A tus cuarenta te miras al espejo y te proyectas renacida,

Eres luz y eres ejemplo,

La estela que a su paso deja rastro,

Una mujer en la plenitud de su vida.

 

Atrás queda esa otra mujer que me encontré

En las montañas agrestes de Andorra,

Con tus dudas e inseguridades,

Y también con las mías,

Con las cicatrices que da la vida,

Con las ganas de bailar del primer beso,

Con todos los “esto es nuevo para mí”,

Con tantos papeles en los bolsillos de proyectos por cumplir.

 

A tus cuarenta ya has vencido demasiadas batallas

Como para no plantearte escapar a una isla

Y fumar la pipa de la paz con la vida.

Eres esa mujer que hace que los días de enero se vuelvan azules

Y los lunes motivo de celebración,

Que no quiere perder el tiempo en discusiones vacuas

Con las que otros escribirían tratados.

Que lee libros para leerse a sí misma

Y este mundo loco en que vivimos.

Que no escribe para no abrir heridas

Porque motivos nunca faltan.

 

A tus cuarenta ves la vida desde una colina,

Puedes subir más arriba o dejarte caer cuesta abajo.

Tú siempre me propones subir montañas más altas.

Yo intento no prometer nunca nada,

Disfrutar cada minuto que perdemos juntos mirando la nada

Porque nada importa más que ese momento.

Eres esa mujer que vino casi sin esperarte,

Y nunca tuve que fingir algo que no soy,

Ni poner excusas que nadie creería

Para engañarme a mí mismo.

 

Y eso hace que todo sea mágico,

Que los días buenos empiecen con un simple “buenos días, ¿un café?”

Que los días malos vengan para no quedarse,

Que solo tuviera que recogerte en pedazos la primera vez

Y te pegaras con pegamento del fuerte.

Que lleves dentro de ti toda la vida que compartimos

(y otra a punto de nacer)

Y que todo cobre sentido sin buscarlo demasiado,

Que todo fluya. ¡Y eso es lo más difícil!

Que los días a tu lado no se detengan nunca,

Que los atascos sirvan para mirarnos más,

Y las esperas de aeropuerto para desvelarnos secretos.

Que los días de lluvia no se seque la ropa

Ni los minutos se preocupen en buscarnos algún plan para no aburrirnos.

 

A tus cuarenta eres todas esas mujeres que fuiste

Y quiero seguir viendo tus amaneceres,

Subiendo montañas heladas para ver la vida

Con el cálido apretón de tus manos.

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