IFotografías Alex Roló y Felipe Hernandez Durán

Habla, escribe y lucha por el derecho que las mujeres tienen de hacer las cosas tan mal como los hombres. La igualdad también se mide por abajo. El feminismo es un movimiento, una nueva manera de mirar el mundo a través de los ojos de ellas y de ellos. “Necesitamos a los hombres a nuestro lado”, nos dice Clara Serra, licenciada en Filosofía, política feminista, portavoz de Podemos en la Asamblea de Madrid y autora del Manual ultravioleta, publicado por Ediciones B, del grupo editorial Penguin Random House. Un libro pedagógico y accesible en el que los lectores van encontrar las aclaraciones pendientes del feminismo.

 

–¿Él te ayuda en casa?– le pregunta una mujer a su amiga.

El feminismo es la gran revolución del siglo XXI, un proyecto de transformación para todas y todos en el que el lenguaje que empleamos dice mucho de cómo somos. Ayudar ayudas a un amigo que se mueve en zigzag de la barra de un bar al cuarto de baño, repartirse las tareas domésticas tiene que ser la norma. Como regalar diccionarios el día de Reyes. Aunque, precisamente, los académicos de la lengua no son unos incondicionales de algunos postulados feministas, como es el caso del lenguaje inclusivo. Esta manera de hablar nombra a las mujeres y comunica una nueva realidad en la que hay juezas, médicas, científicas, jugadoras de diferentes modalidades deportivas y ejecutivas. Enfermeras, limpiadoras, dependientas, peluqueras, cuidadoras y amas de casas ya sabíamos de su existencia. Igual que conocemos el sinónimo de mujer pública, mujer de la calle, cortesana, fulana, zorra, perra y golfa: prostituta. Lo que no sabemos, no por falta de estudios, será por masters en este país, es que el machismo está enquistado en nuestra sociedad, legitimado por una filosofía y una ciencia hecha por y para los hombres.

Erradicar el machismo es más difícil que lidiar con las peleas de gallos en las que se ha convertido el corral de Podemos. Clara Serra nos recibe el mismo día que nos enteramos que su compañero de partido, Íñigo Errejón, ha comunicado que se une a Manuela Carmena de cara a las próximas elecciones (hoy Clara Serra es la segunda de Íñigo Errejón). Mientras la agrupación morada se desmantela a base de despedidas a la francesa la entrevistada aparca su teléfono móvil y responde a nuestras preguntas.

 

Los hombres tienen miedo de que las mujeres se rían de ellos. Las mujeres tienen miedo de que los hombres las maten.

 Según un estudio estadounidense es verdad. Esa frase es reveladora de la profunda desigualdad que existe en el mundo en el que vivimos. Son dos miedos muy distintos.

 

Nacer mujer es sinónimo de peligro de muerte. ¿Por qué nos cuesta tanto reconocer el machismo y la violencia derivada de él que hay a nuestro alrededor?

Todo aquel que tiende a trasladar el problema de la desigualdad a otros países, a otras culturas o a otras épocas, en realidad está haciendo lo que ha hecho toda sociedad para no enfrentarse a lo más difícil que es mirarse al espejo y reconocer sus propias injusticias. La violencia contra las mujeres es la forma más extrema de desigualdad o la que la revela de manera más cruda, existe en todos los países del mundo. Hoy en día, en el siglo XXI, se agrede y se mata a las mujeres por el hecho de ser mujeres. Me parece un revelador muy preocupante de un problema muy insidioso que sigue existiendo, que viene de muy lejos y que ninguna cultura ha superado.

“La violencia contra las mujeres es la forma más extrema de desigualdad o la que la revela de manera más cruda, existe en todos los países del mundo”

¿Qué importancia tiene el lenguaje en la lucha feminista?

Mucha. Conceptualizar es politizar. La elección de los términos con los cuales hablamos de la realidad permite o la visibiliza más o menos. Prefiero decir violencia machista (en vez de género) porque me parece que saca a la luz la raíz del problema. Violencia de género es un término que se ha usado durante mucho tiempo, sobre todo por el Partido Socialista y con el cual se han hecho leyes que han supuesto un avance muy significativo y, sin embargo, creo que violencia machista permite iluminar muchas más cosas que suelen pasar desapercibidas. Violencia de género es una elección política.

 

¿Qué significa que en español existan tantas palabras para referirse a prostituta?

Eso dice que el español y, sobre todo, los españoles y las españolas, llamamos mucho a las mujeres prostitutas. Por eso en nuestra lengua existen tantos términos con los cuales llamar de forma peyorativa a las mujeres o identificarlas con las prostitutas. Me parece un buen ejemplo para poner de relieve que las lenguas son testigos y manifiestan la desigualdad de sus propias sociedades. Igual que el lenguaje es un revelador de la sociedad, también es un lugar desde donde hacer política y transformar la sociedad. Por tanto, el lenguaje inclusivo tiene un uso político muy interesante. A través del lenguaje también se puede hacer política. Creo que es uno de los espacios en los que debemos hacer política feminista.

¿Por qué es necesario el lenguaje inclusivo?

El lenguaje no solo es un revelador de las sociedades, de su sentido común y creencias, sino también es una puerta abierta a la realidad con la cual miramos a algunas cosas y las vemos y otras no. Es decir, el lenguaje también es una manera de construir el mundo. En ese sentido creo que es muy importante que impugnemos el mundo y sus desigualdades también reparando en el lenguaje. Ciertas intervenciones políticas tienen que ver con violentar el sentido común y, por tanto, violentar el lenguaje. El lenguaje inclusivo, a veces, hace eso, nombra en femenino o masculino aquello que permanece oculto o invisible si no hacemos una violencia con respecto al modo de hablar habitual. Es muy curioso hasta que punto el lenguaje  inclusivo o que rompe alguna de las reglas del habla tradicional es capaz de irritar tanto a tanta gente. Toca una fibra sensible. El lenguaje está muy profundamente relacionado con la manera con la que vivimos el mundo y lo miramos. Por eso es políticamente tan relevante el lenguaje.

  

¿Quién es más reacio al lenguaje inclusivo, los académicos de la RAE o la sociedad?

Últimamente los académicos de la RAE demuestran estar por detrás de la sociedad. Diría que son de los más irritados con estas cuestiones (ríe). Más que testigos de la evolución de la lengua los académicos están siendo los defensores de que la lengua se mantenga por detrás de los usos que le da la sociedad. La RAE, muchas veces, ha sido una institución profundamente conservadora, de usos machistas que empiezan a cambiar. Creo que hay otras instituciones que reflexionan sobre el uso de la lengua, como la Fundéu, que tienen otra manera de acercarse al lenguaje y a la cuestión de la igualdad en el lenguaje. Los académicos de la lengua me parecen una parte de la sociedad que van a rebufo de los cambios que estamos haciendo. Lo que ellos hacen es una intervención política. Me parece que tienen un conservadurismo exacerbado, se niegan, se resisten a reconocer cambios que ya están sucediendo en la sociedad.

  

¿No es peligroso que la violencia machista haya pasado de ignorada a normalizada por la sociedad?

Es peligroso si la manera que tienen los medios de comunicación de tratar este tema tiende a la normalización. Cuando tratamos los casos de violencia machista como un suceso que se repite y que ya forma parte de nuestra normalidad. Creo que la tarea de los medios es contar esto como un fenómeno político. El otro día, hablando con periodistas, nos comentaban que es un problema compartido por parte de las instituciones cómo abordamos este tema. Por ejemplo, qué tipo de datos e informaciones dan las instituciones a los medios. Creo que necesitamos instituciones que tengan una mirada sobre este asunto diferente a la que suelen tener y medios de comunicación que quieran contar, investigar a qué se debe esto. Por ejemplo, que nos digan no solo “ha muerto un mujer más”, si no cuáles pueden ser las causas de este problema, qué lo agrava y qué políticas sirven para enfrentarlo mejor. Este tipo de acercamiento al problema de la violencia machista no solemos verlo. En cambio, lo que sí vemos es un suceso más que ha pasado, contado como cualquier otro: una mujer asesinada en un lugar, donde hablan sus vecinos, etc. Un enfoque diferente sería tratar de explicar las causas y, sobre todo, las soluciones.

“Es muy curioso hasta que punto el lenguaje inclusivo o que rompe alguna de las reglas del habla tradicional es capaz de irritar tanto a tanta gente. Toca una fibra sensible”

Es parecido a lo que ocurre a la hora de informar sobre los temas relacionados con la prostitución, los medios nunca hablan del cliente.

Tampoco se hace un análisis sobre qué tipo de cosas hay en nuestra sociedad que pueden invitar más o menos a los hombres a reflexionar sobre esto. Solo hablamos de un suceso. Tendríamos que pensar qué tipo de educación estamos dando a los chicos y a las chicas en los institutos, qué tipo de videojuegos consumen los chavales adolescentes y hasta que punto hay violencia machista en esos productos culturales a través de los cuales miran el mundo. Ese tipo de preguntas, que parece que siempre están pendientes, tienen que aparecer en los medios a la hora de afrontar el problema.

 Es curioso que la sociedad vaya evolucionando tomando conciencia sobre el problema de la desigualdad, la violencia machista y, sin embargo, sigamos teniendo espacios, como los centros escolares e institutos donde sigue habiendo muchísimo machismo. A edades muy tempranas se empieza ver un control de las chicas por parte de sus parejas masculinas.

 

¿Y esas chicas jóvenes no se rebelan contra ese control masculino?

Veo una generación de chicas jóvenes bastante empoderadas y despiertas. Creo que ha cambiado mucho la percepción sobre la libertad sexual, ahora en los institutos hay otras maneras de relacionarse de los chicos y las chicas, en todo esto influye mucho el feminismo, suele ir de la mano. Una de las cosas que me sorprendió de la movilización del pasado 8 de marzo (de 2018 contra la desigualdad de género) fue la cantidad de chicas jóvenes feministas que hubo. Sigue habiendo preguntas incómodas sobre cuáles son los mecanismos de nuestra sociedad que siguen reproduciendo el machismo. Siempre hablamos de la educación, ésta no es solo la que se enseña en un aula, con un maestro y un libro de texto. Un videojuego, una canción, también educan. Frente a una clase de un profesor de dos horas a la semana, ¿cuánto hace un videojuego al que se le dedican seis horas al día los chavales? Creo que debería haber mucha intervención feminista en los espacios culturales. Es decir, tendría que haber mucho interés por parte de las instituciones en poner medios para que las mujeres hagan videojuegos y las feministas también. Un videojuego no es incompatible con el feminismo. Deberíamos hacer porque haya mujeres desarrollando productos culturales.

  

La policía, los jueces y las juezas, los médicos y las médicas, ¿están dotados de herramientas de formación para atender a las mujeres que sufren violencia machista?

Nuestras instituciones y profesionales tienen una deficiente formación al respecto. El poder judicial, en concreto, tiene que abordar la violencia machista a través de una especialización. La violencia machista tiene que ser tratada por una justica especializada. Esto es algo que ya dijimos hace mucho, en la Ley de Violencia de Género del año 2004, sin embargo, es una de esas cosas que se ha quedado sin hacer, incluso hemos retrocedido, por los recortes a partir de 2008 con la crisis. Una de esas cosas que se han quedado por el camino ha sido la formación de determinados profesionales. En el caso de los operadores jurídicos es imprescindibles porque la violencia machista necesita ser entendida. Es una violencia que tiene sus propias causas, maneras de prevenirlas, de identificarlas y de combatirla. El caso de “La manada” es uno de los que ha puesto de relieve que la violencia machista tiene que ser tratada por una justicia especializada. La víctima de ese caso no fue entendida como una víctima de violencia machista porque, a día de hoy, la violencia sexual no se considera violencia machista, si no que se circunscribe al ámbito de la pareja y expareja, quedando desatendida y en una especie de lugar de nadie muchas mujeres, como la víctima de “La manada” y Laura Luelmo. Para mí y muchísimas feministas estas dos chicas son víctimas de violencia machista, luego tienen que tener una justicia que entienda eso. Si no es así tenemos una justicia ciega que reproduce los estereotipos y el machismo en vez de contrarrestarlos. Todo esto se traduce en sentencias injustas.

  

Dentro de un partido político, en este caso Podemos, ¿los temas feministas siempre se dejan para después? 

No porque nosotras peleamos mucho para que no se así (ríe). El feminismo es una prioridad hoy en día, y creo que lo es en el año 2019 mucho más de lo que lo era en el 2014, no solo en Podemos. Las mujeres feministas hemos conseguido que sea un tema central, no es un mérito que se deba repartir por igual. Todo esto ha sido el resultado de muchas luchas, también dentro de los propios partidos, para que el feminismo no sea un asunto marginal, si no de primer orden.  Ha costado, pero lo hemos conseguido.

“El poder judicial tiene que abordar la violencia machista a través de una especialización. La violencia machista tiene que ser tratada por una justica especializada”

¿Si un partido político tiene otras prioridades es porque la sociedad considera que hay otros problemas más importantes que solucionar?

Sí, eso ha pasado siempre. “Nos ocuparemos de esto más adelante, primero hay que hacer la revolución y después ya nos ocuparemos de la igualdad entre hombres y mujeres”, es una canción que las mujeres hemos escuchado siempre. Creo que lo que está pasando en este momento político es que el feminismo se está demostrando no como una cuestión sectorial, que tiene que ver solo con las mujeres, y que iría como en una lista de deberes: hay que atender a los mayores, a los pensionistas, a los jóvenes y, luego, a las mujeres, sino que el feminismo se está revelando como un tablero desde el cual hacer política y abordar asuntos universales: defensa de los servicios públicos, la crítica a las privatizaciones, al desmantelamiento del estado del bienestar, se hace de manera especialmente fructífera y eficaz desde el feminismo. Luego, no es un asunto por y para mujeres, sino que es una manera de mirar el mundo, reordenar las prioridades de una sociedad desde la cual se puede hacer un replanteamiento de muchas de esas prioridades y se pueden abordar muchas luchas: la defensa de la sanidad, de la educación y de las pensiones, por citar unas pocas. Batallas políticas de hoy en día.

 

Fotografías por Alex Roló

¿Para esas batallas políticas el feminismo tiene un plan?

Es difícil hacer una estrategia unitaria desde el feminismo. El feminismo es un movimiento, lo que implica que sea plural, luego eso habla de feminismos, y que no tiene cuerpo doctrinal. En su interior hay muchos debates (como de cara a la manifestación del 8 de marzo), todo eso tiene unas fortalezas: lo hace vivo y capaz de aglutinar muchas diferencias en su interior y establecer alianzas con otros movimientos.

 

¿No tiene la sensación de que el mensaje feminista ni les llega ni lo entienden, precisamente, las mujeres que engrosan los índices de precariedad, exclusión y pobreza?

Este es un problema de la izquierda en general. Creo que la izquierda siempre debe pensar cómo llegar a las mayorías sociales. Al feminismo le toca hacer la misma reflexión: si el feminismo fuera un discurso que solamente llegara a las mujeres ya convencidas sería un fracaso político de este movimiento. La izquierda y las feministas debemos preguntarnos cómo sumar más, cómo hacer feminismo en lugares inesperados, donde, posiblemente, estén las mujeres que más han sufrido los efectos de la desigualdad, de los recortes, de la crisis, y que necesitan que hagamos feminismo para ellas. Si no hacemos un feminismo que entienda hasta la última mujer de nuestro país, en Podemos poníamos el ejemplo de nuestras abuelas, está mal.

 

Además de a las abuelas, ¿a quién echa en falta en el feminismo?

En el feminismo deben de estar todas las mujeres: abuelas, madres, las que abandonaron sus trabajos y son amas de casa, las trabajadoras precarias que realizan labores de cuidado de otras personas, las mujeres emigrantes, las mujeres transexuales (quienes sufren varias descriminaciones), muchas de ellas son las que más difícil lo tienen para estar en espacios militantes. Somos nosotras las que tenemos que ir a buscarlas a ellas.

 

 ¿Qué tiene de especial para el feminismo este momento histórico?

La clave internacional. Si miramos el panorama europeo, norteamericano y de algunos países de Latinoamérica (Chile, Argentina y Brasil), como signo de nuestro tiempo hay un movimiento feminista y una organización de las mujeres que está plantando cara a alguno de los proyectos más peligrosos, reaccionarios y de ultraderecha, que a su vez también son otro signo de nuestro tiempo. Me parece importante que nos preguntemos hasta qué punto el feminismo es, no solo el posible muro de contención de esos proyectos reaccionarios, sino sobre todo la alternativa. ¿El feminismo es una alternativa posible para proyectos progresistas? Yo creo que sí. Hay que trabajar por un feminismo que responda a las principales cuestiones y retos del presente. Esos proyectos reaccionarios tienen que ver con el fracaso de las políticas neoliberales, que han dejado a la gente sin certezas, sumida en muchas incertidumbres y, que a veces, se trata de solucionar por la vía rápida, con un proyecto que promete orden, señalando a chivos expiatorios: a los de abajo, a los migrantes, a las mujeres. El feminismo, para que tenga futuro en la construcción como alternativa política, tiene que responder a esto, a la construcción de un mundo con certezas y seguridades para la mayoría de la población.

 

¿Cómo se puede vivir al margen del patriarcado?

 No es tanto vivir al margen, que no es posible, sino hacerse la permanente pregunta de cómo reconstruir o recomponer muchas de nuestras instituciones culturales. En mi libro a través de mitos y cuentos trato de mostrar lo profundamente arraigado que está el patriarcado, la desigualdad en nuestra cultura, desde hace milenios.

 “¿El feminismo es una alternativa posible para proyectos progresistas? Yo creo que sí. Hay que trabajar por un feminismo que responda a las principales cuestiones y retos del presente”

Y los hombres ¿no están cansados de esa masculinidad competitiva y violenta de la que tienen que hacer gala para ser aceptados?

 En mi libro hay un capítulo en el que explico que el patriarcado me parece también un sistema jerárquico entre varones, esto no es una tesis mía, lo ha defendido Kate Millett, Celia Amorós, creo que implica una batalla entre los propios hombres y una constante disputa por la jerarquía y por quién es el jefe. Creo que eso debería llevar a muchos más hombres de lo que ya lo hace a preguntarse si realmente esta es la mejor manera de vivir la masculinidad. Muchos chavales cuando van aprendiendo en qué consiste eso de ser hombre tienen que aprender que consiste en imponerse a los demás, humillar a los débiles, presumir de usar a las mujeres y al tiempo diferenciarse de ellas, ridiculizar a los chicos gais, ¿esta masculinidad es satisfactoria para los hombres o hay otra en la que los hombres pueden sentirse más libres y felices? Pregunta que les toca sobre todo a ellos responder. Sí creo que en estos momentos hay un replanteamiento de la masculinidad y esa batalla es potentísima para hacer frente al neomachismo y a la reacción machista que algunos hombres están planteando contra las feministas. Es decir, necesitamos a los hombres a nuestro lado haciendo ese trabajo.

 

¿Por qué el patriarcado ve a las mujeres como un colectivo y no como a personas individuales?

 Es la manera de desproveer a las mujeres de su subjetividad. Es su manera de convertirnos en objetos y no en sujetos. Para el patriarcado todas las mujeres somos iguales, en el libro escribo que Celia Amorós dice que “el patriarcado nos trata como idénticas”. Precisamente ese identidad artificial construida por el patriarcado sobre las mujeres: “todas sois iguales”, es en realidad lo que perpetúa la desigualdad. A diferencia de esa identidad femenina en la que siempre se nos subsume, los iguales son los que se permiten, a su vez, ser diferentes. Es como si los hombres pudiesen ser diferentes unos de otros, pero en el ámbito de la igualdad. Las mujeres cuando peleamos porque se nos trate como iguales, en realidad también estamos defendiendo nuestro derecho a ser diferentes unas de otras. Esto es una respuesta a todos esos neomachismo que acusan de querer una especie de colectivismo entre las mujeres. No hay nada que nos colectiviza más que el patriarcado.

 

¿Qué efectos tendría la feminización de la política?

La llegada de más mujeres al poder y al espacio público. No tienen que llegar ni una ni dos, debe ser en tromba, no como si fueran unas intrusas, que inunden las instituciones. A su vez, esa llegada de mujeres debe implicar la transformación de la política, es decir de las prioridades y de los asuntos que trata. También implicaría la politización de algunos asuntos que habían quedado en el ámbito privado, como por ejemplo el de los cuidados. Una de las consecuencias de que las mujeres no estén en el espacio público es que los cuidados (de otras personas) no está en los asuntos que se debaten en un parlamento. Diría que con la llegada de mujeres el verdadero efecto transformador de fondo que tiene que implicar eso es la politización de los cuidados y por tanto que ese tema sea un asunto de mujeres y hombres.

 

¿Cuándo se van a enterar algunos hombres que las mujeres tienen derecho a hacer las cosas igual de mal que ellos?

Es una de las reivindicaciones que, aunque parezca paradójica, conlleva el feminismo. Parece que las mujeres tenemos que ser virtuosas para ganarnos el derecho de estar en determinados espacios. Si lo hacemos mal somos más penalizadas que los hombres. El feminismo viene a decir no que las mujeres lo hagan todo bien o  sean más buenas que los hombres moralmente, sino que somos capaces de hacer las mismas cosas y también de cometer los mismos errores y deberíamos ser juzgadas en igualdad con los hombres, tanto cuando lo hacemos bien como cuando lo hacemos mal.

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