«La joven sirvienta que se convirtió en prostituta de lujo fue asesinada con un mazo de madera. Sus relaciones y amistades alcanzaban a importantes personalidades del régimen. La versión oficial fue de robo con homicidio, pero nadie le concedió crédito».

Francisco Pérez Abellán. Crónica de la España Negra.

 

Estás delante del espejo del lavabo. Acabas de llegar de la sesión nocturna del Cine Metropol. La película que has visto, Almas en suplicio, te ha dejado un mal sabor de boca. Pero bueno, la vida es corta y hay que disfrutarla.

Miras la hora en tu reloj de pulsera. Una joya regalada por uno de tus admiradores que en plena posguerra podría dar de comer a una familia entera durante una semana. Vas bien de tiempo. Sales del cuarto de baño y te enciendes un cigarrillo, dejándote caer con pesadez en la cama. Por momentos, te cuesta recordar quién eres y de dónde vienes. Todo cambió hace tiempo. La chica de un pueblo de Huesca que dejó atrás penurias y hambre para probar suerte en la Ciudad Condal como sirvienta, hace años que murió. En su lugar, Carmen Brotons dio paso a Carmen Broto, con su melena teñida de rubio por bandera y unas maneras que sabes exprimir al máximo, se han ido encargando de abrirte puertas cada vez más elevadas en la sociedad. El que a buen árbol se arrima… ya sabes cómo acaba la cosa: joyas… viajes… fiestas… cenas de lujo y una red de prohombres entrando y saliendo de tu alcoba. Un negocio redondo que pronto dio sus frutos y cansada de que tus sábanas olieran a Varón Dandy, decidiste dar un paso más. Y ahí la cosa se empezó a complicar un poco: la mezcla de hombres poderosos y la idea extorsionales no es que vaya a entrar en los anales de tus mejores ideas…

Pero en mitad de todo eso, un amor platónico apareció en tu vida. Jesús Navarro. Tu debilidad. Un canalla que según se rumorea se dedica a asuntos poco legales relacionados con los narcóticos. Cocaína, vamos. Aunque lo que en verdad te une a él, desde el primer momento en que os visteis y hablasteis, es la misma obsesión que te ha perseguido durante años: entrar en la aristocracia de la ciudad. Una empresa complicada, pero uniendo su juventud y tus contactos, todo es posible. El límite es el cielo. Tú su luna y el tu sol.

 

Das otra calada, dejando caer la ceniza en el suelo. Queda poco tiempo para tu siguiente cita. Has quedado con él, con tu Jesusillo. Se ha puesto algo pesado con que quería verte (hombres) y correrse una buena juerga contigo. Tenía cuartos y los bares iban a hacer caja esta noche.

Y en esas estás, comprobando una vez más tu aspecto delante del tocador tras escuchar el claxon de su coche. Los destellos de las lámparas de araña y las cuberterías de plata pueden esperar a otro día. Esta noche no la vas a acabar entre chismorreos, mayordomos de gesto serio y hombres deshaciéndose entre halagos y cumplidos. No. Esta noche no toca trabajar. Es el momento de disfrutar de tus treinta primaveras sintiéndote querida y deseada. Nada de estrechar unos vínculos en los que ellos obtienen lo que quieren y tú sigues socavando sus perversiones más oscuras para sacarles partido más adelante. Un álbum fotográfico que espera a ser llenado de instantáneas comprometedoras y un precio por tu silencio. A fin de cuentas, esto es España y no Chicago. Al otro lado del charco este tipo de negocios se arreglarían descerrajándote un disparo en la cara. Aquí, en cambio, el miedo al que dirán se encargará de que sus fortunas se vean algo menguadas, pero no mucho. Que la avaricia rompe el saco y siempre has sabido ser más hormiguita que cigarra.

 

Cuando sales a la calle, una ráfaga de luces te indica dónde está. Avanzas hacia él, sintiendo latir tu corazón con fuerza en el pecho. El amor y esas cosas. ¿Cuántos hombres de bigote áspero y voz temblorosas te han descrito lo que ahora mismo estás sintiendo? Nunca les prestaste demasiada atención. Todo sonaba a la fanfarria de siempre: te necesito. Pero ahora, en cambio, descubres que no es tan descabellado como pensabas. Sonríes y aprietas el paso. Te mueres por llegar a su altura, fundiros en un abrazo y que vea que le has hecho caso y luces esas joyas que tanto le gustan (unos sesenta mil duros colgando del cuello y las muñecas). Con lo que él no cuenta es la combinación de raso negro que llevas debajo del vestido y que tantas ganas tienes de que te arranque con la boca…

… Pero con lo que tú no contabas es con que tenéis carabina. Su amigo Jaime Viñas está con él dentro del Ford que ha alquilado para la ocasión. Contrariada, te detienes a unos metros del coche. Ellos bajan y se acercan a ti. Te saludan y hay algo en la mirada de Viñas que te incomoda, aunque tampoco le prestas demasiada atención. Jesús está ahí, a tu lado, cogiéndote de la mano. ¿Qué puede salir mal? Así que te dejas llevar de procesión por las zonas de alterne de las calles Rosellón y Casanova. El alcohol se encarga de diluir tus recelos y hasta te los pasas francamente bien cuando tu Romeo rodea tu cintura y os marcáis algún que otro paso agarrao bajo la mirada de todos cuanto os rodean.

Hasta que llega el momento de irse a echar la última a otro sitio que Viñas dice conocer. Montáis en el coche. Conduce Jesús. Tú vas con la cabeza apoyada en la ventanilla. El tacto frío de cristal te despeja un poco, porque la verdad es que vas algo amodorrada. Al pasar junto al Hospital Clínico, tu acompañante de asiento murmura algo. La velocidad del coche disminuye. Te cuesta comprender qué está pasando, hasta que Viñas te sacude en la cabeza con mazo de madera que ha sacado del bolsillo de la gabardina. Aturdida, y con la cara empapada de sangre, forcejeas con él. Jesús detiene el coche. Aprovechas el momento para salir corriendo. Zapatos de tacón, borrachera y una herida abierta en la cabeza no parecen ser demasiado compatibles con correr los cien metros lisos. Y a los pocos pasos te desmayas.

Asustado por lo que acaba de ver, un vigilante del Clínico se acerca a la carrera. Tus esperanzas de salir con vida de ésta parecen hacerse realidad. Pero la labia de tus acompañantes hace el resto y entre los tres te vuelven a montar en el vehículo. A fin de cuentas, el del uniforme se ha tragado lo que le han dicho de que son médicos y te llevaban a una clínica privada para tratar tu intoxicación etílica.

La siguiente parada, a la cual llegas pero de cuerpo de presente, es en el huerto de la calle de la Legalidad. Allí os espera el padre de Jesús. El alma máter de todo lo que te acaba de pasar. Monta en cólera al ver la chapuza que han hecho. Están empapados de sangre y asustados. Pero no hay tiempo para andarse con remilgos. A lo hecho, pecho. Y en este caso lo que toca es despojarte de las joyas, deshacerse de tu cuerpo, asearse en casa y repartir una dosis de cianuro por barba, por si las cosas se complican y los de la Brigada de Investigación Criminal hacen acto de presencia. Cosa que no tarda en pasar y que acabará con una versión oficial más chapucera aún. De los tres culpables, dos se quitarán de en medio al más puro estilo de un agente encubierto al ser descubierto, con un pequeño regusto a almendra amarga en el cielo de la boca. El que no va a correr esa misma suerte es tu Jesús, que recordando aquello de que en boca cerrada no entran moscas, mantendrá el pico cerrado y así salvará el pescuezo.

Todo lo que habrá detrás de tu muerte, guardará un tufillo a censura y despachos que tirará de espaldas. La causa será el robo y a otra cosa. Más adelante, en un arrebato de militancia por parte del único sospechoso con vida, intentarán soltar la idea de que todo fue un ajuste de cuentas por parte de un comando anarquista. Habías largado más de lo que debías y la única forma de silenciarte, era quitarte de en medio. Conjeturas y teorías que se sucederán la una a la otra. Cuando, quizá, la causa de tu destino sea ese el que a buen árbol se arrima que tanto decías sintiéndote en cierto modo impune. Y es que en ocasiones, la letra pequeña es la que marca las diferencias, o lo que es lo mismo, y por terminar el refrán, el que a buen árbol se arrima, a veces acaba sirviéndole de abono.

 

Fuentes:

– Crónica de la España Negra. Francisco Pérez Abellán. Págs. 49-53

– https://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20160825/150485359_0.html

– https://criminalia.es/asesino/carmen-broto/

 

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