En 2009 David Monteagudo publicó “Fin”. ´El era un autor novel, ya talludito, del que todos los periodistas querían destacar sus antecedentes personales (vamos, que era currela en una fábrica) más que su formación literaria. La novela se convirtió en un éxito instantáneo, y generó un montón de discusiones sobre su simbología o interpretación última. Discusiones que, en ocasiones, trascendían al mundillo, y se colaban en el día a día. Vamos, que pegó muy fuerte, película con guapines y guapinas incluida.

Quizá demasiado. El listón estaba alto, al menos en cuanto a impacto “cultural”, y David Monteagudo se tentó mucho en sus siguientes apariciones editoriales. Hoy, para celebrar el (tardío) décimo aniversario de este libro, la editorial :Rata_ (me encanta el nombre) recupera la obra y añade un bocado suculento que, por sí solo, despierta la curiosidad de quienes la leyeron en su día… el final que su autor había dispuesto originalmente y que fue cambiado por indicaciones del editor. Qué nervios, qué nervios, cuál me gustará más.

Hablamos con David Monteagudo sobre “Fin”, sobre lo guapos que son los actores españoles, sobre crisis pasadas y presentes, sobre finales alegóricos y sobre el postureo literario. Ah, y de la fábrica, claro, también de la fábrica. No se lo pierdan…

 

Sobre tus comienzos

 

¿Desde cuándo te sientes escritor?

Desde que, en el 2003 o el 2004, vi que era capaz de escribir novelas que funcionaban (Brañaganda fue escrita en esa época), que se aguantaban, y que satisfacían a mis lectores privados y me satisfacían a mí mismo. Pero faltaba el reconocimiento de, por lo menos, algún editor. En 2009 llegó el editor, e incluso otros reconocimientos que en principio sólo eran un sueño. En cuanto a ser un escritor profesional, todavía hoy me sigo preguntando si lo soy.

 

¿Escribías diferente cuando compaginabas esa labor con tu trabajo en la fábrica? Entiendo que eras menos experto, tenías menos oficio pero… ¿echas de menos quizá la abrumadora libertad de aquellos escarceos?

Es tal como tú lo dices. Ahora tengo más oficio, y cometo menos errores cuando me pongo a escribir, pero es cierto que añoro la libertad de poder escribir lo que me daba la gana, y sobre todo añoro, no tanto la necesidad —que sigue estando ahí— como las ganas de escribir y la capacidad de trabajo para hacerlo incluso a costa de grandes sacrificios.

 

¿Cómo surge la posibilidad de publicar tu primera novela en una editorial tan grande y prestigiosa como Acantilado?

Buf! Es una historia muy larga, que ya he contado e incluso escrito más de una vez, y que se puede resumir con una breve lista de felices circunstancias que coincidieron y contribuyeron a ello:

-Mi perseverancia (escribí 10 libros, recibiendo negativa tras negativa, hasta que conseguí publicar)

-El buen trabajo que hizo mi mujer, Olga, como agente literario completamente amateur (no lo había hecho en su vida), consiguiendo que varias editoriales —entre ellas Acantilado— leyeran alguna obra mía.

-La ayuda inestimable y Providencial de Jordi Llavina, con una serie de estrategias destinadas a promocionarme, entre ellas un artículo que escribió en “La vanguardia”, con el que consiguió estimular el olfato de Jaume Vallcorba.

-El apoyo del propio Vallcorba, que se atrevió a hacer aquello a lo que otros no se habían arriesgado: publicar a un autor completamente desconocido, con una novela que se puede encuadrar en el fantástico y en una editorial de prestigio como la suya.

-La suerte. Siempre he pensado que también es necesaria, en mayor o menor medida, para conseguir este tipo de cosas.

 

 

Sobre “Fin”

 

Los personajes de “Fin” son, en algunos casos, clichés perfectos de tipos muy reconocibles en su tiempo. Pienso en los “hombres de negocios”, sobre todo. ¿Crees que siguen siendo reconocibles hoy en día?

En lo que sus problemas tienen de existencial, de universal, sí, por supuesto, pero es verdad que el mundo cambia muy rápido, y en los aspectos más costumbristas de un libro escrito en el 2008 hay muchos elementos que hoy en día ya no tienen vigencia. Si lo escribiera hoy seguramente surgirían algunos temas diferentes en las conversaciones de los personajes.

«Si «Fin» lo escribiera hoy seguramente surgirían algunos temas diferentes en las conversaciones de los personajes»

Esta pregunta no suele gustarnos a los escritores… ¿cuál dirías que es el tema central de “Fin”? ¿La amistad, el amor, la obsesión, el paso del tiempo?

Pues no es por epatar, ni por dar la contraria pero la verdad es que el tema central es el fin del mundo, y la soledad de unas pocas personas que sospechan que pueden ser las únicas que quedan en un mundo deshabitado. Cuando era niño vi por la tele una película en blanco y negro, subtitulada, Final de agosto en el hotel Ozone, que me impresionó mucho. Era una película checoeslovaca del año 67, y narraba básicamente el periplo de unas pocas personas por un mundo deshabitado después de un cataclismo. La escena en la que esos supervivientes pasaban, a caballo, por un impresionante desfiladero, con la presencia de una amenaza que no se acababa de materializar, se me quedó grabada en la memoria. Siempre he dicho que las experiencias artísticas —sean lecturas, películas o exposiciones de arte— marcan tanto o más que las vitales, y condicionan o inspiran la futura obra de un creador. Ese es el auténtico motor de Fin; todo lo demás: los personajes, sus conflictos, la sociedad en la que viven, son cosas que se van añadiendo a ese chasis original. La elección del tema central —entre todos esos vestidos que el autor ha tenido que confeccionar para dar a su idea la forma de una novela— más bien le corresponde a los lectores.

Como curiosidad explicaré que recientemente, buscando en Google, di con la película, y descubrí dos cosas que no recordaba: que las supervivientes eran todas mujeres, y que eran exactamente nueve, el mismo número que mis personajes de Fin.

 

Verás que entre esos temas no he citado el elemento sobrenatural. Particularmente lo considero más como un “ambiente”, como mucho un agente provocador, pero no el tipo principal de la novela. ¿Estás de acuerdo? Y, en tal caso, ¿por qué decidiste vestir esta historia con telas fantásticas?

No creo que me contradiga si afirmo que estoy de acuerdo con tu planteamiento. El único elemento fantástico que tiene Fin es el fin del mundo y la forma en que éste se materializa, con la aniquilación por desaparición física, literal, de la raza humana. Todo lo demás que hay en el libro es de un realismo feroz, radical: cómo reaccionarían unas personas completamente vulgares, escogidas al azar, si se encontraran de pronto con el fregado.

 

¿Alguna vez te has visto tentado con una continuación de “Fin”?

Sí, incluso la escribí, pero es muy mala. Está prudentemente guardada en un cajón, y cada vez que sale para que la lea alguna persona de mucha confianza el veredicto es el mismo. Eso sí, siempre podría volver a intentarlo.

 

La nueva edición de “Fin”

 

¿Por qué reeditar “Fin”?

En el prólogo del libro respondo detalladamente a esta pregunta. «Fin» es una novela que sigue goteando lectores, que continúa generando debate. Creo que en estos diez años se ha ganado una edición conmemorativa, con una respetuosa revisión y una serie de contenidos extras que responden a algunas de las preguntas más frecuentes de sus lectores. También tengo la esperanza de que al poner de nuevo la novela en el foco de la actualidad literaria —como ocurrió cuando se estrenó la versión cinematográfica— ésta pueda llegar a nuevos lectores que todavía no la conocen.

 

Supongo que releer la obra tantos años después ha sido especial… a día de hoy ¿De qué te sientes más orgulloso?

Pues sí, hacía tiempo que no la releía y ha sido una experiencia curiosa, casi diría que me ha sorprendido. Algunas pocas cosas me han molestado, pero en general he visto potencia y creatividad. Lo que más valoro es la atmósfera melancólica y desasosegante que tiene el libro.

 

¿Has tenido tentaciones de introducir cambios “mayores”? Matizaciones, derroteros ligeramente distintos…

Más que tentaciones, algún impulso momentáneo mientras iba leyendo, pero yo jamás haría eso. No soy partidario de ir modificando los libros a lo largo del tiempo, sino de conservarlos con sus posibles errores, pero también con sus aciertos y su frescura original. Siento mucho respeto por el escritor que era yo hace doce años, y tengo un temor un poco supersticioso a estropear la cosa por intentar arreglarla.

 

«Lo que más valoro es la atmósfera melancólica y desasosegante que tiene el libro»

 

¿Por qué mostrar el cambio de final?

Bueno, yo lo entiendo como un contenido extra, como una curiosidad para los amantes del género. En el prólogo digo —es lo que yo creo— que el manuscrito mejoró con la intervención del editor, sobre todo en lo que respecta a la extensión del último capítulo.

 

¿Qué opinas sobre esa intervención sobre el final? Quiero decir… ¿consideras que el negocio editorial es un juego de dos entre autor y editor o crees que el escritor está por encima de todo?

La respuesta es relativa. Un autor consagrado y con mucho prestigio, un premio Nobel, está por encima de cualquier editor, pero si eres un completo desconocido, y una editorial de prestigio se aviene a publicarte, pecarías de soberbio si te negaras a tocar una sola coma. Por otra parte, hay numerosos ejemplos de buenos editores, de los de antes (y Vallcorba era uno de éstos) que aconsejaron muy bien a sus autores, aportando el sentido común y la claridad de ideas que ellos —a pesar de su enorme talento literario— no siempre tenían. No son pocos los escritores que le deben al trabajo de su editor el éxito de su carrera y su prestigio y proyección en el mundo literario.

 

Después del final

 

Cuando apareció “Fin” la coletilla que te acompañaba era siempre la de tu pasado como trabajador ajeno al mundo editorial, casi como si eso explicase más cosas que tu propia literatura… ¿llegaste a acabar hastiado de eso? De los tópicos…

Bueno… Afortunadamente la novela era lo suficientemente intensa y polémica como para que se hablara más de ella que de su autor. Nada me parece más triste que esas obras literarias que se hacen famosas por alguna polémica extraliteraria, o un escándalo relacionado con su autor; libros de los que todo el mundo habla pero que muy pocos se han molestado en leer. En el caso de Fin, la verdadera polémica, la más enconada, giraba en torno al contenido del libro, y a su calidad literaria, aspecto en el que había opiniones muy encontradas, y muy radicales.

 

Sobre la adaptación cinematográfica de “Fin”… ¿quedaste satisfecho? Voy a ir a algo concreto… ¿qué sentiste cuando pusieron cara (una cara distinta a la que tú imaginabas, claro) a tus personajes?

Al final salió un producto muy digno, hecho con mucho cariño y con una gran profesionalidad por parte de todos los técnicos y artistas que intervinieron en ella. Aun así, la película no acaba de funcionar, tal vez por un planteamiento demasiado mimético con el libro (eché de menos un director un poco más valiente, que creara su propia paranoia partiendo de mi material, o tal vez que se identificara más con él), o tal vez porque la inversión era muy potente y quisieron nadar y guardar la ropa, es decir: hacer una película adulta, de calidad, pero sin descuidar al público de palomitas que tenía que llenar las taquillas. En ese sentido habría que encuadrar, por ejemplo, la decisión de poner actores y actrices atractivos —guaperas, para entendernos— y además diez años más jóvenes. Lo verdaderamente valiente habría sido hacer la película con auténticos cuarentones normales y corrientes, que además no fuesen actores conocidos. Eso habría sido mucho más fiel al espíritu del libro. Pero quizás ese era un proyecto para un equipo muy diferente de productores, vamos, un proyecto más independiente.

«Lo verdaderamente valiente habría sido hacer la película con auténticos cuarentones normales y corrientes, que además no fuesen actores conocidos. Eso habría sido mucho más fiel al espíritu del libro»

“Fin” supuso un éxito grande de crítica y público. Supongo que para ti fue algo inesperado…

Pues sí, la verdad. Yo iba con la idea de que el libro gustara y se vendiera lo suficiente como para que me permitieran publicar otro. Además, no me quería hacer ilusiones, porque había recibido tantas negativas, había tenido tantas decepciones, que hasta que no tuve el libro en las manos no me lo creí; hasta el último momento consideré la posibilidad de que el editor cambiara de opinión y decidiera no editarlo. Luego, cuando se desató el fenómeno, yo tampoco era muy consciente de la verdadera magnitud que tenía todo aquello; en cierto modo pensaba que las entrevistas y las sucesivas ediciones era lo normal cuando publicabas un libro. Seguía trabajando en la fábrica, aún faltaban meses para que entrara por primera vez en internet, no conocía todo el debate que se estaba produciendo en torno a mi libro, y tenía la sensación de que mi vida tampoco había cambiado tanto.

 

¿Te pesó la responsabilidad tras ese éxito?

Hombre, sí. Afortunadamente tenía un buen cajón del que todavía salieron cosas interesantes, como Brañaganda o El edificio, porque lo cierto es que sufrí un cierto bloqueo como resultado del éxito y el cambio de vida. Durante cinco años sólo fui capaz de escribir aisladamente algunos cuentos, y no sería hasta 2014 cuando, al escribir Invasión, recuperé el pulso narrativo y me demostré a mí mismo que de nuevo era capaz de escribir novelas.

 

“Fin” es una novela muy extensa, y tus siguientes obras eran más breves… ¿era algo buscado?

No, no era intencionado. Cada historia que tienes en la cabeza pide una extensión determinada, de la que algunas veces no eres consciente hasta que no la escribes. Sería absurdo, y contraproducente, estirar una idea para conseguir un lomo un poco más grueso. Yo no escojo mis proyectos, me escogen ellos a mí, y últimamente no llama a mis puertas ningún ladrillo.

 

Tus obras tienen ciertos aspectos “de género”… ¿cómo ves ese tipo de literatura en España? ¿Crees que nos hemos quitado ya el sanbenito de “literatura seria” vs “literatura de género”?

No, aun no nos lo hemos quitado de encima, aunque últimamente hay varios autores que han hecho incursiones en la distopía o la novela de anticipación. Pero lo que les permitimos a escritores extranjeros, cuyas traducciones se venden muy bien aquí, no lo aplaudimos tanto en los del país. Y si no, que me digan, por ejemplo, qué eco han tenido las novelas de ciencia ficción que ha escrito Rosa Montero (como por ejemplo Lágrimas en la lluvia) en comparación con su otra literatura más realista.

 

No sueles prodigarte mucho en el “mundillo” literario… me refiero a fiestas, presentaciones y demás… ¿no va con tu personalidad o es una distancia que pones deliberadamente?

No, va con mi personalidad. Vivo en Vilafranca del Penedès, no en Barcelona, y además soy muy casero; al coincidir mi actividad de escritor —un trabajo que se hace mayoritariamente en casa— con los primeros años de mis hijos (ahora tienen 8 y 13 años) me he convertido en una especie de ama de casa que además escribe. Mi mujer trabaja fuera de casa, precisamente en Barcelona, y puede estar muy poco tiempo en casa; nos hemos intercambiado los roles tradicionales de padre y madre. De todas formas, siempre que me invitan a alguna movida o me piden que presente un libro digo que sí. Lo que no hago es buscarlo, y cuando ya no estás en esos circuitos, pues la gente no suele acordarse de ti.

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