En Asia, el Imperio Británico llegó a adueñarse de casi toda la costa índica. En esa zona, la bandera del Reino Unido se izó sobre el sur de Arabia, Malasia, Singapur, la Isla de Ceilán y el Raj Británico. Esta última, una inmensa colonia, englobaba los actuales Estados de India, Pakistán, Bangladesh y Birmania.

Las ambiciones británicas se detuvieron por el este frente a Siam, hoy Tailandia, pues en caso de haberla invadido, Francia habría hecho lo propio desde la Indochina Francesa –Laos, Vietnam y Camboya- dando lugar a una gran guerra entre los dos imperios que nadie deseaba. Colonizar Persia, hoy Irán, se descartó. Después de todo, su monarca, el Sha, hizo numerosas concesiones a las potencias occidentales. En cuanto a Afganistán, logró salvaguardar su independencia, ante el poco atractivo de su escasa riqueza y porque un poco como en Tailandia, los británicos sabían que en caso de invadirlo también lo haría la Rusia de los zares.

«El Raj Británico mereció el nombre de joya del Imperio. Como colonia fue inmensamente rentable en cuanto a la obtención de materias primas. Su ocupación no fue especialmente difícil»

El Raj Británico mereció el nombre de joya del Imperio. Como colonia fue inmensamente rentable en cuanto a la obtención de materias primas. Su ocupación no fue especialmente difícil. La resistencia fue escasa, en particular en la actual India. Los británicos encontraron un puzle de monarquías. Estas fueron llegando a acuerdos comerciales y políticos con la Compañía de las Indias Orientales, una empresa pública que dependía directamente de la Corona inglesa. Poco a poco, esos reinos dejaron de ser entidades soberanas, si bien, los príncipes pudieron mantener su nivel de vida.

No obstante, la ocupación no estuvo exenta de luchas. En 1857, una revuelta de nativos incorporados como soldados de la Compañía de las Indias Orientales, llamados cipayos, provocó un motín en toda la colonia. Un año más tarde, se hicieron reformas en la forma de gobernarla, creando un Virreinato dividido en diversas provincias cuyos gobiernos permitían cierto diálogo y participación con las estructuras sociales autóctonas. Pese a ello, los habitantes del Raj seguían siendo colonizados y el trato que recibían no era precisamente amable. Una idea de esta dureza nos la da el hecho de que el propio Príncipe de Gales, futuro rey Eduardo VII, escribió a su madre, la reina Victoria y al gobierno de Londres protestando por los abusos y maltratos a la población nativa, cuando visitó la colonia durante una gira de ocho meses en 1875.

Dos años más tarde, a instancias del Primer Ministro Disraeli, el Parlamento Británico creó el título de “Emperatriz de la India” para la reina, que sus sucesores ostentarían hasta 1950. Para los indios, este título tuvo escaso o ningún impacto en sus vidas.

«El movimiento independentista fue ganando fuerza a partir de la Primer Guerra Mundial. En 1920, Gandhi asume el liderazgo del partido político, Congreso Nacional Indio, fundado por intelectuales hindús en 1885»

El movimiento independentista fue ganando fuerza a partir de la Primer Guerra Mundial. En 1920, Gandhi asume el liderazgo del partido político, Congreso Nacional Indio, fundado por intelectuales hindús en 1885. A la popular figura de Gandhi, quien promovía la lucha pacífica inspirado por Tolstoi, se le unió un personaje más pragmático, Neru, futuro Primer Ministro de la India independiente entre 1947 y 1964. Aunque las protestas masivas y huelgas de hambre de Gandhi causaron más presión sobre las autoridades coloniales, otros grupos políticos no renunciaron a la lucha armada. Entre ellos destaca la figura de Subhas Chandra Bose, quien durante la Segunda Guerra Mundial marchó con numerosos voluntarios para luchar al lado de los japoneses cuando estos ocuparon la Birmania británica. Incluso llegó a formar un gobierno Indio bajo la protección del Imperio del Sol Naciente con la esperanza de que estos liberaran a la India.

Lo que habría pasado si la guerra hubiese tomado otra dirección ya nunca lo sabremos, pero los japoneses, entonces convencidos de ser una raza divina llamada a gobernar Asia, probablemente, hubiesen tratado a la India con el mismo rigor y opresión que ya habían dispensado a Corea, China, Indonesia y otros países que cayeron bajo su poder. En definitiva, hubiesen cambiado a una potencia colonizadora por otra, quizás inclusive peor. Chandra Bose, murió al final de la Segunda Guerra Mundial, en un accidente aéreo.

Desde hacía una década, los ingleses eran conscientes que preservar el status quo de su colonia era absolutamente inviable. La Segunda Guerra Mundial pospuso los planes de reforma con los que aspiraban a evitar una independencia radical. En 1945, los laboristas echaron a los conservadores de Downing Street. El nuevo Premier, Attlee, más preocupado por construir el Estado del Bienestar en las islas británicas que por aferrarse al anacrónico sueño imperial dio luz verde para iniciar un paulatino proceso de descolonización. Incluso durante el gobierno de Churchill, ante el avance de los japoneses por el golfo de Bengala e Indochina, ya se había prometido al Congreso Nacional Indio una mejora sustancial de su autogobierno e incluso una virtual independencia, a fin de evitar un alzamiento pro japonés en las antiguas colonias.

«el nuevo Virrey de la India diseñó un plan para dividir la antigua colonia en tres Estados Independientes que mantendrían estrechos lazos con la metrópoli y al Rey como Jefe de Estado. El aristócrata inglés pretendía dar alguna salida a las tensiones entre musulmanes e hindús»

En 1947, el nuevo Virrey de la India y miembro de la Familia Real, Lord Mountbatten diseñó un plan para dividir la antigua colonia en tres dominios, es decir, tres Estados Independientes que mantendrían estrechos lazos con la metrópoli y al Rey como Jefe de Estado. Con su plan, el aristócrata inglés pretendía dar alguna salida a las tensiones entre musulmanes e hindús. Los musulmanes -y los sijs- reclamaban su propio Estado, para escapar a la hegemonía hindú a la que aspiraba el Congreso Nacional Indio en una nación independiente.

Para ello, Mountbatten estableció, por una parte el dominio de Birmania, el de la India y el de Pakistán, “tierra de los puros”. Destinado a acoger a la población musulmana, este último dominio abarcaría los actuales Pakistán y Bangladesh. Al Plan Mountbatten se le han criticado muchas cosas por sus contemporáneos e historiadores posteriores. Se le afea lo que es un clásico de la descolonización: ignorar la composición demográfica de las regiones y construir tres Estados tomando como base las provincias británicas de la colonia. Más aún, se ha tildado de disparate que pretendiera que musulmanes e hindúes migraran masivamente para que India y Pakistán quedaran poblados únicamente, o la menos de manera mayoritaria, por hindús y musulmanes, respectivamente. Eso sí, nada se la ha criticado tanto como pretender que Pakistán y Bangladesh funcionarán como un solo Estado.

Los planes británicos no salieron bien. En 1948, Birmania se constituyó en república. Ese mismo año, tras el asesinato de Gandhi, las tensiones entre los nuevos Dominios de India y Pakistán y sus grupos étnicos se agravaron. En 1950, la India se proclamó en república, rompiendo definitivamente con la monarquía inglesa. En el contexto de la Guerra Fría este país se convirtió en una potencia nuclear que encabezaría junto a Yugoslavia e Indonesia la llamada corriente de los “no alineados”. Aunque incómoda con el capitalismo norteamericano y su política exterior, un país tan religioso tampoco podía sentirse cómodo con la línea política soviética.

«se ha tildado de disparate que pretendiera que musulmanes e hindúes migraran masivamente para que India y Pakistán quedaran poblados únicamente por hindús y musulmanes, respectivamente, ASÍ como pretender que Pakistán y Bangladesh funcionarán como un solo Estado.»

Pakistán mantuvo su estatus de dominio hasta 1956, cuando también se estableció la república. A su vez, se hizo con un arsenal nuclear propio, toda vez que sus tensiones con la India no iban  a menos. No en vano, gran parte del mundo creyó que al final, la guerra atómica no la empezarían la URSS y EE.UU. sino las dos antiguas colonias británicas. A diferencia de la India, Pakistán no pudo consolidar un régimen democrático estable. Ha padecido varias dictaduras, sin que su estrecha alianza con los EE.UU. durante la Guerra Fría aliviara esta situación. Precisamente, tras una de sus diversas crisis políticas, en 1971, Bangladesh se independizó ante un impotente gobierno de Islamabad que se resignó a reconocerla a finales de ese mismo año

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