Ilustración Luisa Rivera

 

El genio comenzó escribiendo, bien pequeño, una cuartilla sin borrador, gracias al amor platónico que sentía por su profesora del colegio Montessori de Aracataca, su ciudad natal. Ciudad en que vivía como hijo único de once hermanos tras quedarse a vivir con sus tías. Cuando su padre marchó a la fluvial ciudad de Sucre a montar una farmacia. García Márquez contaba cinco años de edad y aquella hermosa profesora fue la primera mujer que consiguió perturbar su espíritu. Posteriormente, tras la muerte del abuelo, fue a vivir junto a sus padres a Sucre, de donde salió para estudiar en el internado San José, colegio de Barranquilla, donde, a la edad de diez años, ya escribía versitos humorísticos.

“Toda esa natural genialidad literaria se vio aderezada por las fábulas, historias, leyendas y cuentos que desde muy niño le habían contado sus abuelos, contribuyendo de este modo a acrecentar su ya de por sí excelso y fértil imaginario”

Toda esa natural genialidad literaria se vio aderezada por las fábulas, historias, leyendas y cuentos que desde muy niño le habían contado sus abuelos, contribuyendo de este modo a acrecentar su ya de por sí excelso y fértil imaginario. Gracias a una beca que obtuvo, pudo estudiar en el Liceo de Zipaquirá, donde se mantuvo melancólico y triste, producto del frío padecido. Ahí se dedicaba a pintar gatos, rosas, burros y caricaturas tanto de sus compañeros como del rector del centro. Pero, también gracias al amor, intentó versificar en octosílabos escribiendo algunos sonetos imperfectos a una novia que tenía. Lo más importante que le sucedió en Zipaquirá fue entablar contacto con el profesor de Literatura Don Carlos Julio Calderón Hermida a quien, en los agradecimientos de su celebrada novela “La hojarasca”, dedicaría la siguiente frase: “A mi profesor Carlos Julio Calderón Hermida, a quien se le metió en la cabeza la vaina de que yo escribiera” y de quien siempre diría que era el profesor ideal de Literatura.

Más adelante, y debido a presiones familiares, comenzó a cursar los estudios en leyes y fue a Bogotá, la ciudad gris que lo turbó profundamente por su diferencia con el colorido Caribe del que venía. En aquella época se publicó su primer cuento titulado: “La tercera resignación” en el suplemento semanal de El Espectador donde su director, en la presentación del cuento, lo bautizó como el nuevo genio de la literatura colombiana. A las pocas semanas de la publicación de aquél, se publicó un nuevo cuento titulado: “Eva está dentro de un gato”.

Aunque nunca se graduaría en leyes, se trasladó a la universidad de Cartagena, donde continuó siendo un estudiante irregular y mediocre. Tristemente, tras un incendio producido en la pensión donde vivía, se echaron a perder muchos libros y manuscritos del gigante. Pero sería en esta época en Cartagena, cuando comenzó la actividad de columnista. Un puesto obtenido al conseguirle Manuel Zapata Olivella una columna diaria en el periódico El Universal.

Será este el tiempo en que frecuentase el Grupo de Barranquilla, que tendrá en el librero Germán Vinyes, su cabeza pensante. Bajo la dirección de José Félix Fuenmayor, se inició este grupo literario que leía, desmontaba, reescribía y debatía sobre obras inglesas, francesas, italianas y españolas, entre otras. Un grupo que hizo que el maravilloso protagonista de nuestra historia viajara de Cartagena a Barranquilla tan a menudo como podía. Siempre llevado por su amor a la literatura. Era, el de Barranquilla, un grupo que se reunía en la librería del sabio catalán o en los cafés a beber cerveza para discutir a voz en cuello sobre la literatura de Virginia Woolf, Camus, Dos Passos, Defoe o William Faulkner. Entre aquellos lugares se encontraba el mítico bar La Cueva donde, según decían, todo era posible. El de Barranquilla fue un grupo cuya inquietud literaria dio con la creación de un periódico de aparición fugaz y escaso éxito, llamado Crónica, donde Fuenmayor ejercería de director y García Márquez de editor jefe. Esa época fue toda frenesí, disfrute y debate hasta que una neumonía hizo que se tuviese que recluir en Sucre y dejase su trabajo en El Universal. Comenzando a continuación a colaborar diariamente como articulista en El Heraldo de Barranquilla con un relato titulado “La girafa” firmado con el seudónimo “Septimus”.

“Entre bares y columnas fue escribiendo su primera novela titulada, en un primer momento, “La Casa”; si bien, debido a la desilusión ocasionada durante el viaje en que acompañaba a Doña Luisa Santiaga a Aracataca, pasó a titularla “La hojarasca”

Entre bares y columnas fue escribiendo su primera novela titulada, en un primer momento, “La Casa”. Si bien, debido a la desilusión ocasionada durante el viaje en que acompañaba a Doña Luisa Santiaga a Aracataca para vender la casa donde él se había criado, pasó a titularla “La hojarasca”. Lo errático de sus recuerdos y el evidente declive de su ciudad lo llevaron a un estado de profunda desilusión. Así fue como Aracataca perdió un vecino, pero el mundo, en cambio, obtuvo en Macondo a un genio.

García Márquez publicó su primera novela e inició una carrera maravillosa. De la observación pertinaz a cada rincón de su decadente Aracataca nació, como decimos, aquel Macondo primigenio. Allá florecieron sus “Cien años de soledad”. Una de sus novelas más celebradas. Si bien, a nuestro entender, su genialidad ofrece todo su elegante peso en las distancias cortas. A sus novelas cortas, a sus relatos breves, a sus cuentos y a sus artículos nos remitimos. Ahora bien, si allá en Macondo comenzó la singladura literaria del genio, en México finalizará el tránsito vital de la persona. Dando lugar al mito, la leyenda. Haremos por lo tanto, tras este regreso a Macondo para rememorar el inicio de su trayecto literario, un llamamiento a fin de que lean a García Márquez. Quizá, en el mejor y mucho tememos más escaso de las veces, le relean. Visitemos o revisitemos, pues, la obra de este gigante literario y dejémonos llevar de regreso a Macondo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here