Son muchos los negocios que, obligados a cerrar en estos tiempos de incertidumbre, se preguntan cómo se verán afectados una vez vuelvan a reabrir sus puertas. Las librerías, esos templos sagrados dónde vamos a regalarnos caprichos los aficionados a la lectura, son uno de ellos. Pero, que lo tengan claro, no van a  encontrarse solos cuando vuelvan a levantar la persiana. Durante estos días de encierro, muchos hemos sido los que nos hemos unido a la iniciativa: yo espero a mi librero. El hashtag, con este eslogan, ha corrido por las redes sociales con un mensaje claro para todos ellos. Puede que sea tras una mampara de metacrilato, o semiocultos por las mascarillas, pero tened por seguro, propietarios de librerías, que nos vamos a reencontrar. Además, por fin, tenemos fecha para vuestro regreso.

Hemos vividos jornadas atípicas durante la cuarentena. Abril ha quedado marcado por el día del libro, más extraño, que hubiéramos imaginado vivir jamás. No ha habido un Sant Jordi en Barcelona llenó de puestos vendiendo rosas. La marea humana que inunda las calles de la ciudad condal, en una fecha tan señalada, se ha quedado en sus casas. Las larguísimas hileras de casetas ofreciendo sus libros, de todos los géneros, no han sido montadas en esta ocasión. Ningún autor ha podido firmar libros mirando a los ojos de sus lectores, y las librerías han dejado de vivir uno de sus días más grandes como a ellas les gusta. Pero eso no ha impedido que el 23 de Abril se viviera como un día de celebración. Gracias a internet, y al poder de las redes, hemos estado juntos; aunque desde nuestras respectivas casas. Directos desde Intagram, recomendaciones de libreros y lectores tanto en Twitter como en Facebook y, sobre todo, muchas ganas de volvernos a ver. El tráfico de datos, a lo largo de todo el día, debió ser brutal. Y es que, no nos olvidemos, las librerías son mucho más que un lugar dónde comprar libros. Son un nexo conector, entre los universos que crean los escritores, y los lectores que los disfrutan. La sensación que nos recorre a muchos, al cruzar sus puertas, es la misma que la que tiene un niño al entrar en una tienda de chucherías; no sabes a dónde dirigirte primero. Son negocios llenos de vida, por todas las que nos invitan a descubrir entre los títulos de sus catálogos, y además por los momentos que nos regalan entre sus paredes. Presentaciones de libros, charlas, clubs de lectura… está en nuestra mano que nada de esto desaparezca. Lo único que necesitan los libreros, a cambio de tantos y tantos momentos, es que esperemos un poco; que les esperemos. Sí algún libro se nos ha quedado pendiente, tranquilos, solo hace falta paciencia. Ellos no tendrán la inmediatez que pueden ofrecernos, durante el confinamiento, las grandes plataformas on line, pero nos han cedido mil veces sus espacios físicos. ¿Cuántas firmas de libros habéis visto en Amazon?

Los amantes de las letras, en cualquiera de sus variantes, somos gentes dotadas del don de la paciencia; incluso cuando pensamos que no es así. Solo hay que recordar las veces que hemos tenido que cerrar un libro, sin querer parar, obligados a esperar para saber cómo acababa. Y, si no, tomemos como ejemplo el enorme ejercicio de paciencia del que han hecho uso, y hacen, todos los autores; al menos una vez en su vida. Agatha Christie tardó cuatro años en conseguir que una editorial apostara por sus  novelas. El clásico “Lo que el viento de llevo” de Margaret Mitchell, fue rechazado nada menos que treinta y ocho veces antes de llegar a las librerías. “Dune”, de Frank Herbert, obtuvo veinte respuestas negativas antes de llegar a imprenta. Stephen King coleccionó docenas de cartas de rechazo para conseguir ver publicada “Carrie”, y también J.K.Rowling soportó muchas negativas antes de llegar a las librerías por primera vez. Así que, tomémoslos a todos ellos como ejemplo y esperemos, porque ya falta poco, muy poco. Los libreros están deseosos de volver a ofrecernos sus libros, y de regalarnos momentos.

Según estudios, el Covid 19 solo permanece activo tres horas en superficies de papel, veinticuatro horas en los embalajes de cartón, y hasta tres días sobre los dispositivos electrónicos. Parece que, si lo que nos gusta es leer, comprar en librerías, respetando las recomendaciones de distancia social y etc., es la forma más segura de esquivar al virus.

Así que, definitivamente, yo espero a mi librero en la nueva normalidad. Porque la nueva normalidad va a tener algo en común con la antigua, y es que nos volveremos a ver en las librerías.

Compartir
Artículo anteriorDerecho a la información y bulos: ¿Censuramos?
Artículo siguienteEl Festival Internacional de Cine de Huesca presenta el formato de su 48ª edición
Silvia Eguíluz González
Mi nombre en Mª Silvia Eguíluz González. Soy de Miranda de Ebro, provincia de Burgos, pero vivo en Logroño desde hace muchos años. Me gusta leer y escribir. Leer porque, además de ser un placer, no existe mejor forma de aprender a escribir. Y escribir porque si no lo hago las historias que nacen en mi cabeza se quedan allí enquistadas, con sus personajes exigiéndome a voces poder salir. “7 Narraciones imposibles y un verso” es el título de mi primera obra publicada, una colección de relatos. Después vino “La maldita de Aquende a Allende”, mi novela, publicada por Meiga Ediciones. Y este mismo año 2019 he sido la ganadora del “III Premio de Literatura Ilustrada Villa de Nalda e Islallana” con la obra “La bruja de Islallana”. A parte de todo esto soy Óptico-Optometrista y madre de familia, así que soy incapaz de recordar la última vez en mi vida que me sentí aburrida.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here