La expresión “cruzar el Rubicón” remite a la antigua Roma. Al cruzar el pequeño riachuelo, hoy desaparecido, con sus tropas, César inició la guerra civil contra Pompeyo. Dijo entonces aquello de alea iacta est [la suerte está echada]. Ambas frases se siguen hoy usando para describir una decisión grave de consecuencias imprevisibles que, una vez llevada a cabo, ya no tiene marcha atrás. Ayer con el reconocimiento de las Donetsk y Luhansk como Estados, parecería que Putin cruzó el Rubicón. Hoy da un paso más enviando tropas. Sin embargo, se trata de un Rubicón de atrezo, de cartón maché azulado sin caudal de ninguna clase.

Hace unas semanas escribí que era infundado el temor a una guerra a gran escala entre Rusia y los países de la OTAN. Lo mantengo sin duda alguna, por los mismos motivos que di entonces: a nadie interesa una guerra de destrucción total. Básicamente, porque no habría ganadores ni cosa que ganar.

“Con el reconocimiento de las Donetsk y Luhansk como Estados, parecería que Putin cruzó el Rubicón… un Rubicón de atrezo”

Cuestión aparte es el conflicto armado a menor escala en el este de Ucrania. Ese conflicto ahora se reaviva, pero nunca se ha apagado del todo. La participación de Rusia en una él no es ninguna novedad. Lo alimenta con armas, hombres, logística y dinero desde hace años. Y sus víctimas son siempre ese mar de desdichados anónimos.

¿Qué cambia con el reconocimiento de Luhansk y Donetsk? Poca cosa en la práctica, sobre todo para las personas que sufren el conflicto de cerca. Sin embargo, eso no significa que todo siga igual.

Al reconocer a ambas regiones como Estados independientes Moscú rompe de facto los Acuerdos de Paz de Minsk (2014). Su gobierno se dota ahora legitimidad ante su propia ley para intervenir abiertamente en Ucrania. Esto significa que probablemente intensifique su participación en el conflicto, de manera mucho más descarada.

“Al reconocer a ambas regiones como Estados independientes Moscú rompe de facto los Acuerdos de Paz de Minsk”

Además, el gobierno ruso no ha limitado su reconocimiento de Luhansk y Donetsk a las regiones que ya controlan sus tropas y grupos paramilitares pro rusos, sino que lo hace extensivo a los territorios reclamados por esos países autoproclamados. En otras palabras, para el Kremlin la región del Dombás ya no pertenece a la República de Ucrania, que todavía controla cerca de la mitad del Dombás.

De forma tácita, Putin acusa así al gobierno de Kiev de invadir… su propio territorio. ¿Kafkiano verdad? Pues así funciona la política internacional en tiempos convulsos.

Con este paso, el gobierno ruso refuerza su amenaza a Ucrania. Prácticamente, le está diciendo que a partir de ahora, a sus ojos enviar tropas rusas a ciertas regiones ucranianas, no constituiría una invasión, sino una liberación de territorio de dos naciones aliadas. Incluso, podría justificar la ocupación provisional de otras partes del país, como Kíev, para proteger a sus aliados y a sí mismo.

“Putin acusa así al gobierno de Kiev de invadir… su propio territorio”

Pero hasta el mejor jugador de póker se traiciona cuando la tensión es máxima y ayer Putin nos dejó una declaración extraña en boca de un hombre realmente dispuesto a entrar en guerra: si Ucrania se compromete a no entrar jamás en la OTAN por escrito y reconoce la anexión rusa de Crimea, Rusia dará marcha atrás en el reconocimiento a Donetsk y Luhanks como repúblicas independientes.

¿Rusia puede aplastar a Ucrania? Sin duda puede ganarle una guerra rápida en el campo de batalla, pero, a partir de ahí, su situación se complicaría. Aunque las regiones étnicamente rusas del país acogerían bien a los ocupantes, los ucranianos no tardarían en emprender acciones de resistencia armada que convertirían en un infierno una operación militar de coste disparatado.

“Pero Putin también dijo que si Ucrania sno entra jamás en la OTAN y le reconoce la anexión rusa de Crimea, dará marcha atrás en el reconocimiento a Donetsk y Luhanks”

En el medio plazo, el factor económico se haría más insoportable para el Kremlin que el coste de vidas humanas. Por otro lado, Putin ya sabemos que no puede anexionarse el este ucraniano como hizo con Crimea, su sistema público de prensiones reventaría.

La pregunta hoy sigue siendo la misma que hace un mes: ¿qué quiere Putin? ¿Defenderse de la OTAN? Más bien no. Su objetivo es mantener a Ucrania integrada en la órbita económica rusa, pues si esta se integrara en occidente, Moscú no sólo sufriría un duro golpe que agravaría su cada vez más desigual alianza con Pekín, sino que ahondaría en su pérdida de influencia política en el Viejo Continente.

En ese sentido Putin es rehén de su propia estrategia. Si Ucrania se convierte en una zona de conflicto a largo plazo, su economía lo pagará muy caro. Las sanciones de que Rusia arrastra desde la ocupación de Crimea ya le pasan factura a su país, que, por cierto, tampoco es invulnerable a los vaivenes de la economía global ni al COVID. Ahora se le vienen encima otras sanciones y Alemania le canceló ayer el gaseoducto del Báltico; más de 22.000 millones a la basura para la mayor empresa de gas ruso.

“Si Ucrania se convierte en una zona de conflicto a largo plazo, la economía rusa lo pagará muy caro”

Si Ucrania reconoce su anexión de Crimea y él se retira del Dombás, todas las sanciones económicas se levantan de golpe. Sin duda sería un escenario de ensueño para el Presidente de todas las Rusias, sólo mejorable si Ucrania se mantiene integrada en la esfera político-económica del Este.

Aquí surge una duda: ¿podría plantearse un ataque rápido sobre Ucrania que llevase a la entronización de un gobierno títere pro ruso? Este gobierno reconoce la anexión de Crimea, firma acuerdos comerciales con Moscú y fin de la partida…

Aunque esto no sea 100% descartable, resulta muy improbable. Los riesgos de semejante plan superan con creces a sus posibilidades de éxito. Un gobierno títere no se sostendría sin una fuerte presencia de tropas y apoyo financiero ruso. Por tanto, sí, Ucrania se integraría en la órbita rusa, pero a un coste tan elevado, que difícilmente haría rentable la operación.

“¿Podría plantearse un ataque rápido sobre Ucrania que llevase a la entronización de un gobierno títere pro ruso? Muy improbable”

La comunidad internacional nunca reconocería a ese hipotético gobierno, con lo cual las sanciones pervivirían. Sin mencionar que tan pronto como cayera ese gobierno títere, se volvería a la casilla de salida, con una Ucrania redobladamente convencida en la necesidad de alejarse de Rusia.

Nunca puedes destacar que una potencia mundial tome una decisión realmente absurda. Y es que, si bien sus servicios de inteligencia son lo bastante listos para descartar guerras que llevarían a la destrucción mundial, lo de esquivar conflictos costosos pero patrióticos se lleva peor.

Pese a ello juzgo más probable que Putin trate de renegociar unos nuevos acuerdos de paz o cualquier escenario que le permita salvaguardar su liderazgo interno, sin quemarse más en lo económico. Pero hasta que eso llegue nos esperan unos días trágicos.

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