Javier Tapia Martínez (Olula del Río, Almería) es Subdirector Médico del Hospital de Bellvitge. Un hombre comprometido con su profesión y con el progreso de la sociedad. Responsable, de conversación honesta, este encuentro con Javier Tapia es imprescindible para entender que el derecho a la salud es un derecho humano irrenunciable. Hemos podido charlar acerca de pandemias, derechos fundamentales, salud y gestión de grupos humanos. Hemos podido charlar acerca de la importancia de la solidaridad y del progreso. Acerca de la vida y de sus aristas. Pasen y disfruten de este nuevo encuentro por los Derechos Humanos.

 

¿Cómo han enfrentado desde su hospital la actual crisis del COVID-19? ¿Cómo se encuentra la plantilla?

El Hospital Universitario de Bellvitge tiene una capacidad de 770 camas con 4300 profesionales que realizan su actividad con 34 servicios asistenciales médicos y quirúrgicos. A principios de febrero se estableció un comité de expertos en enfermedades emergentes que realizó un primer protocolo de actuación asistencial. Pasados unos días, ese equipo se convirtió en un comité de crisis y no fue hasta la segunda semana de marzo cuando empezaron a llegar pacientes. La subida exponencial de forma inédita provocó una transformación funcional en el que el 90 % de la capacidad del hospital estaba copada por una sola enfermedad.

La plantilla ha reaccionado de una forma ejemplar. Atendiendo a las necesidades marcadas por el Comité de Crisis y organizándose por unidades asistenciales COVID. La estratificación de la gravedad iniciándose en la puerta de entrada del Servicio de Urgencias con un triaje específico y circuitos exclusivos adaptando zonas donde sólo se trataba enfermos con sospecha de COVID, permitió canalizar los pacientes hacia las áreas de hospitalización convencional / Semicríticos / Críticos.

La relación con Atención Primaria y los hospitales comarcales ha sido muy fructífera y ha propiciado intercambio de información y de pacientes necesaria para que nuestro hospital pudiera centrarse en los que tenia de referencia territorial y los que les correspondía por complejidad.

En el momento actual, en el que la presión asistencial se ha reducido de forma drástica, la plantilla está aguantando físicamente. Ha sido un esfuerzo conjunto, a pesar de que ha habido servicios más exigidos, pero el desgaste emocional aun está por cuantificar. No sabemos las consecuencias que tendrá en unos meses, ya que la experiencia ha sido y está siendo muy dura. Y un mensaje muy importante, es que a pesar de las medidas de desescalada, el SARS-COV2 no ha desaparecido, con lo que si no somos extremadamente estrictos con las medidas de protección, sin duda se multiplicarán los casos.

 “El SARS-COV2 no ha desaparecido, con lo que si no somos extremadamente estrictos con las medidas de protección, sin duda se multiplicarán los casos”

Se ha hablado mucho últimamente de la desprotección que han sufrido los sanitarios en esta crisis, ¿le gustaría decir algo al respecto?

Es obvio que no hemos tenido un suministro óptimo de equipos de protección. Los motivos principales han sido dos: en primer lugar,  la competencia mundial por los mismos productos con prácticamente un solo país como fabricante y proveedor; en segundo lugar, la desmesurada demanda en corto periodo de tiempo, ya que los contagios se multiplicaban por días. Esta forma de presentación tan exponencial puso en exigencia máxima nuestra capacidad asistencial y por supuesto todos los materiales que necesitábamos, para la práctica clínica (material asistencial y electromedicina), como para la protección.

 

Parece que la actual pandemia va a modificar muchos de nuestros hábitos de vida y costumbres, ¿cree que la sociedad está preparada para esta nueva situación?

Vivimos en una sociedad con formación técnica muy avanzada. Hemos de interpretar muy bien el aprendizaje de todo lo que hemos sufrido en esta pandemia para poder desarrollar también los valores humanísticos. La mejor protección para el futuro es dotarnos de medios de investigación y desarrollo (I+D+I) así como estimular el tejido productivo propio. Conocimiento,  autoabastecimiento y conciencia social.

 “La mejor protección para el futuro es dotarnos de medios de investigación y desarrollo (I+D+I) así como estimular el tejido productivo propio.”

Usted ha padecido el COVID-19. ¿Cómo lo ha vivido?

Si tuviera que utilizar una palabra, sería incertidumbre. Esta horrible enfermedad, nos ha tenido a la clase médica en sus primeras fases bastante desconcertados. Poco a poco hemos ido aprendiendo de su fisiopatología y así poder adelantarnos a las complicaciones. Todo esto con la dificultad añadida de no tener un fármaco específico. Yo enfermé en la segunda semana de marzo y tuve síntomas que me permitieron controlar la enfermedad en domicilio. Mucha debilidad, algo de febrícula y nada de apetito. Afortunadamente, en quince días pude volver a trabajar.

 

¿Cree que los medios de comunicación han colaborado de forma positiva en esta crisis?

No me gusta generalizar. Hay medios de comunicación que han sido transmisores pedagógicos de las medidas de protección y de la importancia de medidas extraordinarias, como el confinamiento de la población, como única solución para evitar el contagio exponencial que estábamos sufriendo. Ha habido otros que han sido muy sensacionalistas y han mercadeado con el sufrimiento de las personas. Cada cual, puede sacar sus propias conclusiones.

 

El derecho a la salud es un derecho humano. La salud implica, además de la física, la salud psicológica y también social. ¿Cree que España goza de una buena salud? ¿Cree que se hace suficiente para la promoción y preservación de la salud física, psicológica y social?

En España tenemos un Sistema Público de Salud que está en la vanguardia mundial. Pero es un gigante con pies de barro. Debemos reconocer la valía de todas  las categorías profesionales que lo sustentan además de una firme apuesta en investigación y desarrollo. Si seguimos como hasta ahora, no podrá ser un sistema sostenible a medio plazo.

 

Como Subdirector Médico de un hospital de referencia, conocerá mejor que nadie de qué adolece nuestro sistema sanitario y qué margen tiene de mejora. ¿Podría hablarnos de las fortalezas y debilidades que tiene un gran hospital?

La principal fortaleza es el capital humano, sin duda. Profesionales con una formación excelsa y valorada en todo el mundo. El reconocimiento al esfuerzo para conseguir esta excelencia asistencial es una de las debilidades, así como la dimensión de las estructuras asistenciales, a menudo insuficientes para el gran volumen de población de referencia.

 

Personalmente me preocupa la pérdida de libertades que puede tener como consecuencia la actual crisis sanitaria. No me refiero únicamente a las relacionadas con la libertad de movimientos, sino también a los derechos de manifestación y protesta, por ejemplo. ¿Cree que la geolocalización es imprescindible para el control poblacional? ¿Qué soluciones sanitarias podríamos encontrar para intentar preservar al máximo los Derechos Fundamentales?

Si nos dejamos guiar por el conocimiento en Epidemiología aplicada a Salud Pública, ha quedado más que demostrado que el confinamiento de la población era una medida imprescindible para detener el contagio exponencial. En una situación de estas características, es fundamental conocer cuanto antes las personas contagiadas (sintomáticas o no) y sus contactos. El aislamiento de los mismos, protege al resto de la población.  Si nos encontramos con un pequeño foco de enfermos, es fácil de entender que el control y seguimiento de los infectados y sus contactos, no entra en conflicto en cuanto a la pérdida de libertades. En el caso de una pandemia, las medidas son generalizadas a toda la población y, insisto, son el único medio para detener los contagios mientras no haya fármaco específico o vacuna.

Hay diversas experiencias de geolocalización y no han sido implementadas de forma generalizada en todos los países, precisamente porque ponen en cuestión el derecho de privacidad de las personas.

“Hay diversas experiencias de geolocalización y no han sido implementadas de forma generalizada en todos los países, precisamente porque ponen en cuestión el derecho de privacidad de las personas”

 ¿Qué le diría a los ciudadanos que relativizan la actual situación del COVID-19? ¿Y a los que siembran el pánico?

Después de vivir el sufrimiento de tantas personas a mi alrededor, me cuesta pensar que haya gente capaz de relativizar la desgracias humanas que hemos padecido. Quiero pensar que se debe de tratar de casos puntuales.

Los que utilizan esta horrible enfermedad para sembrar el pánico de forma intencionada y con intereses partidistas, son personas ruines y mezquinas.

 

Un deseo que le gustaría ver cumplido: Difícil de responder en pocas palabras. Me gustaría vivir en un mundo más solidario.

Un mal a erradicar: El atrevimiento de la ignorancia

Un derecho irrenunciable: Asistencia sanitaria universal

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