La filosofía lleva siglos debatiéndose alrededor del conflicto suscitado entre naturaleza y cultura, es decir: ¿Somos lo que nacemos o somos lo que aprendemos? Pero así como en el ámbito de la filosofía la respuesta sigue siendo una incógnita, en el ámbito de la familia hace tiempo que se llegó a la conclusión de que la única respuesta posible ante tal enigma no es otra que depende.

Depende, en primer lugar de si responde usted al perfil de padre-pez (llena usted el mar de huevos fecundados que alguno sobrevivirá) o al de padre-canguro (se deja las lumbares hasta que al crío le salgan los bigotes). Y también depende de la idiosincrasia del vástago: algunos niños entran en el cuarto de baño para lavarse las manos y otros para repasar con kétchup las juntas de las baldosas.

Por todo eso, si el retoño es manso como una balsa de aceite, el padre-pez pensará: Ha salido a mí, mientras que el padre-canguro se dirá: Hace lo que le he enseñado. Pero si resulta que la criatura ha sacado la piel de Satán, el padre-pez exclamará: ¡De dónde ha salido este bicho!, mientras que el padre-canguro se lamentará: La familia me lo malcría.

Pero que esto último sea cierto no significa que sea relevante ya que, como todo el mundo sabe, en materia de crianza todos los padres y madres son unos auténticos inútiles y las únicas que saben lo que están haciendo son —efectivamente— las abuelas que, cuando se trata de la educación de sus nietos se caracterizan por:

  • No ser para nada intervencionistas.
  • ¿Machistas? ¿cómo se atreve?

Así que, compren boletos que ponemos el bombo en marcha. Abuela refiriéndose al angelito de su nieto:

Si lo está criando la madre, es una cuestión de genética, qué suerte ha tenido la lagarta.

Si lo cría el padre, lo está educando como hacía yo con él.

Si lo están criando a medias, lo de la madre no cuenta, a las horas que llega…

Si lo están criando en un internado, qué buen internado escogió la lagarta.

Si no lo cría nadie, la genética, pero la de la abuela claro, igualito que mi hermano Pepe.

Si lo está criando la abuela, es una cuestión de método, si no fuera por mí…

Si lo cría el abuelo, pero al final siempre me acabo encargando yo.

Han cantado línea; seguimos para bingo. La misma abuela pero con un bellaco de nieto:

Si lo está criando la madre, es que no sabe educarlo.

Si lo cría el padre, el crío ha salido a la madre.

Si lo están criando a medias, la madre lo estropea todo, a las horas que llega…

Si lo están criando en un internado, eso no hay internado que lo arregle.

Si no lo cría nadie, ¡conmigo tendría que dar!

Si lo está criando la abuela, ¡si es que es igual que la madre!

Si lo cría el abuelo, si no lo supo hacer con sus hijos…

Conclusión: está bien que usted se esfuerce al máximo por aquello de no darle argumentos a su madre o a su suegra pero lo cierto es que cuando se trata de los hijos, como suele decirse, «por sus actos los conoceréis» y usted —a quién pretende engañar— sabe perfectamente lo que tiene en casa.

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