Noche cerrada. La casa rectoral frente a un grupo de tipos cargados de tinto y con una certeza: ahí dentro hay billetes. Ya se sabe, la iglesia vive de las rentas y los cepillos tienen que estar repletos de dinero de meapilas preocupados por las cosas del alma. Así que todo es ponerse a ello. Montar un butrón en la cerca dejándose las uñas para separar las piedras de la argamasa y a tirar de herramienta. Que ya se sabe, las carga el diablo y quitarse de en medio a un cura es una tentación demasiado grande para el de los cuernos y el tridente como para que no dé ánimos a los que están metidos en faena.

La cerca parece resistirse, así que a trepar el muro. Un salto y a caer sobre la huerta. Los tomates o lo que quiera que cultive el párroco dándoselas de Mendel con los guisantes y tal, convertidos en papilla. Y ahí estas tú, junto a tus compinches. En el fondo te jode lo que está por pasar. Conoces al pobre desgraciado que cuando han empezado a zurrear las balas ha tratado de haceros frente y ahora intenta huir con lo puesto: la ropa de dormir y un aspecto patético. Pero así son las cosas. José Corral, que es como se llama el cura, por si se te ha olvidado por la emoción del momento, últimamente no ha sido un buen pastor. Y ya sabes, quien siembra recoge.

Y con la tontería de jugar a los vaqueros, estáis dentro de la casa ya. La conoces a la perfección. El padre Corral y tú eráis amigos. «Toribio, hijo mío…» solía decirte. Lo de Toribio era algo cariñoso, tu nombre es Mamed Casanova, pero a estas alturas del baile no está la cosa como para andarse con remilgos. Los criados deben de estar escondidos en algún lado y eso trastoca vuestros planes. Uno se encarga de buscar la manteca y los demás jugáis al tiro al pichón. Pumb. Pumb. Una criada que se va a criar malvas y 2.000 pesetas que cambian de dueño. Los designios del Señor son inescrutables y el dinero no tiene dueño. Y hora de salir por piernas de allí. Habéis hecho mucho ruido y cuanta más tierra se ponga de por medio, mejor. Ya habrá tiempo de ensayar coartadas y tratar de vender humo a las autoridades llegado el momento.

Y este no se hace esperar. A la semana exacta (30 de noviembre del año de nuestro Señor de 1900) uno de tus compinches cae. El cabrón de Pepe Piñeiro no opone resistencia. Es más, cuando dicen que de llevarle al penal de Ortigueira nada, que mejor dejarle unos días en el cuartelillo para que se ablande y cante, el muy hijo de puta se arranca por muñeiras. Bueno, en su defensa hay que decir que ante un «hábil interrogatorio» en el que te amenazan con tirarte desnudo a un pozo, con las fechas que corren, normal que tu compañero de fatigas hiciera lo que hizo. Tú también te habrías marcado un a capella con todas las de la ley.

El caso es que fruto de eso, te pillan a los pocos días. La cárcel de Ortigueria parece una lata de sardinas y ahí os quedáis, a la espera de juicio. Aunque te da que pintan bastos y eso de dormir en duro no va a ser una de tus mayores preocupaciones. Tu gaznate lo intuye y la desazón y el miedo empiezan a aparecer cada vez con mayor frecuencia. Situaciones desesperadas necesitan medidas desesperadas. Y así lo haces el 30 de agosto.

El carcelero es un tío que se preocupa por hacer su trabajo, el bienestar del reo y esas cosas. Tú fingiendo lo primero que se te ocurre. Muchos gritos. Dolores. Retortijones. Todo vale. Hasta que abre la puerta y zas, estacazo en la cabeza y a correr. La libertad te llama y tu acudes como un perro ante el tufillo de una hembra en celo. Otro se pone de por medio y repites la operación, persignándote en silencio y pies para qué os quiero.

Tu leyenda de bandolero crece. Un Luis Candelas por los montes gallegos. Ahí es nada. Y para colmo las chavalas de los pueblos deshaciéndose en elogios y lisonjas cada vez que el hambre te obliga a bajar de las montañas y comer algo caliente. Una vida de lujo, vamos. El rey del mambo. Hasta que la rutina de ser bienvenido en cada aldea que pisas juega en tu contra. Las batidas de los civiles para darte caza pinchan en hueso y tu ego aumenta. Joder, no es para menos. Tensar la cuerda. Jugar al ratón y al gato. Llámalo como quieras. Y claro, tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe y tu suerte cambia de dueño el día que vas a la casa del párroco de Freijo, Antonio Prieto. Éste se comporta como un hombre ejemplar para contigo. Cena, buen vino, tertulia. Y de postre alguien que da el chivatazo a la Guardia Civil y estos ponen la guinda al pastel. En concreto una bala que por poco te deja seco allí mismo.

Pero mala hierba nunca muere y tú no ibas a ser la excepción. Tu vida penitenciaria empieza. Un periplo de celdas y peregrinar de presidio en presidio. La pena de muerte ondeando sobre tu cabeza, y tu santa madre implorando el indulto a Alfonso XIII, que al final llega transformado en cadena perpetua. Y de ahí, con el subidón del momento, a Ceuta. Allí las cosas no son como en tu tierra natal. Gente cruda y curtida. Y un pollo con ganas de convertirte en su putita. Pero de esto, el único que se convierte en algo es él cuando le clavas un tenedor en el pecho y se lo sirves calentito al cura de la cárcel para que le dé la extremaunción. Tu nombre ganando peso en el ambiente patibulario, y para celebrarlo un intento de fuga más. Un saco de mercancías, los encargados de llevarlo a un barco untados y la libertad mostrándose esquiva cuando un guardia haciendo la ronda de rutina descubre el tinglado. Hay que joderse, tan cerca para luego nada. Y de Ceuta pues a seguir viajando. Santoña… Valencia… Y la certeza de que hacerte pasar por loco sería la solución perfecta para que te pusieran de patitas en la calle…

Hasta que te sales con la tuya y te ponen en libertad. Estamos en los locos años 20. Fuiste flor de verano. Ni Dios se preocupa por hacer memoria y recordar quién fue Toribio el de las Grañas. Miseria y hambre. De bandolero romántico a la mendicidad en la puerta de las iglesias. Triste, ¿verdad? Pues te cuento un secreto y dejo que lo asimiles con calma. No volverá a saberse de ti. De hecho, ni los historiadores podrán ponerse de acuerdo sobre cuándo morirás. El Dillinger gallego convertido en un cuerpo anónimo en mitad de la nada. Fama efímera y una leyenda de los bajos fondos que se pierde. Ley de vida.

 

Fuentes:

https://criminalia.es/asesino/mamed-casanova-toribio/

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/coruna/coruna/2014/10/26/ladron-foi-lenda-vilalba/0003_201410M26C10991.htm

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/pontevedra/2002/12/14/hemeroteca-capturado-bandolero-mamed-casanova-toribio/0003_1369846.htm

https://www.farodevigo.es/cartas/2011/07/31/ultimo-bandolero/567462.html

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