Que sí, que estamos de acuerdo. Praga es espectacular. Es romántica, y realmente monumental. Y sí, sin duda es una de las ciudades más bonitas y con más encanto de Europa. Vale, también del mundo. La ciudad de las 100 torres, es una fantasía, es una Florencia Centroeuropea, y tiene unos puentes maravillosos y mucha historia y fascinantes leyendas. Y muchas más cosas, lo sé. Pero ya la he visto. Y tú también. Así que para este viaje vamos a buscar otro destino, alejándonos de la Chequia de postal y souvenir. No, tampoco la medieval Cesky Krumlov ni la renombrada ciudad balneario de Karlovy Vary (aunque está cerca…). Es un pueblecito mucho más pequeño y más desconocido. Se llama Loket. Pero vamos por partes que para degustar esta exquisitez hay que echar la vista atrás, muy atrás…

“Es un pueblecito mucho más pequeño y más desconocido. Se llama Loket. Pero vamos por partes que para degustar esta exquisitez hay que echar la vista atrás, muy atrás…”

Lo primero que hay que tener claro es que Loket es un trozo de la historia de Europa. Porque ya en el Siglo XIV esta localidad fue uno de los lugares predilectos de Carlos IV, el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y Rey de Bohemia, donde había pasado parte de su juventud y más tarde gustaría de pasar largas temporadas. Y es que si hablamos de la historia de Chequia, Loket tiene que estar (y está). El pueblo, donde viven poco más de 3.000 habitantes y que está declarado Monumento Nacional, es realmente bonito y vive marcado por un imponente castillo medieval construido en el Siglo XII y donde el río Ohře, que circunda la villa de Loket en un meandro que da origen al nombre de esta localidad (su nombre significa “codo” y responde a la forma que tiene el centro del pueblo).

Así que hablemos del viejo y siempre respetable Castillo (con mayúscula), santo y seña de Loket. Edificado según los cánones del románico civil fue modificado casi por completo para convertirse ser una de las construcciones defensivas más importantes de toda Bohemia, volviéndose un bastión fundamental en la defensa del territorio (llegó a ser conocido como el «inexpugnable», nada más y nada menos). Y un castillo, para ser Castillo, tiene que haber tenido guerras y asedios, destrucciones e incendios. Y así se puede decir que su mayoría de edad llego en el Siglo XV, cuando en el curso de las guerras husitas, el castillo fue atacado varias veces por los revolucionarios, pero nunca pudieron tomarlo. Pero lo que no logro el plomo lo consiguió el oro, ya que la dinastía Luxemburgo lo terminó hipotecando cuando se vio falta de dinero, y de aquí para allá estuvo, hasta que la propiedad volvió a los poderes públicos a principios del XVII. El castillo se incendió, y se reconstruyó durante varios siglos, hasta que a principios del siglo XIX, la fortaleza fue reconvertida prisión, función que mantuvo hasta la Segunda Guerra Mundial, durante la cual se habilitó allí un campo de prisioneros.

«…podemos solicitar a Gottstein y Strakakal (los dos gnomos que habitan la fortaleza) que nos guíen primero al imponente Museo de la Tortura, para luego más tarde recrearnos con una delicada exposición de porcelana fina»

Pasado, mucho pasado, pero también tiene presente. Porque de la construcción original se conserva extraordinariamente bien la valiosa rotonda, las bases de las torres de guardia y del palacio norte. Y como Chequia es un lugar de contrates, este magnífico castillo también tiene que presentar un sí pero no y así podemos solicitar gentilmente a Gottstein y Strakakal (los dos gnomos que habitan la fortaleza) que nos guíen primero a las mazmorras del complejo para visitar el completo e imponente Museo de la Tortura, para luego más tarde recrearnos con una maravillosa y delicada exposición de porcelana fina.

Pero los tiempos han cambiado, y el Castillo de Loket ya ni es una fortaleza militar ni una prisión pero se puede seguir disfrutando de y se puede disfrutar de su magia y su historia con una gran multitud de festivales, desde conciertos de jazz hasta figuraciones de gestas medievales incluso un maravilloso mercadillo navideño durante diciembre. ¡Ah!, y por si fuera poco, en sus inmediaciones se celebra el campeonato nacional de motocross. Porque Loket es un lugar único y maravilloso con una magia muy especial… ¿sino como iba a ser que aquí celebrara su 70 cumpleaños el famoso literato alemán Goethe?

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