Hace poco más de dos meses que Benjamin Black estuvo invitado al festival de la VLC Negra en mi ciudad. Era uno de los nombres destacados del amplísimo cartel de actos literarios que presentaban y me sentí atraído por su visita. Llegamos justito de tiempo al salón de actos, como es habitual en nosotros, y entramos por los pelos cediendo, mi mujer y yo, nuestros cascos de traducción a unas señoras emplazadas tras nosotros en la cola, que con cara de sorpresa porque eran los últimos auriculares, alegaban que solo entendía el francés.

«El autor, irlandés y de habla inglesa, junto con su amiga y entrevistadora Berna González Harbour nos abrió las puertas de su vida creativa»

El autor, irlandés y de habla inglesa, junto con su amiga y entrevistadora Berna González Harbour nos abrió las puertas de su vida creativa y nos zambulló en una literatura muy “Black” mientras paladeaba un exquisito vino valenciano. El discurso se nos hizo comprensible a partir del cuarto de hora cuando nuestro oído se acostumbró a un marcado acento irlandés resbalando entre una voz susurrada, la cual exigía una atención extra para hacerse entendible. Sin duda debo desoxidar y practicar más mi inglés.

«Benjamin Black, pseudónimo de John Banville, es un hombre sencillo, de palabra fácil, que trasmite serenidad en su conversación y que todo esto lo plasma en sus novelas»

Benjamin Black, pseudónimo de John Banville, es un hombre sencillo, de palabra fácil, que trasmite serenidad en su conversación y que todo esto lo plasma en sus novelas. Es humilde en sus respuestas, nada divo, lo que hace que su presencia en el festival se engrandezca. Sus personajes son espontáneos e interesantes, con un fondo clandestino que los hace muy atractivos.

La rubia de ojos negros surge tras una especial petición de los herederos de Raymond Chandler (escritor estadounidense de novela negra) la de resucitar a la mas conocida creación del autor, el detective Philip Marlowe. Benjamin Black, el alter ego de Banville, toma el testigo del mago del genero negro y, con una inusual destreza, continua las aventuras del detective que se jacta de no conocer a las mujeres pero tampoco a si mismo.

«La rubia de ojos negros surge tras una especial petición de los herederos de Raymond Chandler»

Si has leído a Raymond Chandler quizá encuentres alguna sutil diferencia entre el original y la copia, pero esta última es tan buena que agradeces que el escritor irlandés aceptara el reto de retomar las investigaciones del peculiar detective. Quizá, por poner una pega, encontramos los tópicos típicos de la novela negra de los años 50 donde el detective es un tipo solitario, bebedor, se mete en problemas con facilidad y aunque es un personaje incomodo para la policía siempre tienen un respeto especial hacia él, echándole una mano siempre que se lo pide. Sus relaciones con las mujeres, sobre todo con la guapísima rubia de ojos negros que nos describe el autor, son distantes, tortuosas y muy intensas pero siempre prevalece la lealtad, la amistad y el amor.

 

Para mi queda claro que todos estos tópicos que resalta el autor en esta peculiar novela no son más que un homenaje póstumo a Raymond Chandler y que el creador de Marlowe no pudo tener en vida, destacando su carácter irónico y cínico, sobre todo en los diálogos.

 

Sinopsis del libro:

Philip Marlowe se siente tan inquieto y solo como siempre y el negocio vive sus horas bajas, cuando irrumpe en su despacho una nueva clienta: joven, rubia, hermosa y elegantemente vestida, pretende que Marlowe encuentre a un antiguo amante, un hombre llamado Nico Peterson. Tras ponerse manos a la obra, Marlowe pronto descubre que la desaparición de Peterson no es más que el primero de una serie de sucesos desconcertantes. Antes de que se dé cuenta, el detective se verá enredado con una de las familias más ricas de Bay City y podrá comprobar lo lejos que están dispuestos a llegar con tal de proteger su fortuna… 

 

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