Fotografía de Emilio Morales
Con tan solo cuatro libros publicados, Benito Olmo se ha consolidado como uno de los más brillantes escritores de novela negra en nuestro país. La maniobra de la tortuga va a ser adaptada para llevarla a la gran pantalla y su último trabajo, La tragedia del girasol, ha tenido una gran repercusión entre los lectores, pudiéndose considerar una de las novelas revelaciones del año.

 

Cuentas tus novelas por éxitos… ¿Cuándo nace ese deseo o esa necesidad de escribir un libro?

Siempre he pensado que un escritor no es otra cosa que un lector voraz que, de alguna manera, trata de devolver a los libros todo lo que estos le han dado. Me veo así. Mi patria son los libros y cuando escribo siento que estoy haciendo lo correcto. De todos los trabajos que he tenido en mi vida, escribir es el más gratificante.

¿Y por qué te decantas por el género de la novela negra?

Es mi género preferido como lector, así que tiene cierta lógica que a la hora de escribir me decante por la novela negra. Me crié leyendo a Andreu Martín, a Agatha Christie y a Vazquez Montalbán, que era lo que había por casa. Con semejantes maestros, ¿como no iba a terminar escribiendo novela de género?

La novela negra no deja de ganar adeptos entre los lectores…

El género negro es un vehículo formidable para reflejar la realidad y contar lo que sucede a nuestro alrededor. Desde hace unos años, palabras como corrupción, crimen organizado, narcotráfico… han pasado a formar parte de nuestro día a día. Es lógico que los lectores demanden novelas que les ayuden a comprender esta realidad y, por otro lado, también es inevitable que los que escribimos nos veamos influenciados por la crisis que nos hemos zampado. De cualquier modo, creo que tienes que estar muy seguro de lo que haces para aventurarte en el género negro. Sólo un lector amante del género puede escribir novelas negras decentes.

“La novela negra es mi género preferido como lector, así que tiene cierta lógica que a la hora de escribir me decante por ella”

 ¿De dónde viene tu inspiración?

Uy, yo no creo en eso que llaman «inspiración». Creo en el trabajo duro, la constancia y el entusiasmo. Este trabajo tiene más de horas y esfuerzo que de musas. Suscribo lo que hace poco escuché decir a Alexis Ravelo: «Yo no creo en las musas; creo en las mesas».

Dime tres elementos esenciales para escribir una novela…

 ¿Sólo tres?

 Bueno, los que sean…

Pues fíjate que, en realidad, creo que la lista se podría reducir a solo dos elementos: tener algo que contar y saber contarlo. Y de estos, el segundo es infinitamente más importante que el primero. De nada sirve tener una idea genial si luego está mal ejecutada, pero puedes tener una idea modesta y escribirla tan bien que resulte interesante a los lectores. Me viene a la cabeza El paciente de Juan Gómez-Jurado, una novela con un argumento más propio de una película de serie B, pero que está escrita de forma magistral, lo que la convierte en un novelón con todas las letras.

¿Qué sentimientos esperas despertar en el lector?

Diversión, por encima de todo. Entiendo la novela negra como un juego, un desafío al lector, y este carácter lúdico tiene que imperar por encima de cualquier otro sentimiento. Quiero que mis lectores disfruten, que se emocionen, que se pongan nerviosos y que no puedan dejar de leer.

Has trabajado tanto en autopublicación como ahora en editoriales convencionales… ¿Cuál recomendarías? 

Depende de lo que busques. La autopublicación es una herramienta formidable para darse a conocer, pero te impone un límite evidente al no disponer de canales de distribución. En mi caso, utilicé la autoedición para promocionarme y dar el salto a una gran editorial. Las ventajas de la edición tradicional son demasiadas como para desecharlas sin más.

“El género negro es un vehículo formidable para reflejar la realidad y contar lo que sucede a nuestro alrededor. Desde hace unos años, palabras como corrupción, crimen organizado, narcotráfico… han pasado a formar parte de nuestro día a día”

 Si es difícil llegar a publicar con una editorial como Suma de Letras, más difícil aún es llegar a la gran pantalla. La maniobra de la tortuga se va a adaptar al cine. ¿Se te pasó por la cabeza alguna vez que una de tus novelas se trasladaría a la gran pantalla?

Para serte sincero, sí. Mi forma de escribir es muy visual, casi cinematográfica, y cuando publicamos La maniobra de la tortuga tenía la certeza de que si algún productor la leía se interesaría en adaptarla a la gran pantalla. Al final sucedió exactamente eso. Tengo esa misma sensación con La tragedia del girasol, y algunos productores y directores ya se han interesado por los derechos audiovisuales de esta obra, aunque de momento no puedo contar mucho más. Tal vez en la siguiente entrevista.

 ¿Qué sientes al ver tu libro en los estantes de una librería?

Muchas cosas: satisfacción, alegría, entusiasmo… Además, la magia del orden alfabético hace que en muchas librerías mis libros estén situados entre los de Jo Nesbø y los de César Pérez Gellida, dos escritores a los que admiro. Con semejantes compañeros de armas, ¿qué podría salir mal?

¿Se puede vivir de la escritura?

Es muy complicado. En un país en el que casi la mitad de la población reconoce sin pudor no haber leído un libro en su vida es jodido dedicarse a este oficio, pero fíjate que yo lo estoy consiguiendo. Será que soy muy cabezón, o muy entusiasta, pero lo doy todo en cada novela. Me dejo la piel para que mis libros lleguen a los lectores en las mejores condiciones posibles, con tramas realistas y un lenguaje muy trabajado. El fracaso no es una opción.

¿Crees que el hecho de escribir un libro en España está bien reconocido?

La figura del escritor está muy denostada. No hay más que darse una vuelta por cualquier Feria del libro para darse cuenta de que el mercado editorial está postrado a los designios del gran público. Cuando un youtuber tiene más gente esperando a que le firmen un libro que un Premio Cervantes, es que algo va mal. Aún así, tengo confianza en que aún quedan buenos lectores, y los autores nos debemos a ellos. Por eso me preocupo tanto en trabajar mis novelas hasta la extenuación, por respeto a los lectores que, en última instancia, son los que hacen posible que a día de hoy pueda dedicarme a juntar letras.

“Entiendo la novela negra como un juego, un desafío al lector, y este carácter lúdico tiene que imperar por encima de cualquier otro sentimiento”

 ¿Te sientes especialmente influido por algún escritor?

¡Por muchos! Mis novelas son muy canónicas y beben de las fuentes más clásicas: Raymond Chandler, Dashiell Hammett, Ross Macdonald… También me han influido mucho Lorenzo Silva, González Ledesma y Michael Connelly, entre otros. Y por supuesto está Andreu Martín, al que considero uno de los mejores narradores que ha dado este país. Es el tipo de escritor al que me gustaría parecerme.

¿Que estas leyendo ahora mismo?

Cuando gritan los muertos de Paco Gómez Escribano, y estoy disfrutando como un crío.

¿Qué novela te hubiera gustado escribir?

Grandes esperanzas de Charles Dickens.

¿Qué novela famosa y reconocida te parece sobrevalorada?

Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas.

 La tragedia del girasol se está vendiendo muy bien. ¿En qué crees que radica su éxito?

Diría que si La tragedia del girasol está gustando tanto es por su honestidad. Me he dejado la piel en conseguir que ningún cabo quede sin atar y en que la resolución de los diferentes misterios que salpican la narración queden resueltos de forma satisfactoria, sin sacarme ningún conejo de la chistera. También he trabajado mucho el lenguaje, para hacerlo fluido y lo más adictivo posible. Aún es pronto para hablar de éxito y la última palabra la tienen los lectores, pero de momento las sensaciones son muy positivas. El libro está gustando mucho, así que esto sólo puede ir a mejor.

Hablando de Bianquetti… En esta segunda entrega de la que esperamos sea una larga saga, nos encontramos con un Bianquetti más humano, con un toque más sentimental, pese a que sigue yendo a lo suyo. ¿Se ha creado el personaje a sí mismo o es un giro obligado del autor, quizá forzado por sus lectores?

Me parece natural e incluso positivo que Bianquetti evolucione, eso contribuye a darle honestidad al personaje. No sería lógico que las vivencias de cada novela no le afectasen como individuo. Por eso ha evolucionado de la primera novela a la segunda, y seguirá haciéndolo en posteriores entregas de la saga.

“En La tragedia del Girasol he trabajado mucho el lenguaje, para hacerlo fluido y lo más adictivo posible. Aún es pronto para hablar de éxito y la última palabra la tienen los lectores, pero de momento las sensaciones son muy positivas”

 La Maniobra de la tortuga es una buena novela negra, La tragedia de girasol es una buena novela negra. ¿Cómo es el proceso que hace que una novela apruebe con nota entre tantas y tantas novelas publicadas en nuestro país?

En mi caso, intento no preocuparme por lo que se publica y hago las cosas lo mejor que sé. Estoy convencido de que los lectores reconocen y agradecen ese esfuerzo. Detesto las novelas que tratan a los lectores como idiotas y odiaría caer en ese error yo también.

 

 

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