¿Quién no viaja en Semana Santa? ¿Quién no aprovecha para descansar unos días?

Descansamos y leemos, que para eso somos lectores. Aprovechamos esos días de relax para leer, leer y leer. QUE PARA ESO SOMOS LECTORES: lo había dicho ya, ¿verdad?. No hay maleta de amante de la lectura que se desplace sin uno o dos libros entre pantalones, camisetas, medias y bañadores si se tercia. Por eso hoy, en The Citizen Magacine os propongo viajar con un libro bajo el brazo, que el pan ya lo compraremos en destino.

No puedo evitar, me tira la tierra, mi tierra, empezar por sugerir viajar a Barbastro con “Ordesa”en la maleta. La Semana Santa de Barbastro, fiesta de interés turístico nacional es sobria, como “Ordesa”, de Manuel Vilas. Es profunda, como “Ordesa” de Manuel Vilas, es sentimiento puro, como “Ordesa”, de Manuel Vilas.

La novela es una confesión tardía. Es un acercamiento a la muerte ajena. A esa muerte que duele. A esa muerte que te desgarra por dentro y no sabes bien cuando va a sanar su herida. Tal vez no sane. Ordesa es mucho más que un pueblo, Barbastro, o un valle, Ordesa… Hay que leer “Ordesa”, quizá más en Semana Santa, cuando el silencio nos invade. Cuando la reflexión empieza a formar parte de nosotros.

Pero en Semana Santa no solo se viaja a conocer nuestra tradición de cofrades, pasos y tambores. También se viaja, sobre todo en las semanas santas tardías, a descansar en la playa disfrutando del solete. ¿A que Valencia apetece de repente mucho?

Si viajas a Valencia llévate “La barraca” de Blasco Ibañez. No canso de recomendar esta lectura de uno de nuestros primeros bestseller a nivel mundial, si no el primero.

“La barraca” es la obra perfecta de Blasco Ibáñez, aunque muchos dirán lo contrario. Es esa obra que aúna la preocupación por los temas sociales del momento, sociedad valenciana  de finales del XIX, con la belleza descriptiva. Nos cuenta esta novela corta la vida, dura, muy dura, de la gente que trabaja la tierra. Una tierra prestada que ni siquiera era del labrador, obligando a pagar arrendamiento a los propietarios, y dependiendo del resultado de la cosecha.

Esta obra es descripción de lugares y gentes de paisajes y comportamientos, de maldad y resignación. Una obra ruda que en ningún momento deja de ser bonita, y ahí tenemos la genialidad de este escritor capaz de hacernos llorar mientras nos enseña la huerta, capaz de retorcernos las entrañas mientras sus pájaros alzan el vuelo, capaz de mostrarnos la bondad que llega tarde, el rencor que llega siempre puntual y el color de la luz sobre la cosecha en un mismo párrafo. Por eso te aconsejo que mientras miras el Mediterráneo leas a Blasco Ibañez.

Pensándolo bien, quizá eres de los que optan por el turismo cultural y te dices por las grandes ciudades… Vamos a Madrid. Y aquí dudo: ¿Escojo a Millás o escojo a Mayoral? Sinceramente… Si viajas a Madrid llévate “Un episodio nacional” de Carlos Mayoral y “Que nadie duerma” de Juan José Millás.

Con Mayoral viajaras a la calle Fuencarral recordando el tristemente famoso crimen que sucedió en esa calle y que sacó a la luz las enormes diferencias sociales que existían es esa España. ¿Existian? Y lo harás de la mano de uno de los mejores escritores que ha dado este país, Benito Perez Galdos. Vale la pena, y mucho, hacerle hueco en tu maleta y buscar sus escenarios. Recorre el Madrid de Galdos. Será inolvidable. Te lo prometo.

Pero no puedo dejar de pedirte que pongas en tu maleta “Que nadie duerma” de Millás, una obra en la que Madrid es Pekín y Pekín es Madrid. Recorre en un curioso taxi sus calles. “Que nadie duerma” es enigmática, es brusca, es real sin serlo.

Encuentro mil motivos para recomendar esta lectura, pero me quedo con uno, la capacidad del autor para crear mundos extraordinarios habitados por personajes extraordinarios.

Podríamos seguir eternamente, por suerte la literatura española da para mucho, La Barcelona que nos describe Vázquez Montalbán a  través de Carvalho o de Zafón, sigamos el rastro de la sombra del viento. Viajemos, por qué no, a la maravillosa Alcarria de Cela o a Cádiz de la mano de “La maniobra de la tortuga” de Benito Olmo.

Lo importante es viajar y leer cuando se viaja.

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