Es 21 de abril, faltan dos días para Sant Jordi y, supuestamente, siguiendo las normas, no sé si estrictas, pero sí demasiado asumidas, del periodismo cultural de actualidad este debería ser un artículo sobre Sant Jordi. Sin embargo, no lo es o, por lo menos, no pretende serlo. ¿La razón? Ante todo, por una cuestión meramente visceral: no me da la nada. La segunda razón, algo más meditada, es que no creo que Sant Jordi sea verdaderamente un día destacable para la literatura. Sin duda lo es para el mercado, pero no para el arte literario que, como se ha repetido hasta la saciedad, queda relegado frente a presentadores, televisivos de diversa fauna, cocineros que no cocinan, pero salen en televisión, youtubers e/o influencers y peluches -sí, también firma Jerónimo Stilton- que no solo reúnen a su alrededor interminables colas de personas deseosas de un autógrafo y también de una foto, sino que ocuparán los primeros puestos entre los más vendidos (Si no lo han hecho, lean este artículo de Diego Álvarez Miguel ). Puede que haya excepciones, qué duda cabe que los milagros existen, pero las estadísticas de los últimos años son bastante agoreras con respecto al éxito de lo literario. Los autores lo saben, pues no es algo nuevo; hace ya nueve años, en 2009, Eduardo Mendoza advertía de la deriva de la fiesta: “A veces se ha dado el caso que yo era el único escritor en una larga fila de deportistas, mediáticos, dietistas… La fiesta te permite conocer todo tipo de freaks”. Algunos dirán que el 23 de abril es la fiesta del libro y no de la literatura, dos términos que evidentemente no van asociados. Aquellos freaks a los que aludía Mendoza publican libros así que Sant Jordi, siguiendo esta lógica, también es su día. Asumida esta perversión, solamente comparable a la reciente y cada vez más extendida etiqueta de “novela literaria”, poco o nada hay que decir. Si de lo que se trata es vender, Sant Jordi es el día idóneo, pero si de lo que se trata es de hacer llegar la cultura literaria -la cultura del libro, entendido éste como portador de ideas, de conocimiento, de imaginación- Sant Jordi, salvo excepciones, sirve más bien poco.

Por ello, decía que no me interesaba escribir sobre el próximo 23 de abril, porque y disculpen la reiteración no es lo más importante que le pueda pasar al mundo literario, en el que hay más acontecimientos sobre los que vale la pena detenerse. Por cuestiones de espacio, me voy a limitar a dos, pero soy consciente de que no son todos los que están, ni están todos los que son:

Lucha feminista en el todavía desigual mundo literario
La huelga feminista del pasado 8 de marzo no sólo llenó las calles de mujeres de diferentes edades, profesiones, ideologías y proveniencias, sino que sirvió para poner encima de la mesa tanto las desigualdades que todavía existen por cuestión de sexo como la imprescindibilidad social y económica de la mujer que, como bien decía el eslogan, si para para todo. En 1975, las mujeres irlandesas consiguieron parar el país gracias a una huelga absoluta: de bancos a guarderías, de supermercados a medios de transporte, de fábricas a comercios. El 90% de las irlandesas siguió el paro y entre estas mujeres también estaban las amas de casa, cuyo trabajo no reconocido era como es ahora fundamental para la dinámica familiar y social del día a día. El pasado 8 de marzo, el país no se paralizó del todo, pero sí caminó cojo: tiendas cerradas, redacciones medio vacías, escuelas semi vacías…. Y editoriales donde muchas mesas permanecieron sin ocupar. Aquel 8 de marzo no pasó de puntillas por el mundo del libro y no lo hizo no solo porque fueron muchas las profesionales que se adhirieron a la huelga, sino porque, pocos días antes, se creó Las mujeres del libro, un grupo que reunía a diferentes profesionales -editoras, libreras, agentes, periodistas, bibliotecarias- para denunciar las desigualdades que golpean, con mayor o menos visibilidad, el mundo de la cultura, que, si bien fácilmente enarbola la bandera progresista, no está privo de desigualdad salarial, de falta de mujeres en los puestos directivos o en la disparidad en la concesión de premios a escritores y a escritoras -según el Observatori Cultural de Gènere, solo el 20% de los premios recaen en mujeres. Las mujeres del Libro, comenta editora Patricia Escalona, promotora principal portavoz del grupo, “nace con el objetivo de visibilizar y debatir la presencia de las mujeres en este mundillo nuestro de las letras. La inmensa mayoría de la fuerza laboral del mundo del libro está formada por mujeres, sin embargo, no es así en los puestos directivos; sabemos de la existencia de la brecha salarial, pero no contamos con datos concretos porque no interesa hacerlos públicos; se ninguna sistemáticamente a las mujeres en ferias y eventos, o se las relega a mesas femeninas, como si nuestras vidas y nuestras experiencias no fueran igual de necesarias, importantes y universales que las masculinas. La precariedad laboral y la conciliación; la doble discriminación que sufren las compañeras racializadas y el colectivo LGTBI; las freelance y las pequeñas editoras independientes. Es un suma y sigue de reivindicaciones que no podemos obviar por más tiempo”.
Aquel día 8 de marzo, la presencia de Las mujeres del libro se hizo particularmente patente a través de la ilustración que Paula Bonet hizo de Emily Dickinson, que, en su día dijo: “Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos de pie”; el 8 fue el día para levantarse y tomar conciencia, pero, como apunta Escalona la reivindicación sigue y prueba de ello es que, en poco más de un mes, Mujeres del Libro ha crecido, teniendo presencia en Madrid, Barcelona, Valencia y Asturias y trazando una hoja de ruta muy firme y que tiene como objetivo visibilizar, dentro de la opacidad del sector, las desigualdades que existen y que se perpetúan con una naturalidad inusitada: Revisar la participación de ponentes en los actos; hacer un vaciado de listados de más vendidos, recomendaciones en medios y firmas de autores y autoras; denunciar que los puestos de poder y de responsabilidad en el mundo del libro están acaparados por los hombres; visibilizar que en la ilustración los personajes femeninos tienden a ser sexualizados y, por tanto, no hay una representación realista y diversa de la mujer; exigir igualdad en las Feria del libro y en los jurados de premios literarios y así distintas medidas que la organización hace públicas en su web. Mirando retrospectivamente, pocos acontecimientos hay tan relevantes como la creación de Las mujeres del Libro, porque no solo trastoca los cimientos de una industria, la sacude y busca reformarla de forma equitativa, sino que pone las bases para repensar la cultura y, por tanto, el libro como portador de cultura desde una perspectiva social e intelectual que nunca debió ser ausente: una perspectiva igualitaria.
[A las 11h de la mañana, organizado por la Librería Calders, en el Antic Teatre, habrá un encuentro entre autoras feministas y representantes del colectivo LGTBI]

El escritor que volvió a Argentina para publicar su libro
A veces se piensa que tener padrinos es la mejor manera para publicar un libro, pero no es así. Los padrinos no siempre bastan. Esto bien lo sabe Diego Gándara, cuya primera novela acaba de publicarse en Seix Barral Argentina; el apoyo explícito de Enrique Vila-Matas y de Rodrigo Fresán no ha servido para abrirle las puertas de las editoriales al escritor y periodista argentino que, tras veinte años en España, ahora, manuscrito en mano, está obligado a hacer el viaje de regreso. Fue en Buenos Aires donde consiguió el “sí” que aquí muchas editoriales le negaban. ¿El motivo? Sería inconsciente hacer elucubraciones sobre un asunto del qué poco se sabe y del cual el autor, algo huidizo, tampoco quiere hablar claramente. “Habría que preguntárselo a los editores”, comenta Gándara desde Argentina, donde está en plena promoción de Movimiento único, la novela que, por ahora, no llegará a las librerías españolas. Puede que todo sea cuestión de tiempo y que tarde y temprano alguna editorial optará por este manuscrito que, para quienes lo han leído, tiene más de un mérito literario para poder ser publicado en un país, España, donde la calidad literaria no es el único barómetro -algunos sellos directamente carecen de dicho barómetro- a la hora de publicar. De lo que no cabe duda es que no han sido pocos los sorprendidos ante el viaje de vuelta de Gándara, ante ese tener que regresar para poder ver el manuscrito convertido en libro, que junto al narrador tiene otro gran protagonista: Roberto Bolaño. Las recientes y públicas trifulcas acerca del legado y de la edición de su obra no solo han llenado páginas de periódico, sino que han convertido a Bolaño en tu tema complejo, en un tema siempre pronto para despertar alguna controversia. A la pregunta de si puede haber sido la presencia del escritor chileno, de quien Gándara era buen amigo, la razón por la cual ha sido imposible encontrar editorial, el autor de Movimiento único niega con la cabeza, subrayando que su novela no es una novela sobre Bolaño, sino una novela con Bolaño de fondo. Y tiene razón Gándara, porque Movimiento único es una novela de formación, es la historia de un joven que comparte nombre con el autor que quiere ser periodista cultural y que, para ello, comienza a realizar entrevistas a escritores. Bolaño es uno de ellos: “en octubre de 1999, tres meses después de que Los detectives salvajes ganara el Premio Rómulo Gallegos, le envié un email a Bolaño para hacerle una entrevista y mi vida (no lo supe en ese momento, lo supe mucho después) se puso en movimiento”. Y el movimiento que nos narra Gándara es el de un aprendizaje basado en la conversación, en entrevistas que, pronto, se convierten en intercambios de correos electrónicos y que, una vez que el narrador llega a Barcelona, dan lugar a conversaciones telefónicas y a encuentros en torno a una mesa de café. “Movimiento único se inscribe dentro de ese siempre atractivo subgénero de la novela de maestro y aprendiz. Maestros verdaderos, en este caso”, apunta acertadamente Fresán, para quien el que “finalmente acaba dando una lección aquí, con una voz entre hipnótica e hipnotizada, debutando magistralmente, y demostrando haber aprendido toto lo que había para aprender y por saber, es Diego Gándara”. En este sentido, hay en Movimiento único algo de aquella Lección del maestro de Henry James, donde la lección era el propio libro, el propio artefacto literario. A diferencia de James, como apunta Fresán, en la novela de Gándara los maestros son maestros de verdad y los son porque no pretender serlo, porque tanto Bolaño como Enrique Vila-Matas o Fresán, todos ellos personajes de la novela, se convierten en material literario a partir del cual Gándara crea: “A Diego Gándara, con su elegante desconcierto, siempre pensé en introducirlo en alguna de mis novelas, pero en un golpe de genio o movimiento único ha sido él quien me ha convertido en uno de los personajes de su novela”, escribía, al respecto, Enrique Vila-Matas.

Por ello, independientemente del sustrato autobiográfico que inevitablemente se puede observar, Movimiento único no es una novela autobiográfica, pues parte de la experiencia del narrador -poco importa la coincidencia de los hechos con la realidad- para construir un relato sobre la formación literaria que, como no puede ser de otra manera, termina siendo una formación vital. Para Juan Gabriel Vásquez Movimiento único “es una educación sentimental, un retrato del artista en ciernes o una conmovedora confesión literaria”, mientras que para Vila-Matas es un libro “sutilísimo, bueníiiisimo (diría Bolaño), tan divertido como conmovedor y, además, un vivo retrato del autor: siempre inteligente y sin dobleces.” Gándara ha construido una gran novela acerca de la formación literaria, acerca de la pulsión literaria que yace en un joven que quiere ser escritor y que se alimenta, como la propia literatura, de la conversación con las obras que le precedieron y con sus autores, convertidos, en un primer momento, en maestros y, posteriormente, en interlocutores inteligentes. ¿Llegará Movimiento único a las librerías españolas? Sería incomprensible que no lo hiciese. La noticia a destacar, sin embargo, es que el manuscrito de Gándara ha encontrado editorial y se ha convertido en libro. Movimiento único no será y no podrá ser el libro de Sant Jordi, pero mejor. Casi nunca los mejores libros son los libros de Sant Jordi.

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Anna Maria Iglesia Pagnotta
Licenciada en teoría de la literatura y literatura comparada y doctora por la Universidad de Barcelona con una tesis sobre las prácticas urbanas. Periodista cultural. Colabora con distintos medios, escribiendo principalmente de literatura: El Asombrario, El Confidencial, The Objective, Letras Libres, Llanuras, Nueva Revista. Le gustan las palabras y los libros.

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