Fotografías: Alex Roló
No es casualidad que Yaiza Guimaré tenga tanto arte: con tan solo tres años ya se enfundó sus primeras zapatillas de baile. Estudió ballet, jazz, funky, danza contemporánea y claqué, también estudia música y canto, y está licenciada en Traducción e Interpretación de alemán e inglés.Y desde hace casi viente años, también es actriz. No olvidemos, además, que también es coach corporal, tanto para actores como para todo tipo de persona que quiera conocerse desde el ejercicio físico. Yaiza habla cinco idiomas (inglés, francés, alemán y español, entiende un poco de italiano y hebreo), y su acento suena como una melodía canaria. Su energía y su alegría, contagiosa.
Hemos hablado con ella de su trayectoria profesional y su nueva serie: Hierro, que se estrenará el próximo 7 de junio en Movistar+

 

Háblanos un poquito sobre ti: siendo bailarina profesional, ¿cómo llegaste a ser actriz?

Mi primera toma de contacto  en televisión fue bailando, ya que bailo desde que tengo 3 años. Entonces a los veintipocos me surgió la necesidad de expresarme de otra manera que no fuera solo bailando. Mi cuerpo, el alma, me pedía expresarme a través de la voz, y aunque había estado formándome de manera amateur como actriz, por el trabajo nunca había podido formarme al nivel que deseaba. Así que tomé la decisión parar y formarme como actriz profesional definitivamente. Dije: “hasta aquí”. Mi primer casting fue para el papel protagonista de Te doy mis ojos; Así, de golpe [risas]. Obviamente no me cogieron, claro, pero seguí formándome igualmente.

 

¿Qué es lo que recuerdas de ese primer contacto?

Digamos que lo que más me impresionó fue poder sacar fuera de mí y mostrar ese mundo interior que tengo, expresar todo lo que yo estaba viviendo en esa época. Recuerdo que para mí fue poder darle lugar a expresión, de desalojar una serie de sensaciones, emociones y acontecimientos que viví, y que de alguna manera me hizo muy bien sacarlas fuera en los personajes. Yo flipé con las clases: poder entrar en esas zonas mías, habitarlas, y expresarlas; sin llegar a hacerlo mío por completo, pude sacar todo eso en forma de arte. Cuando me di cuenta de que se podía hacer mediante la interpretación fue algo maravilloso. Poder interpretar cualquier personaje que en la vida real no puedo hacer.

 

¿A qué te refieres cuando hablar de tu mundo interior?

Mis vivencias. Me refiero a todas las experiencias vividas, a todas las emociones que esa vivencia o esa circunstancia me transmite, las entienda o no las entienda. Los procesos, el crecimeinto, la madurez… un actor o actriz puede utilizar todas esas herramientas para incluirlo en sus personajes. Incluso puede llegar a sanarlo.

 

¿Tienes alguna forma especial de meterte en los personajes?

Tengo muchas maneras, pero principalmente entrando a través del cuerpo, de entrenamientos actorales. A veces también lo hago a través de una vivencia mía, personal, en departamentos míos que se asemejen o que por lo menos que se parezca mucho a la emoción que tiene el personaje (por ejemplo, yo nunca he matado a nadie [risas] , o he trabajado mucho como madre y no soy madre). Pero esto solo me sirve de arranque, como para encender el coche. También se trata de una conexión corpórea, no solo mental. Consiste en conectar con el aquí y el ahora. Me he puesto en la situación del personaje y a partir de ahí ya hago el ejercicio de “¿qué quiero?, ¿cómo estoy?, ¿cómo está mi cuerpo? ¿dónde está mi necesidad?”. Y a partir de ahí voy jugando y caminando. Con los años he conseguido hacer este ejercicio desde el propio personaje directamente. Es alucinante.

 

En cuanto a tu carrera como actriz, has participado sobre todo en televisión…

Sí, pero también en otros medios. En teatro he hecho muy poquito, es verdad; algo de Lorca y luego un musical que repetí dos veces: My Fair Lady, con Paloma Sanbasilio, aquí en Madrid. En cine, por ejemplo, mi primera película fue Cándida, de Guillermo Fresser, a la que le tengo muchísimo cariño; la segunda fue Que parezca un accidente con Carmen Maura y Federico Luppi, rodada en Gran Canarias; y la tercera There be dragons, de Roland Joffé. Ahora acabo de rodar una película danesa que se estrena en abril, Happy people, dirigida por Samanou Sahlstrom. Es un thriller muy interesante, la verdad.

 

¿La grabaste en danés?

No, qué va, yo hablo muchos idiomas pero el danés no entra dentro de ellos [risas]. En la película danesa se manejaban tres idiomas: el danés, el inglés… y no sé si sueco. A mí me hablaban en inglés.

 

Has estado viviendo en multitud de lugares y países…

Sí, pero cuando he ido fuera ha sido para formarme. Donde más he estudiado ha sido en Las Palmas de Gran Canarias, en Madrid, en Barcelona y en Londres, donde estudié danza. En Alemania me licencié en Traducción e Interpretación de alemán e inglés; viví también una temporada en Israel como asesora de un coreógrafo.

“En Fariña, con solo oír el acento de los personajes ya parece que te estés comiendo percebes, te gusten o no. Entonces tengo la sensaciÓn de que con Hierro va a pasar un poco lo mismo”

 

Pero te decantaste por Madrid para vivir, ¿por qué?

En el año 2000 terminé un programa que presentaba en Televisión Canarias. Ahí fue cuando decidí formarme como actriz profesional y Madrid era lo más cercano, muchos de mis profesores de danza con los que estudié en Las Palmas vivían aquí y además había muchas más oportunidades laborales. No me lo pensé, me vine sin trabajo ni nada y a las dos semanas ya estaba bailando en televisión [risas].

 

¿Siempre has querido ser actriz?

Lo de actriz me pasaba por la cabeza desde hacía mucho tiempo pero nunca terminaba de cuajar. De pequeña pensaba que la gente de la calle formaba parte de un musical de Gene Kelly, y que se iban a poner a cantar y a bailar de repente. Y era un chasco, porque luego me daba cuenta de que no era así. De hecho, creo que tenía seis años cuando me di de golpe con la realidad.

Fue un día en clase cuando la profesora nos sacó un mapa y dijo “esto es España, y las Islas Canarias están aquí”, señalando una cacarruta en la esquina del mapa. Para mí fue un shock y grité “¡no, no, no, yo no vivo aquí!¡Esto no es así! Por aquel entonces en mi cabeza España era el mundo entero y yo vivía en el mismo sitio que de Fred Astaire, en Nueva York. Realmente, podríamos decir que vivía en mi propio La la land personal hasta que me llevé el gran palo [ríe].

 

¿Nunca has tenido la oportunidad de viajar a Nueva York?

La primera vez que estuve en Nueva York fue para filmar mi primera película, y no lo supe hasta que me confirmaron que me habían cogido.  Estuvimos como diez días rodando en Manhatan … fue muy bonito. Yo tengo mucho cariño a esa película, imagino que por todo esto.

 

Háblanos un poquito sobre Hierro…

Hierro es una maravilla. El año pasado estuve rodando en varios proyectos: El mejor verano de tu vida, la película danesa, un capítulo en Élite, y una pequeña aparición en una serie de Flooxer. Pero de todas las cosas que rodé, Hierro es de las más especiales.

 

¿Por qué es tan especial?

Significa tantas cosas para mí…

Imagina esto: es una productora gallega, que coproduce con Movistar y las productoras francesas Atlantique Productions y ARTE France; y no solo eso, sino que los hermanos Pepe y Jorge Coira escriben una historia que está ambientada en la isla de Hierro. Con lo cual, los personajes son canarios salvo tres o cuatros que no. Además, es una serie que se va a emitir a nivel nacional y que también se va a poder ver en otros países europeos. Y todo esto con acento canario. Me gusta mucho porque ha sido de las pocas veces que trabajando como actriz no me piden que cambie mi acento.

En Fariña, con solo oír el acento de los personajes ya parece que te estés comiendo percebes, te gusten o no. Tengo la sensación de que con Hierro va a pasar un poco lo mismo.

 

Vamos, que es muy fiel al espíritu de la isla

Sí, es muy localista y está todo preparado con muchísimo cuidado. De hecho, la isla en sí era un personaje más y su clima marcaba un poco el ritmo de rodaje.

Geográficamente tiene muchos campos, miras hacia arriba y ves Irlanda, miras a otro lado y ves lo mismo, pero con muchísimas nubes, y luego bajas a la otra punta de la isla y ves un inmenso mar azul con un sol espectacular. Era algo mágico: los vientos, los barcos al salir… Tampoco teníamos ni WiFi, ni redes, ni nada [risas]. Es como un salto en el tiempo: no hay nada más que el aquí y el ahora. Todo lo demás no importa.

 

¿Alguna anécdota que te haya marcado especialmente del rodaje?

La buena onda que había entre los compañeros fue espectacular. Cada vez que terminaba el rodaje, regresábamos al hotel y nos sentábamos en la terracita. Para nosotros era nuestra casa. Nos sentábamos a ver el atardecer conforme íbamos llegando, y dábamos las gracias por esos momentos, mirando la puesta de sol, con el silencio, la isla y el mar. De hecho, estábamos casi aislados de todo, no llegaban ni las guaguas. Al final, más que sentir que fuimos a trabajar, era en realidad una reunión de colegas que se habían ido a rodar una serie [risas].

“El ambiente de las islas es muy sano. Y obviamente el ritmo es distinto; […] Desde que pones el pie en el aeropuerto de las islas el ritmo cambia. el mar hace mucho”

 

¿Cuánto tiempo estuvisteis en la isla?

Pues varios meses aunque iba y venía. Estuve como de mayo a julio y otros del equipo de abril a julio.

 

Volviendo un poquito al aquí y al ahora, ¿qué es lo que más te gusta de Madrid?

Los cielos.

 

¿Y lo que menos?

Es un poco contradictorio, pero el ritmo: el ritmo de la gente, la prisa, la urgencia… comparado con el de las islas Canarias. Es contradictorio porque en parte me gusta. Aquí pasan muchas más cosas, hay mayor posibilidad de emociones y opciones, está todo muy activo.

 

¿Un sitio de Madrid que te guste mucho y suelas visitar?

Pues no voy muy amenudo, pero me gusta mucho la catedral del El Escorial. Es un sitio potente y energético. Entrar un poquito y asomarse, ya limpia energéticamente. Yo voy y salgo como una seda.

 

¿Notas diferencia entre Canarias y Madrid en cuanto al ambiente y el ritmo de vida?

Sí, sí, sí. El mar hace mucho. Yo ya llevo casi veinte años aquí en Madrid, y sí que es verdad que en el aquí y el ahora no echo de menos el mar. Pero cuando llego a Gran Canaria y lo veo, me da como un vuelco. El ambiente de las islas es muy sano. Y obviamente el ritmo es distinto; de hecho, si te encuentras a alguien por la calle, te paras, te tomas el cafecito, y luego ya sigues con lo que hacías [risas] En Madrid eso no pasa. Desde que pones el pie en el aeropuerto de las islas el ritmo cambia. Me pasa que cuando espero la maleta estoy ansiosa, pero pienso al mismo tiempo: “¿pero por qué tanta prisa?¿Qué más da cinco minutos más, cinco menos? ¡si todos vamos a morir igual!” [risas]

 

Un libro; El buda de los suburbios, de Hanif Kureishi.

Una ciudad; Londres

Un plato; hummus

Una prenda; pantalón

Una canción; Cualquiera de Jorge Drexler

Una frase que te defina; [Risas] Te diría que enérgica, pero con el resfriado que llevo… [risas]

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