He dejado reposar la lectura de esta tercera publicación de Tránsito libros, quizá demasiado, pero entre paternidades, lactancias y ginecólogos visitados, Primera persona seguía estando en mi cabeza y me pedía unos párrafos. El verde turquesa de la portada causaba más de una mirada de reojo allá donde lo abriera.

El poso que ha dejado en mí, más allá de anécdotas del texto, es el descubrimiento de una voz potente, una fina ironía que subyace en todos los temas tratados en esta recopilación de textos aparecidos previamente en otras publicaciones. García Robayo no pontifica, se posiciona pero sin moralizar, muestra. Tal vez la palabra sea otra, arriesga. Durante la lectura sentía el impulso constante de proseguir la lectura de esta recopilación de textos y eso se agradece. Su inusitado odio al mar, las relaciones de pareja, la lactancia, la sexualidad, los roles establecidos en la familia, o incluso un divertido anecdotario de las vicisitudes de un congreso literario conforman esta Primera persona y le confieren la literariedad y la potencia de su mirada sobre la realidad.

 

He querido escribir este texto-columna-reseña sin tener el libro delante, sin hojear sus capítulos ni citar párrafos, tan solo desde el poso que dejó en mí la este texto salvaje y descarnado (espíritu fundacional de Tránsito libros) y me viene a la memoria que este libro ya ha emprendido su particular viaje liberador: lo regalé a una amiga para que lo regale a otra amiga y quién sabe en qué manos terminará.

Con la tristeza de no haber podido acudir a la presentación en Madrid y la alegría de que Sol nos haya descubierto a esta narradora potente os recomiendo que apuntéis este título para la próxima feria del libro que acudáis. Abrid la mente, no os defraudará.

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