la técnica que le llevo a ser el ladrón más buscado de nuestro país y a la cárcel; alguien, más pronto que tarde, salga, aunque sea enmascarado, para contarnos qué está pasando realmente en política en nuestro país.

“Son tiempos nuevos y raros para la política, en los que importan más los pactos y la revancha que las propuestas”

Son tiempos nuevos y raros para la política, en los que importan más los pactos y la revancha que las propuestas. Así, María, sanluqueña de 20 años, lo dejaba claro cuando se le preguntaba por el candidato del PP -partido al que decía, iba a votar “sí o sí”- un par de días antes del 2D. –“Sí, voy a votar a Pablo, se le ve con ganas de cambiar las cosas” -¿Y Juanma Moreno? -Ah, sí, ese también me gusta mucho.”

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