A principios del año 2018 “Libros del K.O.” dejó de ser el secreto mejor guardado del mercado editorial español (ese que se cuenta a los amigos, sí, tío, tienes que verlo, han publicado cosas que te encantarán) para convertirse en todo un fenómeno pop. Fue a causa de la “Fariña”. O, más bien, del secuestro que un juez interpuso sobre la obra escrita por Nacho Carretero.  Todo por cierta denuncia que presentada por uno de los (cientos de) tipos que allí aparecían, nombres y apellidos, involucrados en la página más blanca de la historia negra gallega.
El salto a lo mainstream tiene sus pegas, claro. De primeras el acongojo que todo aquel proceso, finalmente bien resuelto, dejó en sus protagonistas. Y es que lo del secuestro de un libro físico tiene un regustillo decimonónico que hace complicado tomárselo en serio, pero las consecuencias fueron durísimas para los implicados (y más que podían haberlo sido). Y, en segundo lugar, cierta opacidad respecto a esa portada ya icónica. “Libros del K.O.” no es solo la editorial de “Fariña” (que no sería poca cosa, ojo), sino que representa mucho más. De primeras, una apuesta casi inédita en el joven panorama cultural en castellano: el reportaje periodístico, el periodismo narrativo, la obra de no ficción. Un género complejo, menos fácil de vender que otros y hasta ahora poco tratado en las mesas de su librería de referencia.
De todo esto nos habla Emilio Mediavilla, que es persona de verbo ágil y risa siempre acechante. Con las ideas claras, con una visión de su oficio bien definida. Y con un montón de cosas por contar.
Ah, ¿saben otra desventaja de que “Libros del K.O.” ya no sean ese grupo indie de antaño? Que resulta más complicado fardar de conocerlos ante cuñados y amigos de cejas enarcadas. Con el gustito que da…

 

 

Empezamos a lo bruto, con una pregunta de mucha actualidad…Libros del K.O. siempre ha huido de la salida fácil…nunca ha optado por sacar libros “prefabricados” de rostros televisivos o periodistas mediáticos. También huye del fenómeno “escritor de Instagram”. ¿Es algo deliberado o es que, sencillamente, no os interesan esos campos?

Por un lado hay que matizar un poco, porque hemos publicado a Quique Peinado y Samantha Villar, que son rostros televisivos (no instagramers), pero en ambos casos se les publicó al margen de esa condición. Quique encajaba, como hincha del Rayo Vallecano, en el concepto “Hooligans ilustrados” y Samanta nos planteó un reportaje sobre la prostitución muy interesante. El tipo de autores que nos gusta son periodistas curtidos en prensa escrita, que no es precisamente una pasarela que atraiga demasiados focos de atención. Piensa que hay firmas que nos gustan y admiramos mucho pero fuera del círculo endogámico no son demasiado conocidos. Se me ocurre, por ejemplo, Enric González, que sería casi anónimo fuera de círculos periodísticos

 

Eso que dices me ha recordado una anécdota persona, cuando caminando por Madrid con unos amigos nos cruzamos a Manuel Jabois. Yo se lo dije a mis colegas, todo emocionado, “ese es Jabois, tíos”, y ellos me miraron con cara de “no tengo ni puta idea de lo que me dices”. Muchas veces pensamos que el ídolo de uno es el de todos.

Claro, es así. Volviendo a la pregunta, sí que no nos interesa publicar autores por su peso mediático o su “famoseo”. No es algo exclusivo nuestro: la mayoría de editoriales se rige por criterios puramente literarios.

 

También ha huido Libros del K.O. de la truculencia y el amarillismo barato. Y mira que era fácil con el trasfondo temático de la editorial. Nuevamente…¿es algo deliberado o una mera casualidad fruto de la falta de interés sobre esos títulos o temas

Es una cosa natural. Cuando publicamos “crónica negra” intentamos huir del amarillismo y hacerlo con respeto. Recuerdo por ejemplo en nuestro “Crónicas de la Mafia”, donde se insiste mucho en desmitificar el glamour cinematográfico de esa organización. El crimen es un gran elemento narrativo y periodístico, pero lo intentamos afrontar de la forma más respetuosa y siempre aportando algo, ya sea de investigación o buscando formas narrativas originales. También es verdad que con “Fariña” hubo gente que nos acusó de mitificar la figura del narco…

 

Esa es, precisamente, una pregunta que quería hacerte más tarde

Si alguien afirma eso, no ha leído el libro. Y si hay camisetas con la cara de Sito Miñanco, no es asunto nuestro, no viene de nosotros, “Fariña” no dice nada que pueda permitir mitificar a los narcos.

 

Yo te lo quería preguntar al hilo del éxito de la serie…si la consideráis como parte del libro o como un artefacto distinto.

Estamos muy contentos con la serie, solo tengo buenas palabras hacia la adaptación. Su trabajo fue fantástico e incluso nos apoyaron mucho cuando el secuestro del libro. Creo que incluye, además, algunas de las mejores escenas de la ficción audiovisual que se hayan rodado en España. Pero es un artefacto totalmente distinto. El libro es un reportaje periodístico y esto es una dramatización. Muy diferente.

 

Muchos de vuestros títulos tienen una carga humorística muy grande, lo que me satisface mucho como lector…¿es deliberado? ¿Tan importante consideráis el humor en la literatura?

Yo creo que sí, es un valor que personalmente aprecio en la vida diaria y en la cultura, claro. Eso sí, no sé hasta qué punto es algo voluntario, o emana de manera natural de la forma de ser de todos los miembros de la editorial. Hay que aclarar, que nadie piense que solo tocamos temas divertidos…

 

Mi pregunta iba precisamente en sentido contrario…es muy fácil meter humor cuando hablamos de Los Payasos de la Tele, pero tiene más mérito hacerlo con temáticas como las vuestras.

Claro, pienso por ejemplo en Potosí, de Ander Izagirre, que es uno de los grandes reportajes periodísticos que se han publicado en España en los últimos años. Un tema espeso, truculento, difícil, trágico…y aun allí hay cuatro pinceladas a lo largo del libro donde el autor saca alguna imagen cómica…de forma natural, respetuosa y eso tiene muchísimo mérito. Lo fácil sería hacer un libro de llantos y golpes en el pecho…hay que ser un gran escritor y tener muy buen ojo para hacer lo contrario sin que parezca frívolo.

“Estamos muy contentos con la serie “Fariña”, solo tengo buenas palabras hacia la adaptación. Su trabajo fue fantástico e incluso nos apoyaron mucho cuando el secuestro del libro”

Siempre os habéis movido dentro del campo del periodismo narrativo…¿nunca has tenido la tentación de publicar alguna cosa diferente? Novela, por ejemplo.

Alguna vez sí, pero cuando ha surgido la posibilidad no hemos tenido unanimidad dentro de la editorial. Además, esa idea llegó en un momento en el cual pensamos que era más inteligente seguir construyendo una marca propia alrededor del “reportaje periodístico” y que habría tiempo en el futuro de volver a ello. Llegará, pero tiene que ser con proyectos muy especiales, con algo que realmente nos enamore. Aunque no manejo un decálogo de características que deba reunir ese título…

 

Esta muy bien que no lo digas porque mañana tendrías un montón de novelas que dicen cumplir ese decálogo en tu bandeja de entrada de correo electrónico.

Cierto, cierto.

 

También habéis publicado obras con un componente más teórico sobre este artefacto que llamamos periodismo narrativo…¿piensas que este género está mal tratado en España?

Una pequeña minoría hemos publicado, sí. Intentando además huir del tono académico clásico. Sobre la pregunta, seguramente el periodismo narrativo en formato libro no tenga tradición fecunda en España, pese a antecedentes como Chaves Nogales (que considero excepciones) o, por ejemplo,el libro sobre Casas Viejas que escribió Ramón J. Sender, que es una invención y siempre se incluye en este estilo del periodismo narrativo sin yo saber muy bien la causa. Sí que es verdad que por parte de algún stablishment cultural (grandes suplementos literarios) sí se mira por encima del hombro a este género, sobre todo el escrito por periodistas jóvenes, y más aun si tratan de temas locales. Tenemos un ejemplo claro que marca muy bien el tono: Fariña no salió en suplementos literarios ni siquiera cuando se secuestró, nadie quiso hablar de esa anomalía que estaba trascendiendo lo literario. Era demasiado vulgar, quizá. La prensa general sí que nos ayudó y respondió, la cultural se limitó a ignorarnos. Se valora mucho más la novela y, dentro de la no ficción, el ensayo. Existen honrosas excepciones, como ABC Cultural, sobre todo cuando lo dirigía Alfonso Armada, eso sí. Y por parte de librerías sí que hay (y esto no es una crítica, ¿eh?) cierto gusto por la venta “literaria”, y el periodismo narrativo se queda en un espacio un poco indefinido. Por cierto, que a mí me aburre un poco el apellido “narrativo” en “periodismo narrativo”…yo lo dejaría en “no ficción” o “no ficción periodística”. Y eso es un género un poco difícil de catalogar, de explicar y, en suma, de vender.

 

Quizá hoy en día tendemos a etiquetar, a meter cosas muy diferentes en el mismo pack, ¿no?

Claro, yo pienso por ejemplo en Plá. Es maravilloso, me gusta mucho, pero no es lo que yo entiendo por “periodismo narrativo”. O Camba. A mí me encanta Camba, me alucina, pero es otra cosa. Camba se va a Alemania y escribe, con mirada traviesa y con todas las licencias del mundo, lo que ve allí, pero no es periodismo narrativo. Es otro género: columna, parodia, boutade, sketch… Son escritores fantásticos y finísimos, elegantes, inteligentes…pero les faltan elementos para ser periodismo narrativo: reporterismo, documentación, consulta obsesiva de fuentes. Porque periodismo narrativo no es solo “escribir con metáforas”. Es tiempo, extensión, estructura, ritmo y una atención a los detalles que trascienden el artículo de prensa diaria.

“Fariña no salió en suplementos literarios ni siquiera cuando se secuestró, nadie quiso hablar de esa anomalía que estaba trascendiendo lo literario. Era demasiado vulgar, quizá”

¿Crees que la aparición de diferentes publicaciones (en papel y digitales) con un marcado carácter cultural ha arrojado más calidad al periodismo narrativo en España? ¿O al final la media es similar, y lo único que cambia es que somos más los que escribimos?

(Reflexiona) Creo que la irrupción de nuevas revistas propicia que periodistas jóvenes puedan publicar piezas no sé si decir más atrevidas, o más irreverentes, menos convencionales, de las que podrían salir en el sistema de medios tradicionales. Es ampliar el escaparate y cuanto más grande sea podremos ver más cosas y descubrir temas y autores nuevos.

 

¿Ves alguna diferencia entre el periodismo narrativo y la (tan manida en la actualidad) escritura de no ficción? Pienso en el contraste entre uno de vuestros libros, por ejemplo, y otros bastante conocidos en los últimos tiempos.

Claro, en muchos de estos títulos, que se ajustan perfectamente a mis gustos como lector, me faltan algunos elementos periodísticos…trabajo de campo, reporterismo, etcétera. Creo que tienden más al ensayo, a jugar con filias y fobias culturales y literarias. Y esto lo digo como elogio, no como crítica. Pero si hay que etiquetar no lo llamaría “periodismo narrativo”.

 

A veces te he escuchado elogiando mucho a “La banda que escribía torcido”. A mí es un libro que me encantó, y que tiene, además, un doble componente teórico-práctico muy interesante. ¿Es eso lo que buscáis en la editorial, algo parecido a lo que ocurrió con el Nuevo Periodismo? ¿O hablamos de un movimiento obsoleto?

Tiene un punto irrepetible, porque el Nuevo Periodismo es hijo directo del momento de ebullición de Estados Unidos en esos instantes (una ebullición social, cultural, política) y viene apoyado además (una de las claves, a veces olvidada) por una estructura periodística de bonanza, con revistas que poseen medios para apostar por reportajes de elaboración extensa y muy bien pagados. Es algo maravilloso, y muy irrepetible…años que no van a volver. Sí creo que lo que hacemos nosotros en Libros del KO es más convencional, no llega a algunos de los excesos y locuras (para bien y para mal) que tuvo el Nuevo Periodismo.

 

Excesos que seguramente no fuesen igual entendidos hoy en día.

Claro, no siempre es necesario. No entiendo esta obligatoriedad de irreverencia, de escandalizar, romper con los moldes, jugar con las onomatopeyas como Wolfe… pero eso ya se hizo, lo hizo él y me encanta, pero si lo hago ahora, si me llega ahora de la mano de un autor…seguramente no lo vea claro. Lo que sí creo es que la gran enseñanza que debemos sacar del Nuevo Periodismo es “ambición y audacia”…mi sueño sería guiar parte de nuestro catálogo por ese Nuevo Periodismo…pero es complicado

 

Ambición, audacia y pérdida de prejuicio, ¿no?…nuestros artefactos literarios son los mismos que los de la novela…la única diferencia es que contamos algo que ha pasado realmente.

Claro, Wolfe habla en el prólogo de “El Nuevo Periodismo” sobre eso, señalando el cliché del escritor yanqui que escribe periodismo antes de meterse con el proyecto de su vida: la gran novela americana. Y Wolfe dice que esa gran novela no la cuenta la ficción, sino la realidad. Ese “click” es fantástico. 

“Para mí Tom Wolfe sigue siendo un referente histórico en esto del periodismo narrativo; es una auténtica fuente de goce, de disfrute y de inspiración…. Sus últimos años no fueron tan brillantes, pero en su mejor momento me hizo muy feliz como lector”

Además, la gran novela americana ya está escrita, en forma de canciones…es la discografía de Bob Dylan…

Pues sí, es otra forma de verlo.

 

Al hilo de la pregunta anterior…un referente histórico en esto del periodismo narrativo…

(Se lo piensa) Voy a tirar al primero que viene a la cabeza, y que para mí sigue siendo una auténtica fuente de goce, de disfrute y de inspiración…Tom Wolfe. Sus últimos años no fueron tan brillantes, pero en su mejor momento me hizo muy feliz como lector.

 

Estilísticamente es la cima, creo…hay otros que pueden contar historias más interesantes pero…

Sí, pero es que con Wolfe muchas veces estamos tan inmersos en la forma que se nos olvida que lo que hay detrás de la misma es un trabajo de reporterismo y documentación brutal…que es algo que se suele obviar cuando hablamos del Nuevo Periodismo. Nos centramos más en la literatura, los artificios, y dejamos de lado la labor de documentación y de campo que conlleva, hablando con todo el mundo, repitiendo entrevistas varias veces, cambiando el sitio…y eso lo hace Tom Wolfe.

 

El problema es que a Wolfe (y a varios del nuevo periodismo) los “Pacumbralizamos”…y Paco Umbral que era un tipo que escribía cosas magníficas pero eso…sus “cosas”, sentadito en el bar de debajo de su casa

Sí, es verdad, hay una larga tradición de escritores españoles que escriben maravillosamente, pero son escritores de ocurrencias. Eso es un género, y no pasa nada…para hacerlo tienes que tener un trasfondo cultural, una ironía y un ojo particular…pero es otra cosa. No voy a entrar más allá…a mí me gustan todos. Pero es diferente, no se van a Nueva York con una libreta a patear y preguntar.

 

Ellos se quedarían en el bar del hotel, hablando con el camarero

Eso, claro, hacen naturalismo, retratos, costumbrismo. Y lo hacen de maravilla.

 

Un escritor al que te gustaría publicar en el futuro…Me sirve también un rescate del olvido

(Duda, piensa) Carlos Manuel Álvarez, un periodista cubano formidable (lean La Tribu, publicada por Sexto Piso) y Cristina Morales, tal vez el talento más puro y bestia del momento.

 

No tienes límite presupuestario…puedes contratar a quien quieras

Mira, me acaba de venir a la cabeza alguien que hace periodismo narrativo pero nadie lo catalogaría de “Nuevo Periodismo” por su estilo, que es David Remnick. “La Tumba de Lenin” me parece un libro muy ambicioso, muy contenido, pero mayúsculo a nivel reporteril. Habla con todos y cuenta perfectamente un momento muy complicado. Sin recurrir a fuegos artificiales, consigue deslumbrarte también en lo estilístico.

“El nombre de “libros del K.O.” viene de una portada de George Lois, que era el portadista de Esquire en la época dorada del Nuevo Periodismo, cuando esa revista era uno de los pilares del movimiento”

En ocasiones Libros del K.O. se ha adelantado a lo que después fueron tendencias literarias. Estoy pensando por ejemplo en la “moda” del reportaje rural o el estudio sobre las mujeres en el campo, que vosotros afrontasteis hace ya años en un maravilloso libro de Virginia Mendoza (una obra que me parece buenísima, con una sensibilidad brutal)…¿qué se siente en esos momentos, al ver que la editorial llegó quizá un poco pronto?

En realidad no piensas nada, confías en que el libro se suba en la nueva ola. No te lamentas de que haya salido antes ni piensas en el “orden de llegada”.

 

Una pregunta que a veces os incomoda a los editores… tienes algunas piezas breves publicadas aquí y allá… ¿nunca has pensado lanzarte tú mismo a escribir algo más extenso? ¿Saldría en Libros del K.O.?

Sí, claro, uno ha sido periodista antes que editor, sí que me gustaría hacer algo así. Y sobre sacarlo en Libros del KO… no tendría ningún problema, es una opción. Además así podría controlar todo el proceso, y si va bien el libro económicamente me es más rentable, evitando que un malvado editor me estafe (risas)

 

Una última pregunta…¿por qué Libros del K.O.?

Por una portada de George Lois, que era el portadista de Esquire en la época dorada del Nuevo Periodismo, cuando esa revista era uno de los pilares del movimiento. No solo por el contenido, sino también por la audacia en el diseño, sobre todo el diseño de las cubiertas. Cuando estábamos pensando el nombre de la editorial yo tenía un libro de Lois en las manos, y pasando las páginas llegué a una imagen que reproducía la portada de Esquire sobre el combate de boxeo entre Sonny Liston y Floyd Patterson (corresponde al número de octubre del año 1962). Es una visión de un boxeador noqueado en el suelo. Cuando vi esa imagen me vino a la cabeza la idea del “KO”…un concepto poderoso, en el que puedes encontrar toda el relato que quieras sobre la derrota, la lucha contra las adversidades… Construcciones posteriores, aclaro, el origen está en esa foto, y realmente el concepto “KO” pensamos que podía venirle bien a la editorial como nombre.

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