Fotos; Javiermoro.com

 

Concepción Andrés Picado. Ese es el verdadero nombre de la primera actriz que logró cruzar el charco para hacerse un nombre en la meca del cine, en Hollywood. Conchita Montenegro fue su nombre artístico, y sin embargo, hoy muchos tampoco la recuerdan. Por eso, Javier Moro decidió novelar en Mi pecado la historia de esta actriz que alcanzó la fama por abofetear al mismísimo Clark Gable, y por el que ha obtenido el Premio Primavera 2018.

 

¿Por qué Conchita Montenegro? ¿Cuándo fue la primera vez que escuchaste hablar de ella?

Yo escuché hablar de ella hace mucho tiempo. Mi abuela la conocía. Date cuenta que en los años 40 era una actriz muy conocida porque en 1941,42 y 43 rodó un montón de películas y era de las más conocidas. Además la prensa del corazón la había seguido en sus andanzas en Hollywood.

Mi abuela la conocía y mi padre, que trabajaba en la naviera Aznar, me contó que en uno de sus viajes iba una actriz que se llamaba Conchita Montenegro.

Muchos años después quien me da la idea es Cristina Morató, una amiga mía escritora que me dijo «oye mira, me he encontrado un personaje y creo que te puede interesar». Después otro amigo escritor, José Rey, que es el último que entrevistó a Conchita Montenegro en vida, fue quien me animó a hacer esta historia y compartió conmigo las confidencias que le había hecho Conchita antes de morir. Con ese material yo ya tenía para tirar del hilo.

Después, yo he vivido en Hollywood cinco años, con lo cual para mí no era un territorio desconocido.

Además, la historia de Conchita Montenegro fue una excusa para contar la historia de Hollywood de los años 40, que es un tema que me divertía mucho.

«La historia no la escribían las mujeres, la escribían ellos, e historias escritas desde el punto de vista de los hombres hay muchas, pero desde el punto de vista de las mujeres no hay, y eso para mí suponía un reto»

Planteas el amor de Conchita Montenegro y Leslie Howard desde el punto de vista de ella. ¿Qué te cautivó de esta historia de amor?

Para mí fue un gran reto contar la historia desde el punto de vista de ella. Es que resulta que pensaba que esto se había escrito millones de veces. La historia de una chica jovencísima con un tipo mayor, casado y con hijos, y resulta que no. Es que la historia no la escribían las mujeres, la escribían ellos, e historias escritas desde el punto de vista de los hombres hay muchas, pero desde el punto de vista de las mujeres no hay, y eso para mí suponía un reto, el poder meterme en la piel de una chica que está enamorada de un tipo casado que le dobla la edad.

Me interesaba saber qué es lo que sentía, el recorrido dramático que atravesó. También está la esperanza de que lo vas a conseguir, la testarudez, luego llegan las dudas pero lo sigues intentando, piensas que lo vas a poder cambiar…y en todo esto me han ayudado amigas mías que han pasado por lo mismo.

¿Crees que ella sufrió mucho?

Por supuesto que sí, seguro. Ella lo quería mucho y habría deseado que él soltara todo, que hubiera dejado a su mujer y sus hijos y se hubiera marchado con ella. De hecho, ella se casó con el brasileño por despecho, no estaba enamorada de él.

Hubo mucha presencia española en el Hollywood de los años 40. Conchita Montenegro, Buñuel, Jardiel Poncela… ¿se recibió bien la presencia española?

Se ha escrito muy poco sobre ellos y estuvieron cinco años haciendo dobles versiones. Había un grupo muy interesante. Estaba Buñuel, Xavier Cugat, Jardiel Poncela, Edgar Neville, que era como el embajador, el que mejores contactos tenía, porque además de diplomático era un hombre muy social; estaba López Rubio, Gregorio Martínez Sierra. Había allí gente de teatro y del cine y se reunían todas las noches en un restaurante que pertenecía a Chaplin que se llamaba el Henry’s y que casi se había convertido en una taberna española. Allí comentaban sus carreras.

Yo en el libro he comentado varias anécdotas sobre los españoles en Hollywood. Una de ellas es sobre Julio Peña, que era un actor muy conocido de la época, muy guaperas y que no daba ni clavo y estaba todo el día en la playa. Un día le llega una carta de la Fox diciéndole: «mire se ha puesto usted muy moreno y nosotros lo hemos importado del continente porque aquí morenos tenemos demasiados, así que le rogamos que pare de tomar el sol».

¿Cómo has conseguido estas anécdotas?

Hay material. Primero están los archivos de los periódicos americanos, que son muy accesibles. Después están los archivos de cine, la cinemateca francesa de París que tiene muchas cosas interesantes  y también hay un libro de Ernesto Armero que es el único que hay sobre los españoles en Hollywood y que me ha sido muy útil, pero hay que buscar mucho para encontrar, porque está todo muy desperdigado.

¿Es cierto que Conchita Montenegro influyó en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial?

Ella se vio envuelta en una operación de los servicios secretos ingleses y norteamericanos sin saberlo, y jugó un papel pequeñito.

Ella tuvo que poner en contacto a Leslie Howard con Franco. Por entonces, ella estaba prometida por Giménez Arnau, un preboste del régimen y que después se hizo diplomático. Fue por eso que ella pudo conseguir esa cita.

Leslie Howard venía con un mensaje de Churchill para Franco. Hay que recordar que Howard y Churchill se habían hecho amigos porque habían escrito juntos en Londres, antes de la guerra, el guion de Lawrence de Arabia, pero como estalló la guerra no pudieron hacer la película hasta mucho tiempo después, hasta 1964.

En 1943 cuando los aliados empezaron a ganar, Churchill quiso mandar  un mensaje a Franco en el que le decía que los aliados estaban ganando la guerra, y que España después iba a necesitar amigos, así que más le valía empezar a colaborar de alguna manera.

Ella abandonó la interpretación por Giménez Arnau y dejó la vida pública a un lado. ¿Crees que con los años se arrepintió de haberse convertido en actriz?

Yo creo que más que arrepentirse, le pesaba el haber sido una cómica, (a los actores de la época los llamaban cómicos) porque era algo muy peyorativo. Ten en cuenta que la España de 1943 era tremendamente religiosa, pacata, estricta y dura, y ella no solo era conocida por su vida de actriz, sino porque había tenido muchos novios, y de repente, al querer cambiar de vida todo aquello le volvía.

No tenía buena fama en ciertos ambientes muy retrógrados, y ella se dio cuenta de que su pasado era un obstáculo para rehacer su vida, por lo que decidió romper con su pasado. Hizo borrón y cuenta nueva, y desde luego lo consiguió. Cayó en el olvido y hoy nadie la recuerda.

Recibiste el Premio Primavera por Mi pecado. ¿Qué importancia tienen para ti los premios?

Es agradable que un jurado compuesto por gente que uno respeta, que son colegas de la profesión, te reconozcan tu trabajo, y además es útil porque un premio así te permite más promoción, estar mejor colocado. Digamos que te asegura una mayor difusión.

«Los mayores pecados del ser humano son la envidia y la codicia»

¿Cuál es el mayor pecado del ser humano?

La envidia es uno grande y la codicia es otro.

¿Y el mayor pecado de la escritura?

Yo creo que es la falta de sencillez en el estilo, por ejemplo. La falta de claridad también. Un estilo farragoso, oscuro, que no se entiende bien es enemigo completamente de la literatura.

Aseguras que te gusta novelar la historia, no crear historias propias. ¿Tu literatura es una forma de revivir el pasado para no olvidarlo?

Absolutamente. Eso es justo lo que hago. Es en lo que me he especializado. A mí lo que me gusta es insuflar aire y vida en páginas del pasado que han sido muy interesantes. He podido dar vida de nuevo a todos estos personajes y esto es posible gracias a la literatura porque es verdad que la novela histórica es el mejor aparato que ha inventado el ser humano para remontar el tiempo. Te metes en una buena novela histórica y realmente estás viviendo en la época en la que esa novela está escrita.

«La historia en España ha estado tan manipulada por la clase política y los diferentes grupos de intereses que no se ha podido escribir todavía una historia de España»

¿En España hay poco interés por la historia?

No, yo creo que hay mucho interés por la historia, lo que hay es una relación con la historia un poco esquizofrénica. Lo primero es que yo creo que la historia en España ha estado tan manipulada por la clase política y los diferentes grupos de intereses que no se ha podido escribir todavía una historia de España que sea la que se puede enseñar en todos los colegios de este país. Es una pena. La historia sirve de manipulación política y es una lástima porque en todo esto las víctimas han sido grandes páginas de la historia como la que he contado en A flor de piel, que es la expedición de la vacuna. La historia de la América española tampoco está bien contada.

Se cuenta poco y mal…

Se cuenta poco y mal y obviando la grandeza que hubo.

¿Qué debe tener un personaje para llamar tu atención y novelarlo?

Más que un personaje lo que a mí me interesa es una historia. La historia que lo rodea. Una buena historia generalmente tiene buenos personajes. Un buen personaje es un personaje que te lo crees, es decir, que tiene sus contradicciones, recovecos… por eso generalmente acabas escribiendo más sobre mujeres, porque son menos sota, caballo y rey que los tíos. La psicología femenina es más interesante y también porque, históricamente, ellas eran las víctimas y uno tiende siempre a identificarse con la parte débil. Eso era históricamente, yo no diría eso hoy en día.

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