Fotografías: Beatriz Jericó
Gerónimo Rauch es, como él mismo se define, todo un caballero (aunque no de los clásicos, por supuesto). Nacido en Argentina en 1978, sube las escaleras del café-cine Sala X de Madrid con elegancia y seguridad. Es uno de los intérpretes de musicales más reconocidos internacionalmente, y eso, junto a su pasión y dedicación a su profesión, se nota en cada paso que da.
Tras protagonizar musicales como Jesuscrito Superstar , Chicago o Los Miserables, Rauch regresa a España para interpretar a Rob, el protagonista del musical El Médico. Hablamos con él de su trayectoria profesional, sus logros, y su papel en el musical de la obra de Noah Gordon. 

 

¿Cómo llegaste al mundo de la interpretación?

Fue a través de mi familia, cuando me descubrieron cantando en la ducha. “Tienes que ir a estudiar canto, tal, cual”, y ahí descubrí el mundo de los musicales a través de mis hermanas, que ellas sí que cantaban y estudiaban música por entonces. Mientras que yo escuchaba Queen, Led Zeppelin… en la habitación de al lado se escuchaba Los Miserables o El fantasma de la ópera. Ser intérprete nunca fue una opción de trabajo, porque en la Argentina de aquella época era impensable dedicarse profesionalmente a ello. Estudié publicidad, mientras por otro lado estudiaba canto y teatro. Poco a poco me fui metiendo en el mundillo, hasta que en el año 2000 me estrené con mi primera obra: Los Miserables

 

¿Por qué no seguiste en el mundo publicitario?

Nací para cantar, no para ser publicista. No fui feliz haciendo otra cosa. Incluso ahora, que también produzco, si empiezo a meterme demasiado en los números y cosas por el estilo, mi propio cuerpo me pide parar un poco.

 

¿Cantabas ya desde pequeño?

No, era muy tímido, y sigo siéndolo. Ya con la edad uno…

¿Es la experiencia o tienes técnicas específicas?

Creo que como sociedad tenemos un problema, y es que buscamos constantemente la aprobación del resto, hoy en día a través de un like, y nunca priorizamos la aprobación propia, lo que deseamos realmente ser. Y durante mucho tiempo de mi vida le dediqué más atención al Otro (al qué dirán, qué pensarán de, etc.), pero te empiezas a dar cuenta de que primero no le puedes gustar a todo el mundo, que es en vano tratar de internarlo, y segundo que es importante ser uno mismo en todos los sentidos, en mi caso, el dedicarme a la música.

“ES IMPORTANTE SER UNO MISMO EN TODOS LOS SENTIDOS, EN MI CASO, EL DEDICARME A LA MÚSICA”

 

¿Cuáles eran tus miedos entonces?

El rechazo, el ser distinto, el no entrar en los cánones del mundo en el que estaba metido. Yo jugaba a rugby y me preparaban para ser abogado o administrador de empresas. Y claro, romper con todo, incluso el bullying (que antes no se llamaba así), por ser distinto en cuanto a gustos y profesiones. Ahora mi colegio está super-preparado para que se prepare en cualquiera de las ramas.

 

¿Y cuándo dejaste de mirar por los demás?

Quizás un poco antes de empezar Los Miserables, en torno al 98 o 99. Comencé a focalizarme en la música.

 

¿Cuál es tu rutina de ensayo?

Ahora estoy preparando un show de piano y voz, para presentarlo en Barcelona y El Escorial, así como la presentación de mi disco. De hecho, el pasado 16 de abril me nominaron en la categoría de Disco Romántico de los Premios Gardel. Estoy muy contento.

 

Te consideras una persona romántica entonces…

Sí, pero no el típico romántico que te lleva flores.

 

¿Qué es para ti el romanticismo?

Estar en los detalles, tener gestos, pero no hacer un show de ello. Hay gente que se compromete en mitad de un restaurante, pero para mí eso no es romántico. Para mí el romanticismo es cuidar a la persona que tienes al lado.

 

A la hora de subir a un escenario, ¿qué te resulta más cómodo: cantar o interpretar?

En ningún momento van por separado, y en un musical menos. Soy un intérprete, y tanto el texto como el canto son mis herramientas. Me gusta contar, o más bien, cantar historias. Quizás cantando vibro en una frecuencia que no lo hago en otras disciplinas. Las cuerdas vibran ya por sí, y entro en un estado de presente real, de fragilidad también. Eso hace que seamos muy verdaderos, al menos los cantantes: quieras que no, nos desnudamos ante el público mucho más rápido que otro tipo de artistas porque empezamos a vibrar de otra forma a través de la música. Vale la pena hacerlo delante del espectador, es adictivo, sobre todo por los aplausos de después si lo has hecho lindo [risas]

 

 

¿Has tenido alguna vez pánico escénico?

He tenido momentos, sí. Sinceramente, cuando uno está óptimo en su instrumento es durísimo, pero hay formas de disimilarlo: cuando tienes flemas, cuando tienes afonías… incluso a veces empiezas la función muy bien pero vas perdiendo la voz conforme va pasando el tiempo. Eso genera estrés, pero no es imposible deshacerte de él. Hay un respeto hacia el público que te impulsa a continuar. Pero cuando sabes que no les estás dando lo mejor de ti, genera cierto pánico.

 

Cuéntanos algún momento “catastrófico” que recuerdes

Mi último show en Argentina sabía que no estaba bien del todo, pero pensé que enfermaría al día siguiente; pero no: en la segunda canción se me rompió la voz. La terminé, paré y le dije al público, “hay dos caminos: que se levanten y pidan que les devolvamos el dinero, o que se queden y vean que me voy a dejar el alma por ustedes”. Y se quedaron, pero se me seguía rompiendo la voz.

 

Te diste a conocer en España con Jesucristo Superstar, en 2007 ¿qué recuerdas de esa primera toma de contacto con España y con el público español?

Me enamoré instantáneamente de Madrid. Recuerdo el día que audiocioné, vine de Barajas, vine en metro desde Plaza España, salí, vi el cielo (para mí es único y mágico), miré la Gran Vía y dije “aquí me quedo”. Me fui un par de años fuera, pero siempre digo que me quiero morir aquí.

 

No es la primera vez que nos dicen que el cielo de Madrid es único, ¿qué es lo que tiene?

Es azul, no celeste. Estuvimos una temporada viviendo en Londres mi familia y yo, donde no hay cielo, donde el horizonte se funde con todo. Mi hijo, al ver por primera vez Madrid (nació en Londres) dijo: “qué lindo cielo, ¡qué alto!”.

 

Interpretas ahora al protagonista del musical de El Médico, junto a Sofía Escobar, ¿cómo ha sido ese reencuentro después de tantos años?

Bien, maravilloso. Es muy lindo vernos más adultos, con más canas y recordar esos momentos que compartimos juntos en El fantasma de la ópera. Vivimos el mismo sueño. Considero que mi etapa en Londres como una época en la que viví como una “vida prestada”, una vida que no me había imaginado que iba a vivir. Y a Sofía puede que le pase más o menos lo mismo, ese recuerdo hermoso. Tenemos todo lo que aprendimos estando ahí, que lo traemos y lo compartimos todas las noches en este musical de El médico.

 

“lo que está sucediendo con El médico es un milagro. Está rompiendo todo tipo de barreras de producción, artísticas… algo similar a lo que sucedió con Hoy no me puedo levantar, con la diferencia de que en el musical de la obra de Noah Gordon es todo nuevo”

Cuéntanos un poco más de aquella vida en Londres, ¿qué es lo que más te gusta?

Primero, la calidad con la que se hacen las cosas. Tienen un estándar de calidad muy alto, y nosotros poco a poco nos vamos acercando a ese nivel dentro del género musical. Hay que tener en cuenta que al final es un género prestado para los latinos. Ellos vienen de años y años de ensayo y error a la hora de producir algo. La diferencia está en que ellos tienen todo en posesión para crear algo, ya que es un país que invierte mucho en cultura y hay multitud de mecenas. Está todo hecho para que si tienes un poco de talento y un buen producto, puedas sacar algo. Aquí no ocurre lo mismo. De hecho, lo que está sucediendo con El médico es un milagro. Está rompiendo todo tipo de barreras de producción, artísticas… algo similar a lo que sucedió con Hoy no me puedo levantar, con la diferencia de que en el musical de la obra de Noah Gordon es todo nuevo. La gente está reaccionando muy bien y está siendo todo muy bárbaro: te esperan en la puerta, te dicen que se han emocionado… cosas que sí suceden con musicales de hace mucho tiempo, pero con uno nuevo se agradecen.

 

¿Qué se siente al interpretar al protagonista de El Médico?

Yo lo veo como la historia del recorrido de una persona que tiene un don, que puede ser o una bendición o una maldición, depende de cómo se lo tome, y es la búsqueda incansable de esta persona para desarrollar su don. Es un recorrido muy bonito, con una historia muy potente de búsqueda de amor.

 

¿Cómo te has metido en el papel? ¿es distinto a otros que has hecho?

He utilizado recursos de otros musicales, pero sí que es al mismo tiempo distinto. Para mí es muy importante que Rob (el personaje) sea un creyente absoluto, ahí es cuando empezamos a ver con el director hacia dónde ir, porque él no quiere poner las religiones como base de la historia. Pero el protagonista es distinto, está a otro nivel, y las personas que están tocadas tienen que creer en algo, algo superior a ellos que los ayude a continuar. Dios lo acompaña en todo su recorrido, a pesar de que las respuestas a sus preguntas estén dentro del propio Rob. Necesita un cómplice en su toma de decisiones, y ese cómplice es Dios.

 

¿Qué similitudes encuentras con tu propio personaje?

Siempre hay un poco de la verdad de uno mismo. La única forma de defender este tipo de personajes es encontrando la verdad propia dentro del mismo. Evidentemente cuando tyo hacía de fantasma no era un asesino, pero sí que era un tipo que se enamoraba apasionadamente. Con Rob, en El Médico, sí hay una persona que hay una búsqueda constante, en mi caso es a través de la música. Tanto Rob como yo nunca vamos a estar satisfechos: él a través del conocimiento, y yo través de la música. El día que esté satisfecho me dedico a otra cosa. Creo que los dos somos buscadores del destino.

 

¿Qué es lo que menos te gusta del personaje?

Todas las noches lucho contra lo que yo haría y contra lo que me dicen que tengo que hacer. Tengo la contradicción de que si fuera Rob, yo actuaría de una manera distinta en algunos casos. A veces prioriza al médico y no a la persona.

 

 

Tu escena favorita…

El reencuentro entre Rob y Mary. Es muy simbolcio porque puede que estés en medio de la nada o cerca de la muerte, pero si el amor sucede, sucede, no importa dónde. El amor es muy poderoso y es algo que nos mantiene vivos. Entonces esa escena nos recuerda que el amor es más fuerte que la muerte. Y yo siempre digo que nueve meses después del 11S, hubo un boom de nacimientos en los Estados Unidos, y eso no es más que un reflejo de que las personas, ante una situación de peligro y caos, aman, da igual qué tipo de amor sea.

 

Defínete en una frase

Soñador. Un simple soñador. Quiero una vida simple, la vida que tengo, seguir soñando y seguir cumpliendo sueños.

Un libro

Papilllon, pero porque me abrió el deseo de leer cada vez más.

Una canción

Bohemian Rapshody

Un grupo de música

Queen

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