Artemio Bizarro dedica su tiempo a coleccionar objetos raros, artefactos sin sentido, inventos absurdos. Gracias a su dedicación ha conseguido reunir la mayor colección privada de inutilidades y curiosidades, de la que se siente muy orgulloso aunque todos los que le rodean le consideren un demente. Cuando alguien le pregunta para qué sirven, Artemio responde que sirven para hacerle único. No da ninguna explicación más porque lo considera un esfuerzo huero, una tarea engorrosa. Se siente satisfecho con su incomparable colección a pesar de que el resto de la humanidad la pueda considerar inservible.

En la última actualización de su catálogo -si es que a esta enumeración sin orden ni sentido podemos llamarla catálogo- puede leerse: Un columpio sin niños; un barco naufragado en una botella de cristal; un pelotón de soldaditos desertores de plomo; una bandera que no ondea; unas gafas de luna; estampas de jugadores de fútbol fracasados; un himno para apátridas; el autógrafo de una persona anónima; una entrada para ver un atardecer; una litografía de Venecia asfaltada; el carné de identidad de un broker con escrúpulos; una Biblia donde no aparece la palabra Dios; un perfume con olor a tierra mojada; una fotografía de un perro paseando a su dueño; un San Pancracio en paro; una invitación para un divorcio por lo civil; un saco de boxeo de plumas; la radiografía del tórax de un poeta; un reloj de pulsera sin manecillas; una tarjeta de embarque en un avión de papel; un cuenta-nubes; un Monopoly versión comunista; un piano sin cola; un Buda de pie; un tarro que conserva aire cogido el 14 de julio de 1789; una cuna para adultos; un ajedrez republicano, sin rey ni reina; un ojo de cristal que llora; una brújula que marca siempre el Sur; una cometa sin hilos; una sinfonía de una sola nota; una montura para caballos de mar; un sismógrafo de emociones; un par de zapatos sin suelas para la hierba; una horca para bonsáis; un rulo de Luis XIV; la carta de amor de un asesino; una Olivetti con las teclas A, M, O y R arrancadas; dos prótesis de brazos para la Venus de Milo; una hebra y un tornillo del Telón de Acero; un taxidermista disecado y el currículum de un recién nacido. Pendientes de adquisición: el electrocardiograma de un enamorado, un Scalextric de cuadrigas y un cómic de Marvel protagonizado por un cobarde.

Compartir
Artículo anteriorHacer propaganda
Artículo siguienteLos amantes del puente
Alejandro López
Periodista, articulista y proyecto en permanente construcción de escritor. Redactor jefe de la revista La Muy, de la que es cofundador. En su blog La Olivetti mellada vuelca todas sus filias y fobias. Sus méritos no van más allá de emborronar con tinta el papel en blanco o llenar de letras el procesador de texto de su portátil

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here