Eran las ocho y veinte y decidimos levantarnos de una encantadora terracita de la calle de Santa Isabel para emprender rumbo hacia lo desconocido, dicho de otro modo, hacia el Teatro de las Culturas. Ciertamente, no sabía qué esperar de una obra que había conseguido, sólo con su título, despertar mi curiosidad: Amor Fatí o cómo llegué a operarme de glaucoma.

Desde el primer minuto, la obra estuvo a la altura de las expectativas, y es que es la primera vez en mi vida (y puede que la última) que entro a una sala de teatro en la que las luces están apagadas y me recibe un hombre con casco de astronauta apuntando con una pequeña linterna. Mientras nos acomodamos en nuestros asientos, escuchamos de fonda una voz que recita una serie de definiciones: adolescencia, dolor, glaucoma.

La voz en off es interrumpida por una adolescente que grita “¡COÑAZO!” y ahí sí comienza la obra. Esa adolescente es Yaiza, quien, como «treball de recerca» de Bachillerato, nos explica los motivos (e infinidad de casualidades) que han hecho que padezca glaucoma. Para ello, cuenta con la ayuda de sus padres, quienes, sin embargo, no pueden entrar a escena simultáneamente, debido a una deteriorada relación tras su divorcio. No obstante, una mujer alemana se encarga de interpretar a su padre durante las actuaciones de su madre y viceversa.

De este modo se llena el escenario de un conjunto de relatos, desde las infancias de sus progenitores, hasta el momento en que se reencuentran para estar juntos, siete años después de conocerse cuando él le sirve a ella un bocadillo de calamares en un bar cualquiera del Barrio Gótico de Barcelona. Vemos como una adolescente frustrada nos muestra una serie de “hipótesis y casualidades” que han hecho que padezca glaucoma congénito, al mismo tiempo que hace crítica social, tanto de la España de ahora, como de la de sus padres y abuelos, e invita a la reflexión. Y, lo mejor de todo, es que tras una de estas escenas que te dejan enfrascado en tus pensamientos, se te escapa una carcajada, puesto que la obra no deja de tener giros divertidos e irónicos.

Como resultado del brillante guión de Yaiza Ramos, y el excelente trabajo de los actores y actrices, Cristina Bertol , Estrella Olariaga , Rodrigo Sáenz de Heredia y Horten Soler, cuando todo acaba y se encienden las luces, sales de la sala aún más confundido y sorprendido que cuando entraste (y ya es decir), y ¿qué más se le puede pedir a una obra de teatro?

 

  • Dirección; Yaiza Ramos
  • Intérpretes; Cristina Bertol, Estrella Olariaga, Rodrigo Sáenz de Heredia y Horten Soler
  • Teatro de las Culturas; Calle San Cosme/San Damián, 3. Madrid, 28012

 

 

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