Las novelas se trenzan con palabras, pero su andamiaje interno está compuesto de silencios. A veces los escritores nos olvidamos, porque la mano se ve más en el fonema que en la “ausencia-de”, y todos tenemos nuestro corazoncito y un ego que no nos cabe en el pecho. Pero es así. No hay vuelta de hoja, y cuanto antes lo asumamos más pronto dejaremos de tratar al lector como si fuese gilipollas…

«Eso, el tema del respeto, lo ha tenido muy presente Manuel de Lorenzo en “Todo lo demás era silencio” (Suma de Letras). Es su primera novela, pero no es cosa de llevarse error, porque Manuel emborrona cuartillas con voracidad de niño chico desde hace ya tiempo»

Eso, el tema del respeto, lo ha tenido muy presente Manuel de Lorenzo en “Todo lo demás era silencio” (Suma de Letras). Es su primera novela, pero no es cosa de llevarse error, porque Manuel emborrona cuartillas con voracidad de niño chico desde hace ya tiempo. Cuartillas llenas de literatura, solo que como somos un poco snobs llamamos a esos artefactos artículos, o crónicas, o periodismo narrativo, qué más da. Lo mollar es que hay muy poco de debutante en este debut, y más bien parece una evolución clara (y pensada) de lo que De Lorenzo nos cuenta en sus otros medios de expresión. Solo que en vez de 500 palabras aquí tenemos 200 páginas, lo que (además de resultar gozoso si la cosa te va gustando) dibuja una menor reconcentración en el estilo y un montón de falsos esquejes que, vistos por separado, justificarían cada uno de ellos una pieza más breve.

«El autor se abstiene de explicarnos todo, de darnos bien mascaditos los sobreentendidos, no vaya a ser que se nos pasen, de hacer metáforas facilonas de esas de poner en las carpetas adolescentes «

Solo que, y aquí está la gracia del tema, el autor se abstiene de explicarnos todo, de darnos bien mascaditos los sobreentendidos, no vaya a ser que se nos pasen, de hacer metáforas facilonas de esas de poner en las carpetas adolescentes (¿siguen los adolescentes poniendo frases en sus carpetas? ¿siguen, siquiera, llevando carpetas?). No, él sugiere, abre caminos, desliza pistas. La mayoría, como dijimos más arriba, por medio de silencios, algunos tan abrumadores que es necesario taparse los oídos para no escucharlos. Es una forma agradable de leer, esa. La del que se siente respetado.

Y luego está lo otro. Lo otro. Porque a mí me encantan las elipsis y esta novela tiene una de las más gordas, gloriosas, descabalgantes y memorables que yo haya leído últimamente. Hoy en día están en peligro de extinción, como los urogallos. Se ven pocos, pero son muy bonitos. Pues con las elipsis lo mismo. ¿Exige esto al lector? Sí, pero es una exigencia gozosa. La de conversar con la novela, en lugar de recibirla toda así, bum, como si fuera una descarga de comida basura. O una serie de esas de moda, vaya, que te explican hasta qué le pasó a la tía segunda del último personaje. Déjeme rellenar huecos, copón. Déjeme hacerlo.

De Lorenzo, pícaro y travieso, deja.

Se habrán dado cuenta de que no les he contado nada del argumento de “Todo lo demás era silencio”. La verdad es que no me gusta que me destripen las cosas (es más bonita una cámara de fotos antigua que sus piezas por separado, ¿no?), y esto tampoco viene a ser una crítica al uso. Que vaya coñazo las críticas al uso, por otra parte. Pues eso. Qué quieren que les cuente. Que hay unos personajes con los que es fácil empatizar, sobre todo por sus carencias (es lo que nos sobra a todos). Que hay un viaje, pero se huye de la road movie (ya existen demasiadas road movies por ahí sueltas). Que está Galicia presente, pero si buscan el tipismo arcaizante de la Arcadia feliz igual se quedan con las ganas (y menos mal). Que hay muchas palabras muy precisas, algunas casi olvidadas en nuestra garla habitual, otras deliciosos localismos. Que llueve, porque en la vida, a veces, llueve. En Galicia, donde escribe Manuel de Lorenzo(y en Cantabria, donde lo hago yo), llueve incluso mucho.

A lo mejor eso quiere decir algo. O a lo mejor me estoy metiendo a hacer la crítica que nunca quise hacer sobre esta novela. Solo léanla. Eso. Léanla.

 

  • «Todo lo demás era silencio» (Manuel de Lorenzo)
  • Nº de páginas: 192
  • Editorial: SUMA
  • Idioma: CASTELLANO
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • ISBN: 9788491293422
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Marcos Pereda
Marcos Pereda (Torrelavega, 1981) es escritor profesor. O al revés. Ha publicado "Arriva Italia" (Popum Books, 2015) y "Periquismo. Crónica de una pasión" (Punto de vista, 2017). También asoma la cabeza por medios de comunicación, de los mainstream y de los raros. A veces le han dado algún premio, pero tiene mala memoria para esas cosas. Le gustan el café y las tildes diacríticas.

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