Fotografía Enrique Gambarte

 

Alexandro Barico dijo de Novecento que no era su mejor obra pero si su mejor historia. A mí Novecento me parece delicia pura. Un monólogo pensado para teatro… Sencillo, bien narrado, fluido. Palabras que te mecen en el océano. Dos personajes. Dos músicos. Uno, el narrador Tim Tooney, otro, Novecento, el verdadero protagonista de esta historia.

Novecento, el que nunca pisó tierra. Siempre navegando sobre la mar. Su única patria, el océano.

Seduce el relato a quien lo lee, le atrapa en los camarotes de tercera clase. Con ese hedor que tan solo Baricco puede describir sin llegar a describirlo. Curioso siempre Alexandro Baricco a hora de contagiar sensaciones. Curioso y casi único.

Y de repente Novecento es puro teatro en el mar, sí, sí, amigos. Teatro en un barco. Teatro en la patria de Novecento.

A escena el actor Javier Uriarte acompañado del pianista Hugo Selles. Si la cosa no promete…

 

Empezamos hablando de Rosa Casuso, que se arriesga con un texto que le gustaba mucho, pero nunca llegó a poner en un escenario. ¿Por qué ahora sí?

Por generosidad y amor. Yo nunca podría haber contado con alguien de su talento y calidad para enfrentar algo así. Ahora lo hizo porque creyó en mi y se emocionó con mi decisión de cambiar mi vida para hacer solo “esto”: actuar.

¿Es el “papel”de Uriarte?

Hasta hoy sí, por encima de todo. La última obra teatral en la que contaron conmigo (El pincel y el Compás, de Fernando Rebanal) ya supuso un salto grande y un esfuerzo por perder mi persona a favor del personaje. Y ahora, Tim Tooney, mi alter ego en Novecento, ha sido el REMATE con mayúsculas, negrita y subrayado… llegarán más, seguramente, pero la radicalidad del cambio en mi entrega y forma de trabajar no ocurrirá nunca más.

«Y ahora, Tim Tooney, mi alter ego en Novecento, ha sido el REMATE con mayúsculas, negrita y subrayado… llegarán más, seguramente, pero la radicalidad del cambio en mi entrega y forma de trabajar no ocurrirá nunca más»

¿Es Novecento la forma que eliges, o eligen por ti, para dar el gran salto a actor profesional?

Realmente la eligieron por mi. Yo tenía otras propuestas en mente y no conocía el monólogo de Baricco pero, aún no siendo amor a primera vista me fue ganando con su prosa, su poesía, su belleza y encanto. Rosa, la directora, sabía que podía con el reto pero yo no me creía capaz (ese eterno castigo en forma de inseguridades de los actores).

Fotografía Enrique Gambarte

Teatro en un barco, una iniciativa única que como poco llama a la atención. En este nuevo mundo tecnológico que hemos creado, ¿necesitamos renovar la forma de mostrar al público la cultura?

Puede ser tanto una necesidad como una cabezonería por mi parte. Hace varias temporadas que imaginé una obra de teatro en esta bahía privilegiada en la que vivo pero no encontraba ni el texto ni la estructura adecuada como para acometer la idea… hasta que llegó Novecento y no tuve ni que recordar ese proyecto pasado, simplemente se me presentó en los ojos. ¿Se te ocurre mejor forma para hablar de la “leyenda del pianista en el océano” que en un barco en mitad del mar… con “el culo sobre diez centímetros de butaca y centenares de metros de agua…”? Si es que Baricco ya lo sabía…

Tenemos un barco, un actor, y no podía faltar un pianista. Me temo que va a ser una experiencia inolvidable…

Uf, eso sí que fue un descubrimiento por encima de todo. Así lo planteó desde el principio la directora, Rosa, pero hasta los últimos ensayos, en los que ya habíamos trabajado la estructura y el ritmo de la obra, no quiso meter al pianista. Fue como una revelación de emociones. De repente, todo lo que habíamos hecho, que parecía perfecto, se convirtió en brillante… brillante, efectivamente.

Hugo Sellés llegó por casualidad pero, las cosas de la vida, pianista santanderino que regresa después de 10 años a su tierra y nos encontramos en este proyecto tan bonito para ambos. Estoy encantado con él.

Fotografía Enrique Gambarte

Hugo Selles profesionalmente recuerda el protagonista del monólogo de Baricco, ese pianista que nunca bajo del barco. ¿Nos va a robar el alma con su jazz?

Es fácil vender a alguien como virtuoso, pero luego es algo que no puedes disimular… o lo es o no lo es… y él, Hugo, lo es. Y es que nuestro pianista no solo roba el alma con su jazz, hace mucho más. También seduce con el clásico y la improvisación, mucha improvisaión. Cada función va a a ser totalmente diferente a la anterior.

«Es fácil vender a alguien como virtuoso, pero luego es algo que no puedes disimular… o lo es o no lo es… y él, Hugo, lo es»

Ahora hablamos de Javier Uriarte. Baricco dijo que  Novecento era su mejor historia. ¿Cómo se prepara un actor para enfrentarse a la obra preferida de una de un autor de la talla de Alexandro Baricco?

Sinceramente, no lo sé. Mi formación teatral es sencilla y a base de atreverme, de avergonzarme, de arrepentirme, de ruborizarme y de no creerme capaz de algo así. Pero, en la mitad de mi vida, preferí jugármela a lamentarme. El 31 de diciembre del año pasado vendí mis negocios, me quedé económicamente -como todo artista que se precie- con una mano delante y otra detrás y Rosa, la directora, puso su confianza en mí -autoconfianza de la que yo carecía- y me hizo trabajar durante horas y horas.

El camino ha sido especialmente duro. Por un lado por mi eterno handicap de la memoria… nada menos que un monólogo de casi hora y media y por otro por la dureza emocional del personaje tan alejado de mi personalidad y mi forma de entender la vida. Mi antagonista. Literalmente, mi antagonista. No ha sido nada fácil pero hasta mi personalidad ha sido modificada… cuando  comes, sueñas, te desvelas, caminas y piensas como Tim Tooney, te conviertes en Tim Tooney… y solo puedo decirle, a ese tipo tan diferente a mi: gracias.

Creo que interpretar el monólogo de Tim Tooney es difícil, muy difícil. ¿Y tú?

Muy difícil y, sobre todo, por el trabajo al que me sometió la directora intentando hacer desaparecer a Javier y que yo asumiera la humildad, la profunda humildad de Tim. Un hombre que vive con el único asidero que le da el recuerdo de su amistad con Novecento… no es nada fácil sentir la derrota de la vida y, sin embargo, mostrar la victoria de la amistad verdadera… todo un reto hermoso.

Fotografía Enrique Gambarte

Aparte de actor, eres escritor. Aprovecha esta entrevista. Háblame de tu obra.

Sí, y hasta este trabajo me sentía más orgulloso de lo mis textos que de mis interpretaciones… ahora tendré que repensarme el asunto (risas). Tenía varios relatos cortos ahí guardados y de vez en cuando alguien me animaba a publicar hasta que pregunté cuánto me costaría. Vi que era asequible (cuando aquello todavía era una persona normal con dinero [risas]) y me centré en escribir algún relato más y autopubliqué “… y además de amor”, con Alter Ego Ediciones.

El mismo editor tenía una editorial (Popum Books) y le gustó tanto -también nos hicimos amigos y le regalaba jamón de vez en vez cuando aquello- que me propuso publicarme la novela si la escribía. Como soy una persona que reconozco mis límites y soy caótico y explosivo, sabía que no sería capaz de estar meses o años centrado en una historia… así que me encerré, un mes de febrero, en una casita rural, cerca de Llanes, durante un máximo de 10 días… ese era mi plan. Si salía perfecto, sino pues nada, mi orgullo intacto y así sabría una cosa de la que no sería capaz… pero, en cinco días la escribí.

Cuando empecé no tenía guión, no tenía personajes, no tenía historia… no tenía nada. Solo sabía que quería una historia de gente mayor y que fuera positiva… y salió “Yo sabía que tú lo sabías”. Aún con riesgo de parecer un pedante diré que es una historia preciosa, emotiva, romántica y que te rasga las emociones… ahí lo dejo… (risas)

«Cuando empecé no tenía guión, no tenía personajes, no tenía historia… no tenía nada. Solo sabía que quería una historia de gente mayor y que fuera positiva… y salió “Yo sabía que tú lo sabías” «

Para finalizar, recomiéndame un libro, que no sea Novecento, una película que no sea Novecento y una obra de teatro que no sea Novecento 😉

Un libro: Benedetti y sus poesías, cualquiera.

Una película: Cyrano de Bergerac, y aún a riesgo de ofender a los puristas, la protagonizada por Gerard Depardieu.

Una obra de teatro: Días de vino y rosas con Silvia Abascal y Carmelo Gómez… les estaba pasando en aquel momento.

 

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