En Noruega hay una ciudad y un bosque que preservan mucho más que el aliento de los árboles. Una biblioteca que no abrirá sus puertas hasta dentro de 96 años – la cuenta comenzó en el 2014 con 100 años por delante- y una colección de libros que con cada vuelta al sol añade una historia al presente que solo podrá ser leída por generaciones al menos dos escalones más jóvenes que la nuestra. La Biblioteca del futuro, concebida por la artista escocesa Katie Patterson se eleva en la imaginación como una cápsula de voces únicas que resguardan el papel y la tinta de los libros en el área forestal de Nordmarka/Oslo.

El próximo año el libro que la gran mayoría de nosotros no podrá leer viene de la pluma de la escritora surcoreana Han Kang, autora de La Vegetariana y Actos Humanos, ganadora del Man Booker Internacional Prize y por sobretodo creadora de historias que se inclinan hacia los límites del ser humano y su conciencia.

Los precursores de Kang en el bosque de libros futuros incluyen los nombres de Margaret Atwood, David Mitchell, Elif Shafak y Sjón de Islandia. En esta ocasión Han fue elegida gracias a la impresión subversiva de sus relatos y la indagación que existe dentro de ellos para con la vida y la fragilidad humana. La autora ha dicho al diario británico The Guardian que a pesar de que no sobrevivirá cien años le “gustaría orar por el destino de los humanos y los libros. Que sobrevivan y se abrasen, en y después de 100 años, aunque no hayan podido alcanzar la eternidad”.

Han, quien creció con un padre escritor y cientos de libros alrededor de la casa, como todos los buenos escritores, entiende que su vocación es la de encontrar respuestas a preguntas fundamentales para las que incluso los escritores no tienen conclusiones, pero es esa búsqueda que la mantiene en el camino. Su primera obra El amor en Yeosu se publicó en 1995 y posteriormente ganó el Premio de Novela Coreana con su novela corta El niño Buda en 1999, el Premio al Artista Joven del Año en 2000, el Premio Yi Sang en el año 2005 por «La mancha mongólica» y el premio Dong-in en 2010 por Pelea de aliento.

A pesar de que no es hasta el 2016 cuando su obra –La Vegetariana- es traducida y distribuida en América y posteriormente Europa, Kang no es la debutante y revelación literaria que muchos asumieron gracias el parco alcance de la obra asiática y sus traducciones antes de alcanzar el mercado americano. La Vegetariana fue de hecho escrita casi diez años antes -2007- de que la otra mitad del hemisferio la descubriera, y gracias a las traducciones graduales de la novela que se han ido añadiendo con los años para Kang es un libro que particularmente no termina de ser expulsado de su espacio creativo.

A La vegetariana se le ha considerado como una balada feminista y una voz contra la violencia sistemática de los Estados, pero también una prueba más de la valiosa presencia de la escena literaria coreana, país en en donde las autoras femeninas han superado en número a los escritores masculinos desde la década de 1990, y por ende en la actualidad ni los lectores ni los críticos distinguen si un escritor es masculino o femenino.

Y así como Kang no es ninguna debutante literaria, La Vegetariana tampoco es la única obra de la norcoreana. Su bibliografía incluye un cuaderno de relatos, poesía y novelas que se acercan a la violencia del ser humano y buscan el umbral entre la sanidad y la locura, intentando probar la imposibilidad de la inocencia y la gestión del cuerpo humano como refugio y a la vez desabrigo ante la enajenación.

Los actos de Kang

La imagen de una mujer que se convierte en una planta a raíz de su decisión de dejar de comer carne es la escena inicial pero a la vez más fútil de La Vegetariana – que resguarda en su páginas tres cuentos relacionados «La vegetariana», «La mancha mongólica» y «Los árboles en llamas»-. Sus antecedentes residen en una historia corta escrita por Kang en 1997,  “El fruto de mi mujer”, en donde una mujer se convierte literalmente en una planta. Pero desde mucho antes, la aspiración de la autora por lidiar con la violencia y la belleza contrastadas en el mundo la llevaron a reescribir la semilla de aquella historia de una manera más oscura y feroz, además de más extensa.

El desmoronamiento del ser humano y el renacimiento dentro de la misma fisura generada en el cuerpo es un proceso que Kang desarrolla delicadamente en una literatura que no solo crea un puente más estrecho con la poética asiática -y el contraste entre esta y la occidental- sino que abre las puertas para conocer una escena literaria repleta de poesía y cuentos donde los escritores de ficción normalmente comienzan sus carreras como escritores de cuentos cortos, incluyendo a la misma Kang.

Otra de las aproximaciones a la obra de Kang es Actos Humanos, obra traducida y entrelazada con La Vegetariana en donde la escritora relata lo que podría parecer un escenario completamente diferente; la dictadura militar de Park Chung-hee en Corea del Sur y la particular historia de cómo el también dictador Chun Doo-hwan lo releva luego de su ‘asesinato’. La historia narra una cadena de sucesos en donde el eco de una protesta estudiantil en Gwangju -que desencadena en la represión y masacre de estudiantes- se convierte en la crónica de una semana fatal para la nación. En esta novela Kang se acerca a la vida de manera introspectiva, analizando y amoldando el dolor propio y ajeno para construir una singularidad universal. La capacidad para superar el trauma y añadir altas dosis de empatía entre todos estos elementos se manifiesta en su narración para reclamar y reconocer las infamias del ser humano, pero también para entender la redención de sus errores.

‘La violencia es parte de ser humano, y ¿cómo puedo aceptar que soy uno de esos seres humanos? Ese tipo de sufrimiento siempre me persigue’, escribe Kang. En toda esta poética reside la conexión entre la diversidad de su bibliografía. La necesidad de empatía y la incomprensión como ejes de la represión se analizan para reconocer, más no necesariamente apoyar, la violencia como lenguaje humano.

Pero volviendo a la Biblioteca y sus manuscritos, para la escritora este proyecto se trata sobre el tiempo y lo compara inmediatamente con una tradición coreana.

“Se trata del alcance temporal de cien años. En Corea, cuando una pareja se casa, la gente los bendice para que vivan juntos durante cien años. Suena como casi una eternidad”.

Y si el próximo año el libro que no podremos leer es de la autoría de Han Kang es porque de su prosa emergen lecciones futuras que entienden que incluso en el año 2114, hay transgresiones que solo se juzgan íntegramente impresas con las palabras de un escritor en ‘tinta y pluma’.

 

 

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