Emilio Ortiz (Baracaldo, 1974) de profesión escritor y Spock (EE.UU. 2008) de profesión, perro guía y narrador, forman un equipo de lo más particular. Entre ambos existe tal grado de entendimiento que ha provocado una sinergia creativa dando lugar a un fructífero trabajo. Buena prueba de ello son la publicación, en dos años, de tres libros con gran éxito de crítica y público a nivel internacional. Emilio destaca por una pluma ágil, dinámica, sensible y sobre todo diferente de lo escrito hasta ahora. ¿Y donde radica la novedad? En el narrador que aparece en sus libros, su perro guía.
Todo comienza con el lanzamiento de su primer libro, «A través de mis pequeños ojos» Editorial Duomo (2016), donde un perro guía nos cuenta los avatares diarios acompañando a un joven ciego, es decir Mario y Cross. Aquí se habla de amor y de desamor, de triunfos y de caídas, de proyectos y de barreras por saltar en definitiva, de la vida misma. Será por ello que el éxito de la obra ha sido espectacular. Después «La vida con un perro es más feliz” Editorial Planeta (2018). En este ensayo Emilio es incapaz de resistirse a su formación como historiador y de nuevo a través de los ojos de otro perro, nos relata la evolución de los canes a lo largo de los siglos.
En el último lanzamiento “Todo saldrá bien», Editorial Duomo (2019), el escritor da un giro completo en lo escrito hasta ahora y echando mano de Mario y Cross se sumerge en la novela negra. Esta vez nuestros protagonistas abren una agencia de detectives formada por personas con capacidades diferentes, en la que intentarán solucionar un asesinato.

 

Emilio, tú eres un vasco criado en Madrid que pasando por Valencia tuvo una hija y después se estableció en Albacete. ¿No debe ser fácil para un ciego ese periplo por España, aunque supongo que te habrá enriquecido mucho?

Por supuesto. Vivir en Madrid o en otra gran ciudad para un ciego es vital, de hecho muchos jóvenes lo piden como destino a la hora de estudiar o de trabajar. Es una experiencia que un ciego no debe perderse porque es donde está la gente, los movimientos culturales, la marcha y en definitiva la vida con todo su vigor. El hecho de haber pasado por varias ciudades son vivencias que se van acumulando y forman parte de tu día a día, de tu manera de pensar, de cómo formarte como persona y posteriormente como escritor.

Hasta dar el salto al difícil mundo de publicar, eras vendedor del cupón y escribías en tus ratos libres. ¿Dan para tanto las horas en la soledad del kiosco?

Hay de todo un poco. Principalmente escribía microrrelatos porque para una novela no es ni el lugar apropiado en cuanto a concentración, ni tampoco tienes el tiempo suficiente para dedicarlo a construir la estructura necesaria. De hecho mi primera novela «A través de mis pequeños ojos» la escribí siendo vendedor de la ONCE y lo hacía de la siguiente manera; me levantaba todos los días a las cuatro de la madrugada, escribía dos o tres horas y después me marchaba a trabajar. Fue duro por el hecho de añadir horas extras a la ardua tarea de la venta y la obligación de los horarios, pero a la vez fue muy bonito porque según iba cerrando la obra y desarrollando los personajes, los iba tomando cariño y disfruté muchísimo durante el año que invertí en escribirla.

«Me gusta trasmitir aunque quizá al escribir uno tiene que volcar sus emociones, no tiene que buscarlas»

 A juzgar por tus escritos, da la impresión de que eres una persona positiva, sencilla, sensible y sobre todo alguien que no se amedrenta ante los obstáculos. ¿Me equivoco?

Me gusta trasmitir aunque quizá al escribir uno tiene que volcar sus emociones, no tiene que buscarlas. Soy bastante espontaneo y creo que los lectores lo agradecen y lo notan.

Aprovechas tus escritos para hacer una crítica social sobre las barreras que la discapacidad se encuentra cada día y no me refiero solo a las arquitectónicas. ¿Son las que tú encuentras?

Sí, y si no son exactamente esas, son equivalentes. Yo nunca he intentado lanzarme al autoempleo pero en otras cuestiones si me encontrado en situaciones parecidas a las de Mario en «A través de mis pequeños ojos» o en «Todo saldrá bien».  De hecho en este último toco el mundo de la discapacidad, no solo con la ceguera sino con una persona sorda, otra que es hemipléjica y todo esto lo pongo en primer plano haciendo ver las barreras tanto físicas como mentales. Algunas más que molestas llegan a ser graciosas porque reflejan determinados ambientes que todavía circulan, aunque afortunadamente cada vez quedan menos en la realidad y lo hacen solo en la ficción.

Lo que sí es cierto es que en el tema laboral hay mucho camino por recorrer y en ello se tienen que implicar instituciones, empresas, los partidos políticos, las organizaciones de la discapacidad y los mismos discapacitados. Este es un tema en el que nadie puede decir «esto no va conmigo» porque aunque lo sufra uno u otro, creo que es algo que afecta al conjunto de la sociedad civil porque somos ciudadanos y ciudadanas de primer orden y de pleno derecho. Tenemos no solo la obligación de contribuir como cualquier otro, sino también el derecho de recibir de esta sociedad todo aquello que necesitemos.

 

¿Cómo fue el proceso desde la autopublicación hasta llegar a la edición tradicional en sellos tan importantes como en los que lo haces ahora?

Comencé mi primera novela para disfrutar, pero evidentemente tenía mis sueños y ganas de publicar. Tuve la suerte de que cada pequeño paso que di, lo hice en la dirección correcta.

Lo envié a 70 editoriales, algunas me dijeron que no y otras ni siquiera me contestaron por ello me lancé al mundo de la auto publicación. Lo distribuí por varias librerías y los lectores hicieron el resto. Me convertí en nº 1 en ventas a la altura de grandes escritores y fue entonces cuando las editoriales se pusieron en contacto conmigo. Para ese momento yo ya había firmado con Duomo y el resultado fue genial. Le dieron un segundo impulso con promoción, distribución y publicidad a nivel nacional y en el extranjero, con países como Italia, Portugal, Turquía, Suecia, Latinoamérica…

En tu libro “La vida con un perro es más feliz” hablas de los conceptos “desnaturalización de la especie” y “antropomorfizar”. ¿Crees que sirven para explicar la simbiosis cada vez más profunda entre perro y humano?

Hablo un poco de lo que hay que hacer y lo que no con un perro. Ellos llevan muchos siglos con nosotros y a veces los humanizamos en exceso. Esto supone alejarles de su propio ser y hay cosas que pueden ser muy perjudiciales para su salud psíquica, física y el referido a la alimentación.

Desnaturalizar es un peligro porque es un animal domesticado y casi doméstico pero no debemos olvidar que son animales instintivos al igual que nosotros. Tanto el perro como el hombre necesitan el contacto con la naturaleza.

Creo que debe ser difícil ponerse en la piel de un perro, es más me atrevo a preguntar ¿es gratificante?

Pues sí. Es difícil llegar a coger el ritmo pero una vez que lo consigues es muy agradable. Estamos cargados con nuestras ideologías, formas de pensar, el entorno, el estado de ánimo, etc. El perro por suerte para él, no lo tiene. Deshacerte de todo eso es una ventaja y muy liberador porque entras en una especie de nirvana que además de ser divertido es menos trabajoso que la realidad con las obligaciones de cada día.

Por último, cuéntanos algo sobre tus futuros proyectos.

En estos momentos estoy totalmente volcado en la promoción de «Todo saldrá bien» por España y con «A través de mis pequeños ojos» por América Latina. En el poco tiempo que me queda estoy tomando apuntes con ideas y todo lo que se me va ocurriendo.

Emilio, suerte. Continúa enseñando y divirtiéndonos a quienes tenemos el placer de leerte.

 

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