«Primero fue el violador de la moto. Con su cara de buena persona consiguió el perdon de la mayoria de sus víctimas. Otra vez en libertad, abusó de dieciséis ancianas y las mató en el transcurso de un año. Durante el juicio se mostro imperturbable, cínico y sonriente».

Paco Pérez Abellán. Crónica de la España Negra.

 

Centro penitenciario de Topas.

Tercera galería. Módulo de aislamiento.

Octubre del 2002.

 

El chasquido de la puerta a sus espaldas, hace que el nuevo inquilino de la celda se sobrecoja. Es su primer día allí y al parecer prefiere más adecentar su nueva residencia que salir a pasear por el patio de doce por cinco de la galería. Son más de catorce años largos de muros y barrotes los que lleva sobre sus espaldas, y no está por la labor de disfrutar de un poco de aire fresco. En su lugar, se deja caer con pesadez sobre la cama, llevándose las manos a las sienes. Cierra los ojos. Está cansado, fatigado. El trayecto en el furgón de la Guardia Civil no ha sido un vuelo en primera y el cuerpo se resiente. Aún queda un rato para que haya algo de movimiento y no sabe muy bien cómo matar el tiempo. Es la primera vez que le colocan las siglas de régimen FIES (fichero de internos de especial seguimiento) en grado de control directo y la falta de experiencia se pone de manifiesto en cierto nerviosismo. Hasta ahora, ha ido saliendo del paso. De traslado en traslado. Un soplo por aquí, otro por allá. Buen rollo con los funcionarios y cuando las cosas se ponían turbias, sus amigos se encargaban de hacerle la cosa más llevadera. Pero ahora, la cosa es distinta. Le rodea gente peligrosa de verdad. O eso es lo que ha oído decir a los del tricornio cuando le conducían engrilletado al módulo de acceso. Y claro, el miedo es libre y las conversaciones que oye llegar desde el patio no ayudan a que éste se disipe.

Suspira, tratando de controlar los nervios y empieza a moverse en la celda como un animal enjaulado. Las historias de presos que no han logrado sobrellevar el aislamiento y han acabado por cortar por lo sano siempre han estado ahí, formando la comidilla con la que romper la rutina de la patibularia. Pero otra cosa muy distinta es sentirse en una, y más sabiendo que el color desgastado de las paredes van a constituir su única compañía durante veintiuna horas al día. Aunque bien pensado, no es esa compañía la que le da verdadero miedo. Su nombre le precede. En concreto, su ego, su costumbre de alardear de sus hazañas y sus malas artes. Y claro, cuando uno llega de nuevas a un sitio así, no sabe qué se sabe de él o se deja de saber…

Cuando la monotonía de sus movimientos se convierte más en algo monótono y repetitivo que en otra cosa, se deja caer en la cama. Su cabeza es un hervidero de recuerdos, entre los que le queda un regusto amargo en el cielo de la boca. Su detención a mediados de mayo del 88 no supuso su salto a la fama como tenía previsto. Estaba cansado de matar y violar ancianas. No le suponía ningún aliciente de no ser por esos recuerdos que se llevaba y guardaba con celo en su propia casa. Su mujer ni se olía la tostada. Los medios de comunicación se encargaron de demonizarle y airear a los cuatro vientos que ella era disminuida psíquica. Lo que no se molestaron en decir, es que las autoridades tampoco sospecharon de él hasta que las evidencias ya eran demasiado sonadas y se supone que éstas sí que estaban en sus plenas facultades. Nunca se había parado a pensarlo desde esa perspectiva y la certeza de que si le cogieron fue porque ÉL se lo puso en bandeja se le presenta como una revelación divina y de la mano de ésta, la sonrisa no se hace esperar. Su gesto cambia en cuestión de segundos. Atrás queda el rostro ceniciento de un preso aislado del mundo exterior. En su lugar, aparece la cara de un hombre amable. De mirada penetrante y unas facciones agradables. Las mismas que sus víctimas encontraban al abrir la puerta de sus hogares a un desconocido que unas veces se ofrecía como técnico de televisión alegando cualquier problema en la señal de la antena para entrar. O, en la mayoría de los casos, se presentaba como un padre de familia que se dedicaba al tema de las chapuzas para poder llegar a fin de mes, que ya sabe, señora. Con esto de la crisis las cosas están muy jodidas y por culpa de los socialistas y sus reformas laborales, no nos queda otra que buscarnos las habichuelas.

Ellas, confiadas, sintiendo lástima por aquel hombre que avergonzado agachaba la cabeza y se frotaba las manos con cierto nerviosismo, y ajenas a que habían sido objeto de un seguimiento digno de los servicios secretos, le dejaban pasar sin saber que esto sería lo último que iban a hacer con vida. Una vez dentro de la casa, y tras cerrar la puerta, José Antonio Rodríguez Vega, que así se llama el preso que ahora mismo se deshace entre loas a sí mismo y su genialidad con la mirada fija en la pared que tiene delante, se abalanzaba sobre ellas ciego de una excitación animal que desembocaba en la violación de su víctima después de ponerle las manos sobre la cara, ahogando tanto sus gritos y súplicas como sus vidas.

El ruido de la galería le hace volver al presente. Calcula que debe ser la hora de comer. Según tiene entendido, el FIES sólo permite tomar el fresco un rato y a la hora de la comida cada mochuelo en su chabolo. Escucha los pasos y las conversaciones, sintiendo cómo un sudor frío le recorre la espalda. Un nudo en la garganta se le antoja como una soga de esparto con doce vueltas y una trampilla bajo sus pies. Aquí no le van a servir de nada ni su labia ni su capacidad de manipulación. En otras ocasiones se ha podido ir de rositas, como en su anterior contacto con el mundo carcelario y esos veintisiete años que le cayeron por sus andanzas, que la prensa bautizó como debidas a «el violador de la moto», que quedaron reducidos sólo a ocho cuando sus propias víctimas (todas menos una) reconocieron públicamente perdonarle. El indulto no se hizo esperar, de la misma manera que la libertad llamó pronto a su puerta.

En cambio, ahora, lo que no tarda en llegar es la noche. El otoño es lo que tiene, que los días se van acortando y cuando uno quiere darse cuenta es la hora de la cena. Una bandeja entrando en la celda con un rancho aguado que se le antoja nauseabundo y se niega a comer. En su lugar, lo deja intacto y se tumba en la cama. Los antebrazos sobre  los ojos y una certeza: en peores plazas hemos toreado. De ésta vamos a salir, sólo es cuestión de camelarse al funcionario de turno y evitar levantar sospechas de los compañeros con los que me saquen al patio cada día. El resto, sólo será cuestión de coser y cantar…

Al otro lado del tabique, otro preso piensa lo mismo mientras afila un pincho casero. Están avisados de quién es el nuevo inquilino y han decidido darle la bienvenida a su manera. Lo han estado hablando mientras campaban a sus anchas por el patio de la galería. Todo está orquestado. Uno se encargará de dejarle fuera de juego con un arma sencilla pero letal: una piedra dentro de un calcetín. Mano de santo. Un golpe de lleno en la cabeza y a dormir un poco sobre el asfalto agrietado del suelo. El resto, dejar que el metal haga el resto. Lo han hablado también. Lo primero, ir sobreseguro por si les pillan con las manos en la masa. La nuca y los ojos. El cerebro convertido en compota. Si hay tiempo para el ensañamiento, bienvenido sea. La versión oficial hablará de códigos entre presos y la suerte que corren los violadores y demás chusma. En cambio, los compis entenderán a la perfección que la ley de muros para adentro está para cumplirse y quien mucho habla, pronto calla. No porque se quede sin palabras, si no porque alguien encontrará la manera de hacerle callar para siempre.

Satisfecho, deja el arma a buen recaudo y al igual que su inminente víctima, se tumba en la cama y cierra los ojos, esbozando una sonrisa antes de murmurar un mañana va a ser un gran día. Ojo por ojo y que el diablo le pille listo de papeles.

 

Fuentes

Crónica de la España Negra. Francisco Pérez Abellán. Págs. 167-171.

https://criminalia.es/asesino/jose-antonio-rodriguez-vega/

https://www.lasexta.com/programas/mas-vale-tarde/noticias/asi-fueron-los-crimenes-de-rodriguez-vega-el-mataviejas-el-mayor-asesino-en-serie-de-espana_20161219585836590cf27b766cec64cc.html        http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/sociedad/reclusos-acuchillaron-asesino-ancianas-justifican_21157.html

 https://elpais.com/diario/2002/10/27/espana/1035669610_850215.html

 

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