«Cuando un hombre envejece decimos que es como un buen vino, que ha mejorado; en cambio las mujeres… nos tratan como a flores secas a las que hay que cambiar porque afean el jarrón»

Son palabras de la actriz Charlize Theron en una entrevista tras cumplir cuarenta años. No le faltaba razón al pronunciarlas pues así es como se ha tratado a las mujeres muchas veces, y más en su profesión; un desacierto. Y es que la mujer, como el hombre, tiene mucho que decir a cualquier edad. Por ejemplo en la escritura. Para escribir solo hace falta un cerebro creativo,  y esto es algo no está ligado a nuestro sexo ni limitado a unos determinados años. La creatividad viene sin edad mínima de uso ni fecha de caducidad.

Cuando leí “Frankenstein” me deslumbró que Mary Shelley hubiera sido capaz de escribir aquella maravilla, la primera obra de ciencia ficción considerada como tal, con tan solo 17 años. Ya tenía 20 cuando la publicó. Por entonces la escritora que habita dentro de mí ya había despertado y quería emular su gesta. Aún no era consciente que para poder escribir primero, aparte de leer mucho, hay que vivir un poco; y mi vida con 17 no iba a tener nada que ver con la de mí querida Mary. Un año antes de escribir su novela había dado a luz una niña prematura que murió plácidamente en su cuna mientras ella dormía, antes de cumplir un mes de vida. Aunque en 1816 había vuelto a ser madre, de un niño sano, creo adivinar porque despertaba su imaginación la posibilidad de devolverle la vida a un cadáver.

Emily Brontë publicó “Cumbres borrascosas” bajo el pseudónimo masculino de Ellis Bell con 29 años. Normal que lo hiciera así, su hermana Charlotte mandó alguno de sus versos a un reputado poeta buscando apoyo y lo que recibió por respuesta fue: «La literatura no es asunto de mujeres y no debería serlo nunca». Hoy es considerada un clásico de la literatura. Ella murió al año siguiente de tuberculosis. Nuca llegó a cumplir los 31 que fue la edad a la que Charlotte Brontë publicó, desoyendo también las palabras del poeta, otro clásico titulado “Jane Eyre”

“Sentido y sensibilidad”, la primera obra publicada por Jane Austen, comenzó a escribirla en torno a 1797 con 22 años.  Aunque no vio la luz en papel hasta 1811, a sus 36. Tras esta llegó una larga colección de títulos con estupendas historias, mucho más críticas a la sociedad que le tocó vivir que románticas.

Pero no solo de autoras en habla inglesa vamos a hablar. Matilde Asensi publicó “El salón de ámbar” con 37 años. E Isabel Allende exorcizó demonios al escribir su primera novela, “La casa de los espíritus”, que salió impresa  habiendo cumplido los 40.

Isak Dinesen, que tenía una plantación de café en África, inició su carrera literaria cuando se vio obligada a regresar a Dinamarca  con 46 años. Pasados los 50 publicó su célebre “Memorias de África”

Penelope Fitzgerald no fue hasta los 58 que publicó por primera vez. Con 63 fue finalista del prestigioso Premio Booker con “La librería”. Título adaptado al cine en 2017 por la directora Isabel Coixet.

Y cerrando este breve listado de autoras, donde son todas las que están pero no están todas las que son, tenemos a Harriet Doerr. Publicó por primera vez a los 74 años. Tras enviudar terminó su educación, que dejó interrumpida por su matrimonio, y se dedicó a escribir. Su primera novela, “Piedras para Ibarra”, ganó un premio literario. Y es que aún tenía mucho que decir antes de morir en 2002 con 92 años.

Jóvenes, y no tan jóvenes, ninguna de ellas se limitó a ser flores en un florero porque eran mucho más que la lozanía de su juventud. Las autoras tienen un cerebro tan lleno de ideas como los autores a cualquier edad, y al igual que ellos, saben cómo utilizarlo. Y esto es extrapolable a cualquier otra actividad.

Compartir
Artículo anteriorTurf: Cabaletta (somos la Resistencia)
Artículo siguienteBig Call, vamos con Joseph
Silvia Eguíluz González
Mi nombre en Mª Silvia Eguíluz González. Soy de Miranda de Ebro, provincia de Burgos, pero vivo en Logroño desde hace muchos años. Me gusta leer y escribir. Leer porque, además de ser un placer, no existe mejor forma de aprender a escribir. Y escribir porque si no lo hago las historias que nacen en mi cabeza se quedan allí enquistadas, con sus personajes exigiéndome a voces poder salir. “7 Narraciones imposibles y un verso” es el título de mi primera obra publicada, una colección de relatos. Después vino “La maldita de Aquende a Allende”, mi novela, publicada por Meiga Ediciones. Y este mismo año 2019 he sido la ganadora del “III Premio de Literatura Ilustrada Villa de Nalda e Islallana” con la obra “La bruja de Islallana”. A parte de todo esto soy Óptico-Optometrista y madre de familia, así que soy incapaz de recordar la última vez en mi vida que me sentí aburrida.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here