Álvaro Talarewitz es escritor y galerista. Su primera obra, Las estrellas que nos miran, es una novela intimista que habla sobre el amor y la vida y que el propio autor califica como «la historia de un perdedor». Desde la web La Reina Lectora, se define la obra como un libro muy urbano que no se esfuerza en complacer a nadie.
Álvaro fue premiado en los certámenes literarios Amadís de Gaula (años 2001 y 2006) y en la IX edición del concurso de microrrelatos de la Universidad Autónoma de Madrid (2015). También tiene un poema en un catálogo de Matadero titulado La fábula No. 13 que, por circunstancias del COVID, aún no está disponible. Y en el tintero, una recopilación de poemas y la continuación de Las estrellas que nos miran ya comenzada.

 

¿Quién es realmente Álvaro Talarewitz?

Siempre es difícil definirse a uno mismo. Supongo que lo que me gusta pensar sobre mí mismo es que soy el resultado de una batalla: la de la vida. Nunca he querido que mi historia hable (aunque también lo hace) sobre un chico o un hombre que ha sufrido tragedias y que haya ninguna clase de piedad o lástima. Me gusta pensar que soy el resultado, aún en proceso continuo de la guerra, que es la vida. Mis amigos dicen que siempre estoy en pie de guerra y que siempre estoy esperando a que venga el fin del mundo, y es verdad. Lo prefiero así, me gusta estar preparado para lo siguiente que venga, y crecer y hacerme fuerte a través de eso.

Datos más biográficos, serían que nací en el 94, que es un año que no tiene ninguna clase de relevancia. No sucedió nada histórico. Soy el hijo menor de tres hermanos. Fui a un colegio privado, del Opus Dei, y luego dejé de ir, con 13 años más o menos. Me cambiaron a un colegio concertado. Mi clase tenía asignaturas compartidas con los alumnos de diversificación, a los que ya les griseaba el mentón. No me tenían mucho cariño y yo a ellos tampoco (no sé si me explico). Fue un cambio importante en mi vida. Me enseñó que la crueldad o el sufrimiento no tienen por qué tener un motivo, sino que sencillamente existen.

Creía que quería estudiar medicina, pero tuve una depresión muy fuerte en mi adolescencia, y no estudiaba nada. Me limitaba a pasar las asignaturas y los profesores me odiaban. Siempre me hablaban de mis capacidades y de que no las estaba aprovechando. Eso me aburría mucho. Me pesaba el día imaginando cosas en mi cabeza. Historias o protohistorias que luego escribía, pero nunca enseñaba. No quería que mis padres sintieran el temor de que estaban criando un escritor o algo así. No me dio la media para estudiar medicina, cosa de la que luego me alegré muchísimo. Yo realmente no quería ser médico. Empecé el grado en Historia y luego me cambié a Historia del Arte. Tampoco era mi sitio, pero estaba más a gusto. Nunca me he encontrado 100% a gusto en ningún sitio. A lo mejor Álvaro Talarewitz es un inconformista, no sé. Como he dicho, es complicado decir quienes somos. Es más fácil verse a través de los ojos de otros y tener el juicio de discernir si lo que nos dicen es verdad, y tener el valor de aceptarlo, tanto lo bueno como lo malo.

«Es más fácil verse a través de los ojos de otros y tener el juicio de discernir si lo que nos dicen es verdad, y tener el valor de aceptarlo, tanto lo bueno como lo malo»

¿Y Eduardo Schmitowitz? ¿Qué diferencia hay entre vosotros?

Eduardo Schmitowitz surgió como una idea de una mejor versión de mi mismo. Quería que Eduardo fuese todo lo que yo no era: que fuese valiente donde yo soy cobarde, fuerte donde yo soy débil y honesto donde yo muchas veces elijo ser más prudente o educado. La cosa es que Eduardo adquirió su propia fuerza y conciencia, y al final, para bien o para mal, terminó siendo un reflejo bastante exacto de la persona que soy en privado, no para los demás, sino para mí mismo. Yo no lo pretendía, pero fue así. De repente vi todos mis defectos: mi egoísmo, mi cinismo y mi propia estupidez retratados con un realismo que no me esperaba. También vi cosas buenas. Para bien o para mal, adquirí una conciencia muy fuerte sobre mi mismo a través de Eduardo, y ya no me podía esconder. Eduardo es el personaje que me hizo consciente de quién soy en realidad, al menos en parte.

Eduardo y yo, por supuesto tenemos diferencias. Dice cosas que yo nunca me atrevería a decir y arrasa con quien se le ponga por delante para cumplir sus ideales de lo que considera la verdad y la vida. Lo hace sin ninguna clase de consideración o titubeo. Supongo que en eso somos diferentes. Yo siempre estoy pensando en que si digo lo que pienso podría hacer daño a las personas, y eso es una posibilidad que me aterra. He experimentado de primera mano el dolor que puede tener la verdad dicha de una manera directa, por eso yo siempre trato de matizarla.

 

¿Cómo surgió la idea de escribir Las estrellas que nos miran?

Siempre, aunque en secreto, había querido escribir una novela. Había empezado dos novelas antes, pero se me murieron. Les faltaba algo. Eran demasiado esquemáticas. Tenían demasiada estructura, eran demasiado mecánicas… Las odiaba. Además tenían un tema principal fallido: la búsqueda del amor y la consecución del mismo. Yo, que no tenía eso, no sabía escribirlo. Luego me enamoré de verdad y el mundo se me fue a pique. Estuve 6 años enamorado de la chica a la que luego en la novela llamé Victoria. Cuando me rechazó me pasé un año bebiendo sistemáticamente. Lo hacía para evadirme de la idea de que yo había pensado que ella era mi destino y que de algún modo yo la había cagado. Un día leyendo en la biblioteca, me encontré con una frase de Henry Miller. Decía que para olvidar a una mujer tienes que convertirla en un libro. Así empezó “Las Estrellas que nos Miran”. El verano del año en que había estado bebiendo, cuando llegué de vacaciones a casa de mi tía, en el sur de Francia, me senté en una mesa del jardín y escribí el primer capítulo y el último de la novela. Luego entendí que muchas de las cosas que había estado escribiendo en papelajos que tenía guardados por ahí, eran en realidad partes de la novela que yo aún no había pensado. Había encontrado mi gran tema. Me pasé otro año entero escribiendo, y la novela fue el resultado de todo lo que yo había estado guardando, no solo con respecto al amor, sino con respecto a otros muchos temas. Cuando terminé me sentí más yo. Me sentí mucho más completo y afianzado, como si mi adolescencia acabase de terminar.

 

Una vez contaste que fuiste galardonado en un concurso con un microrrelato que escribiste en un momento en las notas del móvil. ¿Cómo fue esto? ¿Es así de fácil escribir para ti?

Escribir está chupado menos cuando no lo está. Yo escribo todos los días que puedo. Escribo donde sea y cuando sea. Entonces sí, es facilísimo. El microrrelato creo que lo escribí en 10 minutos. Simplemente iba escribiendo lo que veía.

Escribir para mí es un estado mental. Todo está en su sitio, tiene la fuerza que tiene que tener, encaja como tiene que encajar… Nunca me siento tan realizado, ni tan yo mismo, como cuando escribo. De igual manera, cuando no puedo escribir, me siento totalmente miserable. Paso por muchas fases de sequía en las que no puedo poner una sola palabra detrás de otra, y entonces me quiero morir.  Murakami dice algo sobre eso. Cuenta algo así como que el talento es como un río que si no se cuida se va secando. Que la constancia es la presa que regula el flujo del talento para no quedarse seco. Cuando no puedo escribir, y me acuerdo de esa reflexión, me da ganas de pegarle una patada en las pelotas. Yo escribo mucho y con mucha constacia. La idea de que hay algo en mi método que estoy haciendo mal y que por eso experimento sequía de inspiración se me hace muy ridícula.

Pagaría por poder escribir todos los días, es como ir al loquero, a un loquero que respeto, pero no tengo esa opción. Solamente puedo sentarme a esperar a que las palabras vuelvan a mí. Suena super cursi, o como de novela barata, pero es así. Todo lo que yo escribo lo hago en arranques. Quemo el motor, lo pongo al límite, hasta que está a punto de reventar, y luego tengo que esperar a reponer la gasolina y a que las cosas se enfríen. La gente que de verdad me conoce sabe cuando estoy escribiendo y cuando no solo con verme. Cuando escribo estoy eufórico, y cuando no, todo está en silencio.

«El mundo está hablando constantemente, yo simplemente escucho»

Tu literatura dice más de lo que cuenta. No es el típico argumento lineal enmarcado dentro de un género, sino que exploras a través del lenguaje el mundo y los sentimientos de los que vivimos en él… ¿Qué dirías sobre tus propios escritos?

Diría que son verdaderos. Tanto en los sucesos que se cuentan como en los sentimientos que persiguen y que expresan son muy reales. El mundo está hablando constantemente, yo simplemente escucho. En muchas ocasiones me han dicho que me fijo demasiado en los detalles de las cosas, o que les doy demasiadas vueltas a las cosas. Creo que la gente no se fija lo suficiente. Creo que abordar solo un tema en una novela es algo irreal. Nadie vive su vida de manera lineal, ni sufre una sola desgracia, ni una sola victoria. Por eso creo que hay mucho que decir, tanto que a veces parece inabarcable. No solo es importante lo que sucede, sino lo que pensamos sobre eso. Creo que eso está bastante conseguido en mis escritos.

Al principio cuando la gente me preguntaba de qué iba mi novela (una pregunta que todavía tengo problemas para responder), les decía que iba de nada y de todo. Que lo que sucedía no era tan importante como lo que nosotros pudieramos pensar sobre eso. Se me quedaban mirando con cara de pez, así que dejé de decirlo. Por eso digo más que lo que cuento, porque pasan muchas cosas al mismo tiempo.

 

Cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en Las estrellas que nos miran.

Yo diría que estamos en un… 70% de realidad, 30% de ficción. Hay hipérboles por supuesto. Cosas exageradas, tiempos cambiados, diálogos inventados… Pero básicamente es la cosa más real que he escrito. Como todo lo real, y lo que es verdad, fue difícil y tuvo sus consecuencias. Perdí amigos, tuve discusiones con la que ahora es mi ex sobre el libro, perdí horas de sueño, ocasiones de ver a gente… Lo di todo por esa novela. Mucha gente no se cree lo que he escrito. Creen que todo forma parte de un personaje o de una ficción. Se sorprenderían si supieran cuanto hay de real en la novela. Supongo que eso pasa porque vivimos en un mundo en el que nos enchufan mentiras día y noche, y cuando alguien dice la verdad, es complicada de creer. Yo no escribo mi propia vida, yo la vivo. Nunca pretendí que mi vida pareciese irreal y que no se pudiera creer. Tampoco creo que sea para tanto igualmente, la gente es un poco exagerada. Lo único que sé sobre la realidad es que aunque a veces la mía pueda parecer un poco oscura, desde luego no es gris. Si pudiera vivir toda mi vida como la he estado viviendo hasta ahora estaría satisfecho.

 

Si existe la causante de todo el libro, ¿qué crees que pensaría de él?

La causante del libro existe, y además se lo ha leído. Llegamos a un acuerdo: si yo publicaba la novela, ella tendría que leerselo. Ella pensaba que nunca me publicarían, pero al final tuvo que tragar jajaja.

Nunca llegó a decirme qué pensaba. Supe que era un tema complicado para ella. No lo entendí pero lo respeté. A mí muchos temas que a la gente le parecen estúpidos, me parecen complicadísimos.

Sé lo que me habría gustado que pensase o me dijese. No va de declaraciones de amor. No esperaba eso. Tampoco esperaba que ella se tomase mi novela de esa manera. Era más una especie de despedida y de renuncia.  Creo que por lo menos entendió que en cada historia hay dos versiones, y que hasta los actos que creemos inocentes tienen consecuencias. A mí la novela también me ayudó a entender eso. Yo no he sido nunca un santo.

Así, a priori, parece que Las estrellas que nos miran habla de amor, pero ¿sobre qué más temas se reflexionan?

Habla sobre todo. Hay una escena de un libro de Bukowski, en Factotum creo, donde una persona le pregunta al personaje, que es escritor, sobre qué va su novela. Él contesta que va sobre todo. El primero le dice: “¿Va sobre mi mujer?” y Bukowski contesta que sí. Es una escena muy buena. Mi novela va sobre todo lo que se me ocurrió escribir en cada momento del año en que la fuí escribiendo. Claro que hay cuatro temas principales: el amor, la paternidad, la familia y la amistad, que creo que son los cuatro troncos a los que todos nos agarramos más o menos. Aunque tu familia te odie, sigue siendo un tema importante en tu vida, aunque sea en forma de trauma. No amar, o no amar bien… Bueno me parece todo importante.

Luego hay temas menores sobre cualquier neurosis que se me despertase mientras escribía, o sobre algún personaje que me encontraba por ahí bebiendo, y me inventaba su historia. Mucha gente viene a contarme aunténticas locuras para ver si las escribo, pero de momento las historias ajenas me las guardo para mí. Aún tengo bastante que decir sobre lo que me sucede o me ha sucedido.

Lo que quiero decir es que lo que escribo va sobre todo, igual que lo de de Buk, y que si alguien no encuentra un tema en concreto en esta novela, no debe desesperarse, lo verá en la siguiente o en la siguiente a esa.

 

Y ahora, Álvaro, ¿cuáles serán tus siguientes pasos?

Tengo muchísimos proyectos en la cabeza. He terminado un poemario. Creo que mola bastante y mantiene la línea sobre todo lo que a mí me importa pero trasladado hacia la poesía. Los poemas para mí son los relatos de mi vida para los que no encuentro lugar en las novelas, o que sencillamente me da pereza desarrollar. Son interesantes igualmente.

¿Que esté en proceso ahora mismo? Una novela que está prácticamente terminada. Este año de encierro me ha cundido bastante. También estoy escribiendo una serie de relatos cortos que yo encuentro bastante divertidos. Aún no tienen título, pero ya lo encontraré.

He pensado en varias novelas más y poemarios, pero me gusta hacer las cosas paso a paso. He escrito algunas partes para dejar fijadas algunas ideas antes de que se me escapen, pero de momento están en un cajón, esperando su momento.

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Reina Lectora
Mi nombre es Eva Fraile, soy psicóloga, agente literario, asesora editorial y experta en posicionamiento de escritores a través de proyectos creativos. Redacto en distintos medios de comunicación especializados en literatura como Culturamas, Canal-Literatura, Globedia, Diario Siglo XXI, Moon Magazine, La Revista de Costa Rica, RSC o la revista Sal & Roca. Colaboro asiduamente con grandes grupos editoriales como Penguin Random House o Grupo Planeta, y he trabajado con escritores nacionales e internacionales. También organizo mis propios eventos para escritores, como el exitoso evento sobre Networking y posicionamiento para escritores durante la Feria del Libro de Madrid en donde tuvimos como ponentes al director de grupo Planeta, Roger Domínguez, a la ex presidente del grupo Addeco y ex presidenta del Instituto de la Felicidad, Margarita Álvarez o la experta en networking Nohelis Ruiz, entre otros.  Mi web literaria, desde la cual me he ido dando a conocer al mundo, es La Reina Lectora y hace unos meses, me estrené también como escritora con mi obra de ciencia ficción romántica Proyecto Crysser: Olvido.

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