Susana Díaz ha anunciado que disuelve el parlamento andaluz y adelanta las elecciones autonómicas que tendrían que celebrarse en marzo del año que vienen al próximo 2 de diciembre. Viene siendo habitual que las andaluzas no coincidan con el resto de elecciones regionales que siguen al compás de las municipales y esto es, fundamentalmente, porque quienes ostentan el poder en el sur, de manera ininterrumpida desde el advenimiento de la democracia, tienen sus propios tiempos electorales.

Hay regiones, como Madrid, en las que se entiende que mantener la coincidencia con las municipales (únicas elecciones en España con fecha fija e indisponible por los actores políticos) es beneficioso porque incrementa la participación y esto favorece a quien tiene el poder y la potestad de adelantar o retrasar los comicios.

Hay regiones, como Madrid, en las que se entiende que mantener la coincidencia con las municipales es beneficioso porque incrementa la participación y esto favorece a quien tiene el poder.

Hay otras, como Cataluña, donde la ingobernabilidad, debido al proceso independentista ahora, o a las tensiones del soberanismo antaño, es de tal magnitud que las elecciones autonómicas se suceden una tras otra en los cuatro años que dura un gobierno municipal sin que los que están coyunturalmente al frente de la región, puedan evitarlo.

Que la fecha de las elecciones dependa del interés del que tiene la potestad de disolver parlamentos y convocarlas hace que éste movimiento se haga bien por necesidad, cuando no tienes manera de gobernar (caso catalán en las últimas ocasiones) o por cálculo electoral (como hizo Pepe Griñán en Andalucía en 2012 desvinculándolas por primera vez de las generales para evitar el demoledor efecto Zapatero).

En el caso que nos ocupa se unen ambas cuestiones, de una parte, por cálculo electoral, Susana Díaz no quería que las elecciones andaluzas coincidieran con un posible adelanto de las generales por parte de Pedro Sánchez en marzo del año que viene y que éste resultara un lastre que, para flotar, hundiera las expectativas del PSOE andaluz. De otra, la intransigente postura del líder andaluz de Ciudadanos, Marín, rompiendo el acuerdo con los socialistas por no eliminar los aforamientos de políticos en Andalucía, ponía al gobierno regional en una delicada situación de aparente inestabilidad  brindaba en bandeja la excusa perfecta a la presidenta.

Lo que no tengo tan claro es que Marín, perfecto conocedor de los entresijos del PSOE andaluz, con el que gobernó el Ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda no buscara realmente ese efecto, quizás porque Albert Rivera quiera probar a su formación en un entorno real (no en encuestas más o menos interesadas) como lo son unas elecciones autonómicas y así valorar sus opciones reales de cara a mayo del año que viene donde estará en juego la mayoría del poder territorial en España. Sin duda, hasta qué punto Ciudadanos crecerá es una de las grandes incógnitas de futuras votaciones.

Esto explicaría que, en lugar de dejar que su líder regional y candidato, Marín, lleve a cabo su campaña regional, sean los dos grandes pesos pesados de la formación naranja, Inés Arrimadas y Albert Rivera, quienes parezcan llevar la voz cantante de la campaña de Ciudadanos en Andalucía.

“… en lugar de dejar que su candidato Marín lleve a cabo su campaña regional, sean los dos grandes pesos pesados de la formación naranja, Inés Arrimadas y Albert Rivera, quienes parezcan llevar la voz cantante de la campaña de Cs en Andalucía”

Aunque una vez se ponen las urnas no hay nada seguro salvo que los votantes son libres e impredecibles, tengo la impresión de que volverá a ganar Susana Díaz, quizás perdiendo un par o tres diputados (lo que será un gran triunfo después de tantos años en el poder y con el daño mediático del juicio de los EREs), el PP bajará pero se mantendrá segundo y Ciudadanos quedará tercero sumando en torno a diez diputados regionales más. Podemos e IU se quedarán como están, y gracias, porque es difícil hacerlo peor en este arranque de campaña electoral.

Con un escenario así, la socialista volverá a ser la presidenta de la Junta de Andalucía porque es bastante poco probable que PP y Ciudadanos sumen los 55 diputados que se necesitan para gobernar ya que entre ellos mantienen un juego de suma cero, lo que uno pierde lo recoge el otro pero no pescan apenas en el caladero del PSOE. Incluso, sumando lo necesario, no parece probable que Ciudadanos hiciera presidente a Moreno Bonilla si queda segundo porque le rompería el discurso que mantiene a nivel nacional de que gobierne la lista más votada, dándoles la apariencia de muleta del PP en su peor momento y podría perjudicarles en el resto de votaciones el año que viene.

“El único riesgo para Susana Díaz sería que Cs quedara por delante del PP y junto con los populares sumaran los 55 escaños. Sinceramente, lo veo poco probable”

El único riesgo para Susana Díaz pasaría porque Ciudadanos quedara por delante del PP y junto con los populares sumaran los 55 escaños que representan la mayoría absoluta en el parlamento andaluz. Así, Marín podría ser presidente con el apoyo de Moreno Bonilla y apuntarse el tanto de haber desbancado al histórico socialismo andaluz del único poder territorial que jamás ha cambiado de manos. Sinceramente, lo veo poco probable.

 

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