No cabe duda que el Premio literario Amazon cada vez está tomando más relevancia y así multitud de escritores han hecho de dicho galardón una referencia. Hoy hemos querido hablar con G. G. Velasco que presenta su novela «Nadie vendrá a rescatarnos» a la edición del 2019, y donde narra como un hombre con un tumor cerebral en estado avanzado y una mujer con problemas psiquiátricos graves tras un accidente aéreo se verán obligados a sobrevivir en una isla desierta sin que ninguno sepa si el otro es real o no.

 

¿Cómo se te ocurrió el argumento de esta novela?

Pues se me ocurrió en las islas Cíes, después de ver a una pareja discutiendo a gritos junto al mar y preguntarme qué pasaría si ambos tuvieran que quedarse allí a solas por una temporada sin posibilidad de regresar a la costa. Luego le añadí lo de las enfermedades, para darle un poco más de dramatismo, y a partir de ahí todo vino rodado.

 

¿Qué mensaje quieres lanzar con ella?

Lo expresa muy bien la cita de Novalis que he escogido para abrir el libro: «todo objeto amado es el punto central de un paraíso», solo que en el caso de Óliver Eldricht, el protagonista, ese paraíso se convierte en un infierno por no saber aceptar ciertas cosas. En otras palabras: lo que pretendo transmitir es que muchas veces, las pérdidas y los varapalos emocionales hacen que seamos nosotros mismos quienes nos convirtamos en los únicos habitantes de nuestras islas desiertas particulares y que, para salir de allí, haya que poner en entredicho nuestra concepción de la realidad. Toda la novela es una gran metáfora construida en torno a esta idea, de ahí el eslogan que utilizo a veces para promocionarla: «la realidad es una isla».

«Lo que pretendo transmitir con mi novela es que  las pérdidas y los varapalos emocionales hacen que seamos nosotros mismos quienes nos convirtamos en los únicos habitantes de nuestras islas desiertas particulares y que para salir de allí haya que poner en entredicho nuestra concepción de la realidad»

 

Las islas han sido muy utilizadas en la literatura y en el cine. ¿Qué tiene la tuya de especial?

Entre otras cosas, que no está anclada en ningún punto concreto del tiempo o del espacio. Me interesaba que el lector tuviera tan pocas referencias como el personaje, y, para conseguirlo, he mezclado elementos de islas de diferentes latitudes: hay iguanas, como en las Galápagos, pero también elementos más paradisiacos que la acercan a los atolones del Índico o incluso a paisajes más agrestes sacados directamente de islas lacustres como Oljón, en el lago Baikal. Al margen de eso, su mayor particularidad está relacionada con la propia naturaleza del lugar. El problema es que hablar de ello sería un destripe de los gordos. Lo que sí puedo adelantar, por si alguien ya está pensando mal, es que no es ningún purgatorio ni nada parecido.

Has arriesgado y has decidido escribir un argumento en donde solo existen dos personajes. Supongo que en este caso los diálogos cobran mucha fuerza. ¿De qué versarán los diálogos de estos personajes?

Los diálogos son en realidad el punto fuerte del libro. Los he trabajado mucho y estoy bastante satisfecho con el resultado. Al principio, como pasa con la propia trama (que empieza como una mera historia de supervivencia y deriva en un thriller psicológico lleno de vericuetos mentales), esos diálogos abordan temas bastante cotidianos, pero, a medida que la cosa se complica y la realidad se empieza a resquebrajar por ambas partes, esos diálogos se vuelven mucho más profundos, hasta el extremo de tocar temas que hacen que los protagonistas, y espero que también el lector, se cuestionen si es real o no lo que está ocurriendo ahí. Eso sí, todo sin llegar en ningún momento a ponerme demasiado solemne.

 

Es la quinta novela que publicas en la plataforma de Amazon. Háblanos un poco de todas ellas.

Lo que define a una llama es una novela muy oscura, casi gótica, ambientada en una ciudad ficticia donde a menudo llueve ceniza (Puerto Corvino), que además se encuentra totalmente fracturada por un inminente referéndum de independencia. En ella, con la excusa de una investigación policial con toques fantásticos, y a ratos hasta poéticos, reflexiono un poco acerca de la naturaleza destructiva del amor.

Dögunljósey: vocabulario comparado de lo intraducible podríamos definirla como una historia narrada en dos tiempos, dos dimensiones y dos voces narrativas, en la que la fantasía convive con el drama romántico para rendir tributo, de acuerdo con la estructura de un hipotético diccionario de palabras intraducibles, al poder sanador de la imaginación. Todo con el plus de contar con una ambientación ártica muy particular y de un protagonista de casi ochenta años con artrosis.

La naturaleza del escorpión es otra historia de intriga psicológica, solo que mucho más perversa que Nadie vendrá a rescatarnos, en la que una especie de Paulo Coelho en crisis se enamora de una chica con un extraño trastorno de empatía que pone toda su vida patas arriba y hará también que se replantee su concepción de la realidad, aunque no precisamente en un sentido romántico. Tiene un final de infarto y una ambientación también muy especial en otra ciudad ficticia de las mías: Aldacia.

Por último, Demócrata por conveniencia: diario irreverente de unas elecciones sin elección es una sátira política completamente desmadrada, y basada en hechos reales, que narra mis correrías como trabajador al servicio de un conocido partido político durante unos comicios municipales. Es ideal para aquellos que se estén planteando si deben volver a votar alguna vez o no, y vendría a ser un poco lo que obtendríamos en caso de mezclar South Park, El club de la lucha y El disputado voto del Sr. Cayo en una coctelera.

 

¿Por qué has decidido presentar este argumento al Premio literario de Amazon?

Básicamente, por una cuestión de visibilidad. Pero también porque me gustaría demostrar que menos es más, que lo sencillo es lo complejo y que se puede contar una historia atípica que atraiga a un público amplio sin que eso implique tener que renunciar a cierto nivel de profundidad. Además, creo que es un novela bastante arriesgada y me gusta pensar que todavía quedan personas ahí fuera dispuestas a valorar ese tipo de cosas.

«Me gustaría demostrar que menos es más, que lo sencillo es lo complejo y que se puede contar una historia atípica que atraiga a un público amplio sin que eso implique tener que renunciar a cierto nivel de profundidad»

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero… ¿Con qué otros referentes compararías tu novela?

Puede que alguien llegue a compararla con Perdidos por la ambientación insular y por una cosa que pasa en cierto momento de la que tampoco puedo decir mucho, pero eso sería como afirmar que Alien tiene algo que ver con E.T porque ambas películas van sobre marcianos. Yo siempre digo que Nadie vendrá a rescatarnos es un cruce loco entre Misery, Shutter Island y El lago azul, y quienes la han leído, están en general bastante de acuerdo con ello. Otra referencia serían las novelas de Philip K. Dick, que también solían lidiar con    enfermedades mentales y realidades quebradizas como materia prima. De hecho, el protagonista de mi libro se apellida Eldricht en homenaje a una novela suya titulada Los tres estigmas de Palmer Eldricht, y Ubik, otra de sus obras, aparece físicamente en la trama.

 

El estilo del libro es muy cinematográfico. ¿Qué actor y actriz elegirías si alguien decide llevar esta novela a la gran pantalla?

Siempre me inspiro en personajes conocidos antes de empezar a escribir, así que la respuesta es fácil: Macarena Gómez y Leonardo Sbaraglia. Y quizás un cameo de Takeshi Kitano para una cosa que ocurre al final.

 

Los protagonistas son complejos. Uno de ellos tiene un tumor cerebral en estado avanzado y otro una enfermedad mental grave. ¿No te preocupa que el tema pueda incomodar a alguien?

Tal y como está el patio hoy en día,  sería una imprudencia por mi parte no hacerlo, aunque si te digo la verdad, me preocupa mucho más la peligrosa tendencia en la que nos hemos zambullido al asumir como algo socialmente aceptable, y hasta positivo, que se juzgue la ficción desde los parámetros de la realidad, o incluso que se retuerza la primera para crear otra realidad que nos guste más que la que hay e imponérsela al prójimo. En todo caso, mi intención en este libro está muy lejos de ser la ofensa. Como la mayoría, he tenido familiares víctimas de enfermedades tan duras como la del protagonista de la novela, y si hay alguna causa social que me interesa particularmente (y me indigna que a casi nadie le preocupe) es la lucha por los derechos de las personas con enfermedades mentales. Creo que por eso, y porque yo tampoco estoy mentalmente muy sano, para qué vamos a     engañarnos, todas mis novelas tienen siempre como protagonistas a personas mentalmente divergentes, un término que me parece bastante más acertado que «enfermos mentales». La lucidez y la cordura, en mi opinión, son una patología propia de gente sin mucho que aportar.

«Los escritores que nos autoeditamos no siempre lo hacemos porque no nos quede otra opción. En mi caso particular, si he optado por este tipo de plataformas, es porque he vivido muy malas experiencias con varias editoriales tradicionales»

¿Qué le dirías a quienes piensan que la literatura de autores autopublicados y/o independientes es de segunda división?

Ante todo, que los escritores que nos autoeditamos no siempre lo hacemos porque no nos quede otra opción, como erróneamente suele presuponerse. En mi caso particular, al menos, si he optado por este tipo de plataformas es porque he vivido muy malas experiencias con varias editoriales tradicionales con anterioridad, porque me gusta tener el control de mis creaciones, porque recibo unos royalties más justos y porque estoy convencido de que nadie va a tratar mejor mi obra que yo mismo. Nadie vendrá a rescatarnos, de hecho, es una novela que jamás ha sido enviada a ninguna editorial, lo que no impide que tanto su diseño como el tratamiento del texto haya pasado por los mismos filtros y procesos que una obra salida de una de ellas y que el resultado tenga un nivel de calidad similar. Otra cosa es que luego la historia guste más o menos, pero eso ya es harina de otro costal.

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