Fotografías Isaac M. Alcázar

Los labios rojos de Luna Miguel recuerdan a esos otros que pintó Man Ray y de los que se enamoró Roland Penrose, coleccionista de arte moderno y futuro marido de Lee Miller, propietaria de esos labios pintados para embaucar. La estadounidense fue modelo, fotógrafa y gastrosurrealista, la alcalaína es poeta, periodista y escritora. Con 29 años suma a sus poemarios su primera novela, El funeral de Lolita, editado por Lumen. Nos recibe en la oficina de Penguin Random House en Madrid. La sede de este grupo editorial recuerda a una biblioteca. La sala que ocupamos la delimitan paredes de libros. Estantes copados por obras que escupen preguntas y respuestas escritas por algunos de eso autores que te joden la vida.
A Luna Miguel su vida se la jodió Charles Bukowski con La senda del perdedor, un regalo de su padre. Hasta ahora no hay vacuna contra la literatura que hace mella. Con ese veneno inyectado en su cuerpo no ha dejado de leer, escribir y recomendar lecturas. Luna disfruta recomendando a sus seguidores libros y le encanta que otros autores también lo hagan. La joven escritora arranca su aventura narrativa con un funeral. Un cruce de deseos entre una alumna y su profesor de literatura. Dos personas que se buscan, una nínfula y un pederasta. Una palabra fea a la que Helena, protagonista de El funeral de Lolita, no ha encontrado sustituta.

 

¿Quién te introdujo en la lectura?

Mis padres. Mi padre era profesor de Literatura en un instituto en Almería, ahora lo es de español en Estados Unidos, adonde se fue para cambiar de aires cuando murió mi madre. Mi madre era historiadora, pero desde la universidad (estudiaron los dos en Alcalá de Henares) habían trabajado juntos en los fanzines, habían hecho revistas literarias y publicaban sus propios poemas. Los dos escribían y leían mucho. En ese sentido en mi casa he sido una privilegiada porque todas las paredes estaban ocupadas por libros.

 

¿Qué leías de niña?

Manolito gafotas, al que también escuchaba. Uno de los libros que más recuerdo es Lobito aprende a ser malo. En la adolescencia hubo un requiebro. A los 11 años pasé de odiar a Harry Potter a que mi padre me regalara La senda del perdedor, de Charles Bukowski. En aquel momento me dije “esto me interesa más de lo que pensaba”. Los padres de mis amigos se quejaron a los míos porque ese mismo libro después se lo dejaba a ellos.

 

Además de Bukowski, ¿qué otros autores te jodieron la vida?

Después de él llegué a la generación Beat. Empecé con El almuerzo desnudo (de William Burroughs), del que creo que no entendí nada. Leí también El guardián entre el centeno (J. D. Salinger), en primero de la E.S.O. y recuerdo que teníamos que hacer un análisis de lectura y entonces yo dije que prefería a Henry Chinaski (personaje ficticio de varias obras de Bukoswki) y mi profesora se quedó como pensando de dónde había sacado esa comparación.

¿Y la poesía cuándo llegó a tu vida?

Lo hizo más tarde, a los 13 o 14 años. Obvio, había leído los poemas de Bukoswki, me gustaba mucho la generación del 27, sobre todo en aquella época en la que las hormonas estaban a tope leer los poemas de amor de Vicente Aleixandre te llenaban entera, en plan “todos mis sentimientos están en este texto”. También pasó algo, empecé a leer a la poeta Elena Medel (por aquel entonces tenía 17 años). Ella fue la primera autora de mi generación en publicar un poemario en España, Mi primer bikini. El hecho de ver que había alguien de mi edad que había escrito ese libro en el que podía hablar de tantas cosas, de las que yo no podía entender todas, gracias a eso me empujo a probar a hacerlo yo también.

 

¿Cómo y cuándo empezaste a escribir? 

Mi primer poema lo escribí tres días antes de cumplir 14 años. Trataba sobre lo que significaba dejar de ser una niña. Antes escribía diarios y esas cosas.

 

¿Cómo es el proceso de escritura de tus poemas?

Antes, cuando era más joven, era como una especie de vomitona. Era un ir contando sentimientos y cosas. Ahora no soy capaz de escribir si no tengo una temática definida. Mis tres últimos libros de poemas, La tumba del marinero, Los estómagos y El arrecife, siempre hay un tema de fondo. El primero era el cáncer de mi madre, el segundo el animalismo y el tercero la maternidad.

 

¿Los concebiste como una trilogía?

Los tres son un círculo que se cierra solo. Una vez me he leído a mí misma he visto como un poema me recuerda en estilo a los primeros del siguiente y así. Entonces vas viendo esa especie de acordeón que forman los tres, pero que fue un acto involuntario.

 

¿Se puede decir que tus poemas son las cicatrices de tu cuerpo?

 Más bien son reflejos de cicatrices que ya había.

 

¿Tus poemas son más preguntas o respuestas?

Preguntas.

 

¿La poesía se parece más a una terapia o a una confesión?

Una confesión.

 

Eres madre. Se habla de maternidad como un concepto único, pero no es lo mismo un bebé, un niño, un adolescente y un joven, ¿cuál de todas las maternidades te inquieta más? 

Una repercute en la otra. Viendo cómo me han criado a mis padres, todo lo que han sido ellos conmigo desde que tengo uso de razón ha ido incidiendo en la siguiente etapa. Me inquieta el momento en el que mi hijo se vaya de casa. Cuando yo me fui de casa a los pocos años mi madre falleció, mi padre se fue y desde entonces tenemos una relación completamente distinta a la que teníamos cuando él vivía aquí o cuando estaba mi madre. Me inquita saber si Ulises y yo vamos a ser amigos en el futuro o si va a ser como esas familias que se separan y no se vuelven a ver en años. Yo, por ejemplo, estas próximas navidades voy a volver a mi padre, que tiene otra familia, después de tres años. Me inquieta este cambio y saber si Ulises va a ser una persona que va a estar en mi vida 25 años y luego desaparecerá o si tendremos una relación más cercana.

 

¿Por qué crees que no hay más literatura sobre nínfulas?

Creo que se ha escrito bastante sobre el tema, pero es cierto que ahora es cuando se está empezando a conocer todos esos libros. Han estado muy escondidos. Es un tema que se ha ido revisando. Mi libro no es una versión de Lolita y nunca lo he pretendido. Antes de empezar a escribir mi novela en mi cabeza yo tenía la idea de escribir un ensayo sobre las nínfulas. Cuando me di cuenta (junto con mi editora) de que Helena (la protagonista de El funeral de Lolita) tenía un poder especial que nos hacía ir hacia ella y la ficción dejé a un lado la idea del ensayo (hay uno escrito por la autora mexicana Ana V. Clavel, Territorio Lolita). Sí creo que hay muchas revisiones y versiones del tema: Diario de Lo de Pía Pera, en el que la autora trata de recrear el diario de Lolita antes, durante y después de conocer aquel hombre. Corre, Alicia, Corre, de Lisa Dierbeck, una reescritura de Alicia en el país de las maravillas en el que la protagonista en vez acceder a un mundo mágico se introduce en el mundo de los amigos de su hermano mayor en el que todos tratan de seducirla, follársela, pervertirla. Ceniza en los ojos, de Jean Forton, es la historia de un hombre que mira a una niña que vuelve del colegio, que va, vuelve y va, un libro que me recuerda al de Cara de pan, de Sara Mesa.

Juan Bonilla ha escrito un ensayo sobre el tema, muy inaccesible porque está editado en algo que no encuentras en librerías. Hasta Pablo Iglesias tiene un ensayo sobre Lolita en el que cuenta cómo la película pervierte algunos detalles del libro. Luego hay muchas cosas escritas sobre las nínfulas, pero muy dispersas. Uno de los motivos por los que yo quería escribir este libro era para reunir todo ese material.

 

Tu Lolita es diferente a la de Nabokov, ¿es intencionado o fruto de la casualidad?

En mi libro la primera persona que siente un deseo por él es ella (Helena). Él cuando lo nota (no sabemos si duda o no porque no hemos escuchado su versión) creo que habrá dudado y se ha dejado llevar. Lo que me interesaba era ver si la bola de nieve que iba creciendo se podía parar en algún momento de esa relación. Llega un punto en el que ella se da cuenta de que lo que deseaba nunca va a pasar porque ni siquiera sabía lo que deseaba. Ella le deseaba a él, pero todo lo que hay después no estaba segura de que iba a pasar porque no tiene la experiencia para saberlo. Sin embargo, él antes mostraba más desinterés, pero cada vez le interesa más. Hay como un cruce de deseos. Un cruce que en el diario de Helena se deja ver que ella desea a un hombre mayor que ella y que sabe más, y en ese mismo diario aparece el cálculo de cuantos libros tiene que leer para pensar como él. Cuando ella va leyendo cada vez más va dándose cuenta de que esa situación no es la que le gusta. La independencia que le da el conocimiento es también una independencia sobre la presión de él al final. Momento en el que hace un pequeño clic y él ya no sabe más que ella, ella también sabe cosas. A lo mejor él quería seguir ejerciendo ese poder sobre ella. Esto me interesaba y no tiene nada que ver con la Lolita de Nabokov. En mi libro la protagonista sabe quién es Dolores Haze (protagonista de la novela de Nabokov) porque ha intentado leer el libro varias veces, sabe qué es una lolita, ha hablado con otras mujeres en esa misma situación y, en cambio, Dolores Haze no sabe que es ser lolita porque ella es la primera.

 

¿Qué fue lo que más te costó a la hora de escribir el libro?

Las partes que he quitado (ríe). Dudé en poner el diario de él en vez de el de ella. Sin embargo, no me veía capacitada para recrear la voz de un hombre de 40 años.

 

¿Y qué pasa con tu proyecto de Poesía masculina?

A mí siempre me dicen que escribo poesía femenina. Entonces quiero ver, con los recursos que yo ya sé hacer, cómo puedo escribir desde el punto de vista de un hombre. He tomado como ejemplo a mi chico, porque conozco más o menos su vida. ¿Cómo habría escrito un hombre de treinta y pocos con los recursos, el estilo y los temas que yo suelo tratar? Es decir, donde yo hablo de pérdida, menstruación, masturbación ¿cómo lo escribiría él? Es un reto. La escritura de este poemario después me ayuda a retomar a Roberto (personaje de El funeral de Lolita). También me di cuenta de que no me interesaba la voz de Roberto porque es la que ya conocemos (la de Humbert en Lolita, y otros libros ya mencionados en esta entrevista). Quería que los hombres hablaran lo menos posible en el libro.

                          

¿Las redes sociales te han ayudado a difundir tu obra?

Sí. De hecho cuando empecé a escribir mis problemas en internet lo hacía en Fotolog, en mi blog. Ahí es donde están mis primeros lectores. De hecho me hace mucha ilusión cuando mis lectores me dicen que ya me seguían en Fotolog y ahora se han comprado mi novela.

Hablando con un amigo y compañero, editor y poeta, Unai Velasco, quien no tiene redes sociales, su pequeño sello editorial ha conseguido vender casi mil ejemplares de algo ultradesconocido. Él ha escrito en El Ministerio de Ctxt.es sobre este fenómeno de las redes. Él es poeta joven y al no tenerlas no tiene esa base de lectores que sí tienen otros. Pero también se ha dado cuenta de que desde el lado del editor puede aprovechar esas herramientas. Si sabemos que hay lectores interesados en la poesía en Instagram vamos a aprovechar esa ola para  poner ahí (en las redes) obras que no tienen su sitio. También es muy bueno cuando una Elvira Sastre o Irene X recomiendan lecturas. A mí lo que más me gusta de todo esto es que los autores recomiendan obras de otros autores. Esto es algo que cuesta encontrar en autores mayores. Cuando tienes un altavoz también tienes la responsabilidad de saber usarlo y saber usarlo es compartir y difundir lo que te gusta: la literatura.


¿No te parece que a costa del feminismo se están lucrando más hombres que mujeres?

Sí, hay mucha hipocresía. Yo trabajo en un medio de comunicación donde hay muchas mujeres hablando de feminismo, pero todos mis jefes siguen siendo hombres. La teoría la vamos aprendiendo, aunque todavía queda, pero la practica nos va a llevar mucho más tiempo. La teoría sí ha cambiado, pero la practica no. Ahora todos somos conscientes de que matan a mujeres y que eso está muy mal, pero sigue pasando todos los días. Me gusta citar a una periodista argentina de Las 12 de Página 12, Luciana Peker, quien dice que en Argentina ha habido una avance brutal, pero la respuesta también ha sido brutal. Ya no es solo que violen a una mujer, como si fuera poco, ahora se ensañan con su cuerpo. Obviamente, cuando te liberas también hay una respuesta por parte del que no quiere que te liberes. Vivimos una época de ensañamiento, por eso hay que responder con más fuerza. Creo que era Marina Garcés la que hablaba de que estábamos en un momento de poner el cuerpo, de batalla, para conseguir liberarnos. Hay que pensar en las que vienen después y, quizás, merezca la pena.

 

¿Cuándo eres feliz sabes expresarlo o prefieres escribirlo?

Vivirlo.

 

¿Eres más de rezar o necesitar a alguien?

De necesitar a alguien.

 

¿Se sangra más escribiendo poesía o novela?

Escribiendo artículos sobre Kim Kardashian, que es lo que te da de comer. (Ríe).

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