La cultura japonesa es… particular. Propia. Muy suya. Amiga de sus amigos, divertida y soñadora, pero muy suya. Digamos que a veces desde fuera, desde occidente, puede costarnos entender algunos conceptos. El respeto a ciertas tradiciones, a ciertas formas de hacer las cosas. La ceremonialidad. La mezcla entre clasicismo y modernidad…

Esos tics, esos clichés, son lo que más sorprende de Seis Cuatro, la novela de Hideo Yokohama que está siendo un éxito den todo el mundo (en su país de origen vendió varios millones de ejemplares) y que acaba de publicarse en España de la mano de Salamandra. Es ahí donde el lector enarca las cejas, piensa que se le ha escapado algo, intenta comprender lo que, a primera vista, le resulta incomprensible.

«Y es que realmente «Seis Cuatro» plantea dos historias paralelas»

Y es que realmente Seis Cuatro plantea dos historias paralelas. Una nos puede resultar familiar… al menos la hemos leído más veces. El secuestro de un menor que no se pudo resolver, el caso que retorna mucho tiempo más tarde, los investigadores que han logrado sobrellevar su obsesión de diferentes manera. Unos se refugiaron en el trabajo, otros quisieron olvidar, los de más allá tomaron una postura cínica ante la vida. Errores policiales que salen a flote años después. Y una historia de venganza que no parece tener final… Todo está bien llevado, dejando caer los datos de forma precisa, haciendo que las piezas encajen en el puzzle final.

Hasta ahí, una novela negra al uso, si quieren ustedes. De calidad, pero nada más. Las hubo y habrá mejores. Pero luego está lo otro. Lo distintivo. Porque, dijimos, Seis Cuatro es dos libros. Y el segundo resulta aun más interesante. Por distinto, por original. Ecos de Kafka. La narración de todas las trabas, los laberintos, los obstáculos que habrán de superarse no para resolver el secuestro, sino para vencer sobre la sofisticada (y esquizofrénica) burocracia nipona. No, más aun, sobre esa mezcla de ligazones personales, respeto entre distintas clases y obediencia debida que late en el Japón a cada paso y que se manifiesta de forma dramática, a ojos del autor, en su Cuerpo de Policía. Un dédalo en el que es fácil perderse y de donde el lector sale sin saber muy bien qué es bueno o malo, cuál es la moralidad de cada personaje y, en definitiva, cómo ha podido llegar hasta el final. Una experiencia diferente dentro de la novela negra…

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