Cuando te piden que recomiendes algún libro sueles citar la novela que tienes entre manos o alguno de los que te atraparon recientemente, pero a mí, particularmente, me vienen a la cabeza algunos libros que leí hace tiempo y recuerdo con gran entusiasmo.  Parece que si el libro lleva mucho tiempo en las librerías está caducado o pasado de moda, que siempre tenemos que leer lo más novedoso, la última hornada, porque si no está calentito ya no se lleva, está “out”. Pero yo no pienso así. Es verdad que las novedades son más atrayentes porque llevan adjunta una promoción literaria, presentaciones con visitas de los escritores a tu propia ciudad, y esto las hacen muy visibles al público general pero a mí me gusta la recomendación del boca-oreja. En esta ocasión quiero hablaros de uno de los libros que siempre me vienen a la mente cuando me piden nuevas lecturas, El lector de cadáveres.

“las novedades son más atrayentes porque llevan adjunta una promoción literaria, presentaciones con visitas de los escritores a tu propia ciudad, y esto las hacen muy visibles al público general pero a mí me gusta la recomendación del boca-oreja”

Después de leer esta novela quise conocer al autor y lo invitamos a un grupo literario que dirijo. Cenando y charlando sobre la creación de su obra el autor nos contaba que, cuando barajaba ideas sobre su próxima novela, quería que apareciera un asesinato en la misma. Navegando por Internet se da de bruces con un foro medico, donde simula ser uno de ellos para ir extrayendo información sobre la temática forense y descubre, por casualidad, un personaje chino llamado Ci (se pronuncia Chi) que vivió hace ochocientos años y creó todas las técnicas y pautas para reconocer la causa de la muerte de cualquier persona, y que se han utilizado hasta mitad del siglo XX cuando descubrieron el ADN. Ci fue el creador de las más innovadoras técnicas de identificación forense para los fallecimientos por causas violentas. Prácticas curiosísimas narradas en la novela  muy al estilo CSI y usadas desde el medievo hasta los años 80 del pasado siglo.

La contraportada del libro nos cuenta: El Lector de Cadáveres narra la extraordinaria historia de un joven de origen humilde, cuya pasión y determinación le condujeron desde su cargo como enterrador en los Campos de la Muerte de Lin’an a discípulo aventajado en la prestigiosa Academia Ming. Allí, envidiado por sus pioneros métodos, y perseguido por la justicia, despertará la curiosidad del mismísimo emperador, quien le convocará para rastrear los atroces crímenes que, uno tras otro, amenazan con aniquilar la corte imperial.

Muchas veces, al recomendar el título de esta novela, me han puesto cara de sorpresa y me han dicho que el encabezado no les atrae y les produce rechazo para comenzar con su lectura, pero, aunque pueda parecer desagradable la palabra “cadáveres” del enunciado, su interior depara un no parar de aventuras muy bien tramadas y de perfecto trazo.

También provoca recelo de elección sobre esta novela que la historia ocurra en China por preocupar al lector la posible confusión con los nombres de los protagonistas haciendo complicada la trama. Pero este problema está muy bien resuelto por el escritor.

“Es una novela que, nada más abrirla, te atrae como el aroma del chocolate cuando pasas junto a una pastelería”

Es una novela que, nada más abrirla, te atrae como el aroma del chocolate cuando pasas junto a una pastelería, te hace entrar en ella y no dejas de zampar hasta que finalizas sus más de 500 páginas.

Hay que mentalizarse, a lo largo de la lectura, que nos encontramos en una sociedad medieval, en un territorio de costumbres totalmente diferentes a las europeas y que pueden parecernos irreales y tremendamente duras, pero textos de la época las narran con veracidad y han sido reflejadas con precisión por el autor.

“Para entender la crudeza del trato entre las clases sociales o las relaciones paterno filial o entre hermanos que se narra en la novela hay que trasladarse mentalmente al siglo XII en China”

Para entender la crudeza del trato entre las clases sociales o las relaciones paterno filial o entre hermanos que se narra en la novela hay que trasladarse mentalmente al siglo XII en China, donde la procreación era una mera obtención de mano de obra barata o gratuita y las relaciones entre familiares estaba carente de amor en la mayoría de los casos.
Sin olvidar que es una novela de ficción, inspirada en un personaje real, pienso que esta realmente bien escrita, que las acciones son constantes durante todas las páginas del libro, sin sobrarle ni una sola.

Es verdad que el título echa para atrás, que el personaje es castigado constantemente a lo largo de la obra, pero es una novela que entretiene y enseña. Lo he recomendado con mucho entusiasmo en el pasado y lo seguiré haciendo en el futuro.

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