«Escribir para mí no es una profesión, ni siquiera una vocación. Es una manera de estar en el mundo.» (Ana María Matute)

Soy lector desde que era un crío. Las novelas juveniles se me quedaron cortas muy pronto y empecé a leer los libros que mi familia tenía en casa. Así descubrí a Agatha Christie, a Vazquez Montalbán, a González Ledesma, a Vázquez Figueroa, a Stephen King y a García Márquez, entre otros.

Leer era una manera de vivir otras vidas, de conocer lo que había más allá de los límites de mi corta existencia y descubrir un mundo que a la luz de mi juventud e inconsciencia se me antojaba inmenso y misterioso. Desde entonces no he parado de hacerlo.

Hablo de la importancia que la lectura ha tenido en mi vida porque no concibo que un escritor sea otra cosa que un lector voraz y entusiasta. A fuerza de vivir tantas aventuras contadas por otros, empecé a crear mis propias historias, con la ilusión de verlas algún día encuadernadas y compartiendo estanterías con aquellos héroes que tanto me habían emocionado y que, de alguna manera, habían conformado mi existencia y me habían convertido en la clase de persona que había llegado a ser.

Aquel fue el comienzo: escribir para devolver a los libros todo lo que ellos me habían dado.

Hoy escribo porque no entiendo otra forma de vivir que no sea esa. He tenido multitud de trabajos a lo largo de mi vida y sólo escribiendo he sentido que estaba ocupando mi lugar en el mundo. No escribo para liberarme, para inventar otras formas de vivir ni para alejarme de la realidad. Más bien es al contrario. Escribo para sumergirme en el día a día y construir vidas y tramas que son algo más que el reflejo de mi propia existencia.

No escribo para vivir: vivo para escribir.

Como dijo Ana María Matute, escribir es una manera de estar en el mundo. Es una forma de mirar que hace ver otras realidades donde otros sólo ven cotidianidad. Uno no escribe sólo ante el teclado o el cuaderno: también escribe cuando va al cine, cuando mantiene una conversación, cuando conoce a alguien interesante o cuando le presentan a alguien aburrido. Escribe mientras conduce, viaja o cose, y sigue siendo escritor mientras se da una ducha, mientras hace el amor y mientras mira a un lado y a otro de la calle antes de cambiar de acera.

Escribir es el desafío constante de ver la vida pasar y preguntarte si serías capaz de contarla. Vivo en un desafío, no dejo ni por un segundo de ser escritor y tengo tantas historias que contar que debería vivir varias vidas para llegar a escribirlas todas. Es una carrera contrarreloj, en la que el tiempo es mi mayor enemigo y sólo él decidirá cuando poner punto y final a mis historias.

¿Por qué escribo? Porque estoy maldito, envenenado por la escritura. No podría dejar de escribir ni aunque me fuera la vida en ello. Pero es una bendita maldición, la mejor manera de vivir que se me ocurre y me considero muy afortunado por poder dedicarme a lo que me apasiona. Echa un vistazo ahí fuera, no vas a encontrar a nadie más feliz que yo.

Como dijo Clarice Linspector, «Mi vida me quiere escritor, entonces escribo». Pues eso.

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