Toca hablar de Madrid pasado el Santo Isidro, patrón de los ‘huevos colgones’ por no sé cuál encíclica. Sí. Se conoce que mi alcaldesa querida (recuerdos a Javi Cid) ha llenado la Pradera de grupos de ‘su cuerda’. No sé. Mi Madrid por fiestas es otro. Monto en bicicleta por la Casa de Campo y se queda Argüelles como en un luto soleado. Saco dinero en un cajero en la Calle de las Flores y me voy al “Nichi”, con fútbol, simpatía y mocedad. O paso por el “Finisterre”, donde Agustín leonea el galleguismo o galleguea el leonesismo con una paella de ‘toma pan y moja’. Argüelles es una teoría de cervezas frías, estudiantes a las que beso, una cobra rubia y demás: y en esto que se me va cayendo el pelo. Madrid en fiestas es un pueblo de la Mancha que se cree andaluz y que tiene una alcaldesa indie. Después veo que Chapu Apaolaza no me mete en el ‘cogollo isidril’ y se lleva al ministro de Tabarnia y a Juanito Soto al burladero. Viene Iban desde Londres/Pamplona/Mordor a descubrir una ciudad que nunca dejó de ser la suya. Y es que en estas estampas madrileñas me voy acordando del Tito Miguel, cordobés de Albacete, fino estilista que lee la prensa a toro pasado y me cuenta que a los niños hay que descapullarlos en un coso. O de Juanito Parra, emprendedor del Bierzo que se diría andaluz. Son estos días de fiesta en los que uno ve el Palacio Real, en lontananza, y extraña una juventud y unas energías que serían propicias para bajarse a Las Vistillas a arrimar cebolleta y comer gallinejas. Conozco la Casa de Campo de arriba a abajo; cada conejo y cada liebre y cada encina son un poco hermanos míos en ese franciscanismo que es salir con la bicicleta. Cuenta Julián Lepper en el grupo de gastronomía del ‘guasap’ que ando medio “mohíno”. Qué sé yo. Las fiestas en blanco me afectan más de lo acostumbrado, y ya Raúl del Pozo tiene otros discípulos más brillantes que yo. También se aprende a morir, claro. Aunque siempre nos quedarán las tascas, y los patrones isidriles, y la sororidad en la Pradera.

PS: Me han robado el patinete en la puerta de Casa Manolo, han abierto un ‘Picalagartos’: Manuela por dejación.

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