“Los gozos y las sombras” de Gonzalo Torrente Ballester.

Dividida en tres partes: “El señor llega”, “Donde da la vuelta el aire” y “La Pascua triste”, es una de las novelas imprescindibles del escritor gallego. Una galería impresionante de personajes en un pueblo imaginario de Galicia, Pueblanueva del Conde, dos años antes del estallido de la Guerra Civil. Lo que estaba por venir parecía imposible en esa Galicia todavía feudal y que veremos a través de los ojos de Carlos Deza, de vuelta a su pueblo natal tras de haber estudiado y trabajado en Viena. De todos los personajes, mi favorito, Clara Aldán, sencillamente, eclipsa al resto.

 

“Tiempo de venganza” de Francisco González Ledesma.

Una novela melancólica, sobre las heridas del pasado que perduran en el presente y en la que dos abogados de renombre, ya en su vejez, pretenden llevar a cabo una postergada venganza por la muerte de Blanca, su compañera de universidad en los lejanos años de la dictadura. La mirada dulce a un tiempo pasado que se cree mejor y la mirada incrédula a una ciudad que ya no reconocen como suya. Y un narrador de excepción, el hijo de uno de ellos, pondrá el punto de cinismo y de realidad necesarios en una de las mejores historias que le leído en mucho tiempo, gracias al añorado Paco Camarasa, librero por excelencia.

 

“Tarde, mal y nunca” de Carlos Zanón.

La primera novela que leí de Zanón y releída incontables veces. Cruda, real, violenta,  con personajes que traspasan las páginas, mostrar siempre, juzgar nunca. De cómo contar una historia con las palabras justas, de cómo evocar sentimientos profundos en frases cinceladas. Por qué Alex, Epi, Tanveer y Tiffany Brissette, son como son, y actúan como lo hacen en una ciudad que podría ser muchas, en la que todos podemos reconocernos. Porque muchos cuentan historias, pero pocos como este autor.

 

“Nada” de Carmen Laforet.

La pobreza de los años cuarenta en Barcelona es el escenario que viviremos a través de los ojos de Andrea, la joven protagonista que llega a una ciudad que huele a hambre, a suciedad y a tristeza. El piso en la calle Aribau, la universidad, la peculiar familia con la que va a convivir, transmiten la angustia y ese deseo de vivir, de salir de sí misma que representa la protagonista. Una novela realista, retrato de una época en la que la dictadura estaba en sus años más duros.  

 

“El año del diluvio” de Eduardo Mendoza.

La seducción de una monja por parte de un cacique falangista en el pueblo imaginario de Bassora, es una obra maestra que se lee con una sonrisa en los labios. El verano cálido y bochornoso, la ingenuidad de la protagonista, la esperanza, el deseo, el sacrificio, y en definitiva el amor, son las claves de esta historia, contada con sencillez, con ese punto de humor y de ironía propios de Mendoza.

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